Debate navideño: los ricos, ¿crean puestos de trabajo?

Me sugiere Carlos Hernanz que eche un vistazo a los dos artículos publicados por Henry Blodget en Business Insider defendiendo la siguiente tesis: los ricos, entendidos

Me sugiere Carlos Hernanz que eche un vistazo a los dos artículos publicados por Henry Blodget en Business Insider defendiendo la siguiente tesis: los ricos, entendidos no en el demagógico sentido nacional sino como emprendedores y/o inventores, no crean puestos de trabajo, por más incentivo fiscal o regulatorio que se les dé (ver aquí y aquí).

Empecemos por el final. Para validar esta última derivada, que se incardina en el debate en Estados Unidos sobre los cambios a aplicar en la tributación del 1% de sus ciudadanos más acaudalados, el autor acude a este gráfico que, a su juicio, prueba que ni siquiera hay una relación causa-efecto entre impuestos y espíritu empresarial: a lo largo de los últimos cien años, este se ha construido en aquel país sobre tipos históricamente confiscatorios lo que no ha impedido que surgieran algunos de los mayores conglomerados a nivel mundial. Para él, no hay caso. (Nota: Y es verdad pero la imposibilidad de saber cuántos proyectos se frustraron de origen o por el camino precisamente por esa realidad es lo que resta validez a una comparativa sesgada, por definición).

Image: National Taxpayers Union

Más interesante resulta la cuestión de fondo que subyace a su planteamiento: ¿quién genera riqueza en la sociedad? Para el antiguo analista de Wall Street no hay duda: la clase media, aquella que con su consumo permite que los bienes o servicios surgidos de la mente de tales empresarios generen empleo para la sociedad y riqueza a sus creadores. De ahí que sea fundamental preservar su amplitud y bienestar. El reciente aumento de las desigualdades sociales es, desde este punto de vista, una amenaza para el mundo desarrollado. Sin las compras de esta masa de ciudadanos, no hay firma que aguante. Por tanto es fundamental asegurar su supervivencia, proceso en el que juega un papel esencial la redistribución de la renta por medio de la fiscalidad.

Aun reconociendo el indispensable papel de la clase media en cualquier economía, el análisis resulta, en mi opinión, demasiado simplista. Por múltiples razones. Destacaré tres (insisto, hablamos de rico como emprendedor activo no como heredero ocioso).

  1. Olvida cuál es el origen de la clase media en términos estrictamente económicos, fenómeno ligado a procesos de liberalización de los factores de producción y emprendimiento, así como a fenómenos de industrialización que abarataron costes, mejoraron salarios y permitieron el desarrollo del comercio y los servicios auxiliares. Es la iniciativa de determinados individuos la que primero permite crear empleo y no al revés.
  2. Olvida que hay innovaciones que se convierten en paradigmas, descubrimientos que impiden a la sociedad reconocerse en su estado inmediatamente anterior, caso de la luz o internet. Se incorporan a nuestras vidas de modo casi automático y crean un nuevo universo de oportunidades que se traducen en milis o millones de puestos de trabajo. Sus fundadores mueren en la miseria las más de las veces. También hay ocasiones que un dispositivo, por ejemplo el iPhone tan discutido por el autor, sirve para acelerar un proceso, léase movilidad. El impacto directo puede ser menor en términos de compromisos laborales, pero el indirecto es bestial tanto en producción como en I+D. Puede ocurrir igualmente que la idea de una persona sitúe un negocio maduro en una nueva dimensión, aumentando la renta disponible del consumidor y abriendo nuevos horizontes laborales, como ocurre con las manidas Inditex y Mercadona. Sin chispa humana, no avanzaríamos. Generalizar sobre esta materia parece aventurado.
  3. Presupone que el reparto de la riqueza por parte de la Administración es eficiente cuando ha quedado sobradamente demostrado que no es así. Es indudable que ha de primar la equidad y la proporcionalidad en la gestión tributaria, principios  en Estados Unidos discutidos por el propio Warren Buffett. Y se ha de evitar que el mayor peso de la carga fiscal recaiga sobre las clases medias, a través de la lucha contra el fraude y la adecuación del estado del bienestar a la realidad de las finanzas públicas. Pero el gran fracaso de la peor socialdemocracia tiene su raíz, precisamente, en la primacía de la iniciativa pública sobre una privada que se acomoda primero y se ve sustituida después, cuando aquella se habría de limitar a fijar un marco de funcionamiento que evite los abusos.

Por tanto, niego la mayor. Sin ingenio y riesgo por parte de una serie de individuos ni existiría clase media ni la sociedad habría evolucionado como lo ha hecho. Sería más útil reflexionar sobre los factores que verdaderamente inciden en ese paro estructural que afecta, cada vez en mayor grado, al mundo desarrollado y que el propio Henry Blodget apunta en su texto: tecnología (la otra cara de la innovación, que  lleva a sustituir personas por procesos) y globalización (mercado único mundial de mano de obra). Dos realidades que han provocado que el natural tránsito de una economía de lugar de producción a centro de innovación y postventa se tenga que acelerar, dejando fuera de juego a naciones, como España, que aún no se han enterado de qué va esta historia. Cuanto antes tomemos conciencia mejor. Porque, si no, o vuelve el proteccionismo o no habrá nada que hacer.

Así de intelectuales comenzamos la semana. Que la disfruten.

 

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