La España regional se troncha con las amenazas de Montoro

Tiene el nuevo Ministro de Hacienda a los consejeros de las Comunidades Autónomas en un sinvivir. Sean o no correligionarios, no les llega la camisa al cuello. Sudores fríos

Autor
Tags
    Tiempo de lectura4 min

    Tiene el nuevo Ministro de Hacienda a los consejeros de las Comunidades Autónomas en un sinvivir. Sean o no correligionarios, no les llega la camisa al cuello. Sudores fríos recorren sus cuerpos y hay hasta quien dice que tendrán que tirar de psicoanalistas, con cargo al erario público, eso sí. Pobrecitos. acuérdense de ellos en sus oraciones nocturnas.

    Resulta que el malvado Cristóbal Montoro les ha amenazado con sanciones si no se ajustan a los límites de déficit por él establecidos. Dios mío, sanciones. ¡Oh!, ¡ah!, miedo, pánico, pavor, que cierren las ventanas no vaya a ser que alguno se tire. Y eso que aún no se sabe cómo se articularán, como tantas otras cosas a día de hoy; cambios en el calendario de pagos y abonos o multas directas son las opciones más comentadas. Lo mismo me da que me da lo mismo. Qué preocupación, cuánta zozobra. Pero... ¿no se fijaron, hombres de dios? La lividez reinaba en la faz de los dirigentes regionales del PP la tarde del miércoles, con el mensaje aún retumbando en sus oídos. Que están al Sálvame y no a lo que hay que estar. Menuda foto de congoja colectiva.

    ¿Trato o truco?

    Vamos anda, que diría aquel. Estamos en España, ñoras y ñores, ese país en el que se demoniza a ex presidentes y ex ministros al tiempo que se les condecora por los servicios prestados. Poco importa que hayan condenado a sus gobernados, con su negligente mal gobierno, a una ruina plurianual. Se premia sin perder tiempo, ipso facto, prioridad en la agenda, no se vayan a olvidar los siguientes cuando les toque a ellos. Zapatero y sus secuaces se van de rositas, muchos de ellos a puestos y con pensiones que les permiten triplicar sus ingresos. Multiplicaron el paro, congelaron salarios y prestaciones, engañaron. Y ahí están. Medallita en la pechera y exentos de cualquier responsabilidad. La negligencia administrativa no tiene consecuencias. De vergüenza.

    Nada hay, por tanto, que temer por ese lado. Ni tampoco por lo que a la ciudadanía respecta, corderos que en el camino al matadero del paro, la expropiación y la miseria han, hemos, preferido callar, mirar hacia otro lado, taparnos la nariz y aceptar absurdamente que más vale lo malo conocido que lo peor por conocer. Esa es la peligrosa deriva en la que ha entrado nuestra democracia. Ande yo caliente... En ayuntamientos, comunidades y demás entes públicos, de uno y otro signo, se ha renovado la confianza a gobernantes estructuralmente corruptos, tal vez porque los electores temían que lo que venía detrás era el expolio directo. En esas hemos estado mientras nos iba bien. Pero ahora hace muuuucho frío... Ya no vale. Mejor dicho, no debería valer pero... 

    Tiene truco, sí.

    Sin castigo administrativo o judicial individualizado, ni coste electoral para su incompetencia -gracias a esa estulticia colectiva que fomenta la propia casta política y que anula la razón, convierte al individuo en rebaño y permite al dirigente incapaz campar a sus anchas- los gobernantes regionales se sienten impunes. Se trochan con y de las amenazas de Montoro. Se las pasan, de hecho, por el forro de sus pantalones. No solo dudan de que al final se cumplan, debido a la ausencia de precedente histórico y al hecho de que las sanciones perjudicarían aún más a los incumplidores, sino que saben que, de mantenerse firme el titular de Hacienda, no les va a afectar ni personal ni profesionalmente. Seremos los que hemos decidido matar la democracia con nuestro voto indiferente, usted y yo, los que pagaremos el pato, como pagamos todos los patos de forma directa o indirecta, impuestos o estado del bienestar. A ellos les da igual, Cristóbal hijo mío, preocupación cero.

    Pero lo podemos solventar con este trato.

    Miren, aquí en el AVE, escribiendo desde el iPad por primera vez esta columna, les propongo una iniciativa popular para ganar en eficacia y dejarnos de monsergas. Que tales medidas se apliquen, la disciplina es fundamental en todos los ámbitos de la vida. Pero ya que se tiene que decidir todavía el castigo a poner al incumplidor, que se haga de la siguiente manera: que sea una cantidad dineraria y que se cobre en forma de retención en el tramo autonómico del IRPF de modo tal que, cuando llegue la nómina, nos caguemos en los muertos de los que han provocado la caída de nuestra renta disponible. Y nos lleve a pensar, de una puñetera vez, en la importancia de nuestras decisiones electorales. Con una condición adicional, la inhabilitación para ejercer cualquier puesto público y anulación de las prebendas derivadas del cargo que tan mal ejercieron, a quienes causaron el incumplimiento. Ya verán que pronto cambia el cuento.

    ¿Cómo lo ven? Se abre el debate. Buen fin de semana a todos.

    Valor Añadido
    Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
    76 comentarios
    Por FechaMejor Valorados
    Mostrar más comentarios