Diez razones por las que, de ser Rajoy, pediría ya el rescate

Un servidor ha sido de los buenistas que creían que un rescate era poco probable para España y que, en caso de producirse, nunca sería mediante

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    Un servidor ha sido de los buenistas que creían que un rescate era poco probable para España y que, en caso de producirse, nunca sería mediante aportaciones directas de liquidez sino a través de fórmulas mixtas, como un sistema de avales de la Eurozona y la colaboración necesaria del BCE. Vaya. Probablemente los peores meses de gestión desde el inicio de la crisis nos han llevado a una situación perfectamente evitable toda vez que, no hay que olvidarlo, cualquier intervención de este tipo nace de una necesidad de financiación que no se puede cubrir, bien porque no hay crecimiento interno, bien porque los prestamistas se han batido en retirada. El cierre de los mercados conduce entonces a que el Estado en cuestión no pueda atender sus obligaciones financieras y/o corrientes y tenga que pedir auxilio, como ya ha hecho nuestro país con su sistema financiero.

    Pues bien, a esta coyuntura conducen, sin duda, factores objetivos, con la estadística arrogándose, los más de los casos, un papel demoledor. Pero no son menos importantes los subjetivos, la percepción por parte de los agentes económicos nacionales o foráneos de que, por muy malita que esté la cosa, tiene solución. Es la famosa ‘confianza’, un intangible cuyas consecuencias, sin embargo, se concretan en un hiperrealismo trágico. Su presencia o ausencia sirve de catalizador para la oscilación al alza o a la baja de la prima de riesgo, al menos por lo que a la evolución del bono español a diez años se refiere. Y es en su generación donde nuestro Gobierno ha fallado de manera absolutamente estrepitosa. De hecho sólo el ‘haré lo que tenga que hacer’ de Mario Draghi, concretado en el programa dado a conocer por el BCE la semana pasada, ha permitido que el diferencial se relaje. 

    No hay ninguna razón de política española que justifique la contracción y, precisamente por eso y en un particular ejercicio de realismo, Rajoy debe dejarse de remilgos y pedir el rescate ya. En su propio beneficio y en el de todos. El 'ahora que la prima ya ha caído...' de la entrevista televisiva de ayer, no vale. Se siente. Podía haber sido el día y se convirtió en un nuevo fiasco y oportunidad perdida ante una audiencia expectante.

    ¿Seguro? Yes, man. Si yo fuera el gran Mariano -así, relajadito tras una Vuelta Ciclista épica, que parece que lo hacen aposta- me aferraría a los siguientes argumentos de interés propio –que de alguna manera deberían ser incluidos en el acuerdo entre las partes- para solicitar formalmente la ayuda que me pide como contraprestación el BCE, el único que a día de hoy puede sacar las castañas del fuego con las inciertas consecuencias que siempre tiene curar un problema de deuda con endeudamiento; a saber:

    1. Poner sobre los hombros de un tercero la responsabilidad de las reformas. Pasar del ‘he hecho todo lo que podía hacer’ a ‘esto es lo que me mandan’ a tres años vista de las siguientes elecciones generales, no parece una mala opción. El resultado es tan potencialmente binario como en la situación actual pero, al menos, el culpable es otro. Y si sale bien, lo mismo hasta le reeligen. Gana verdaderamente tiempo.
    2. Fijar un plan integral, ése que muchos venimos demandando desde hace meses, que marque para bien o para mal un camino por el que España ha de transitar, por duro y tortuoso que sea. Legislar a base de Reales Decretos genera incertidumbre y hurta su esencia a la democracia parlamentaria. Desde ese punto de vista, desgraciadamente, no habría mucha diferencia con la famosa condicionalidad, imposición forzosa, pero se ganaría unidad de acción, con plazos y objetivos. 
    3. Establecer, por tanto, un escenario de juego que facilite el proceso de decisión tanto de nacionales como extranjeros. Evitar, de este modo, la salida acelerada de dinero del país por el temor a lo que está por venir y la desconfianza en un gobierno superado y desesperado y aprobar, además, los mecanismos necesarios para animar la inversión a través de una mejor gestión de los escasos recursos y la oferta de una relativa estabilidad en el marco regulatorio.
    4. Desterrar la procrastinación como estrategia, el ‘si algo tiene mi cliente es tiempo’ que no dudó en afirmar el asesor del Presidente, Pedro Arriola, en la entrevista concedida en su día al diario El Mundo (V.A., El Mariano más cobarde ha traicionado a España, 14-05-2012). España no se lo puede permitir y sus ciudadanos menos. Sustituir los tempos de la política por la decisión propia del gestor dentro de un marco fijado desde fuera. La destrucción creativa obligar a asolar para luego edificar lo que requiere de dosis de determinación y una cierta capacidad de auto inmolación.
    5. Resolver los problemas de comunicación ya que, entonces sí, el único interlocutor válido con responsabilidad cierta sobre la cuestión económica sería Mariano Rajoy, como ocurre en otras naciones ya ‘apoyadas’. Se evitaría de este modo el caos de declaraciones entre los distintos miembros del gabinete, remedo del peor zapaterismo, entre otras cosas, por la fijación de una hoja de ruta poco susceptible de ser objeto de interpretaciones particulares.
    6. Promover una crisis de gobierno que, con la excusa de la necesidad de incorporar perfiles técnicos que implanten las exigencias de los rescatadores, lleve al ejecutivo a profesionales cualificados e independientes, no contaminados por su permanencia secular en coche oficial y dispuestos a tomar las decisiones oportunas sin tener la mente puesta en la siguiente elección (V.A., Hoja de Ruta y Crisis de Gobierno, la única salvación de España, 16-07-2012).
    7. Acometer la reforma definitiva del modelo de estado apelando a que se está a lo dispuesto por una autoridad, en la práctica, superior. En esa redefinición del statu quo que aproveche las bondades del sistema y destruya sus ineficiencias, el campo de batalla pasaría de Gobierno vs Regiones a Europa vs Regiones, liberando al líder del PP, al menos formalmente, de buena parte de la carga de responsabilidad.
    8. Legitimar la corrección de un error de bulto en las proyecciones presupuestarias, muy basadas en una estimación incierta de ingresos que quedará lejos de materializarse y en unas proyecciones de recorte de gasto público a todas luces insuficientes. Efectivamente, se trata de 'no gastar lo que no se tiene', cantinela verbal del gallego que tanto le cuesta llevar a la realidad. El paso del estado del bienestar al estado contra el bienestar que estamos padeciendo se centraría no tanto en el pago sino en la cesación de servicios y dispendios superfluos exigida desde fuera.
    9. Aprovechar la subvención a los costes nacionales de financiación ofrecida por el BCE de la que no han disfrutado otros estados objeto ya de rescate como Grecia o Portugal. Eliminar el sin vivir del impacto sobre los diferenciales del dato concreto, mantener una cierta actividad en el mercado primario, contener los gastos financieros de las emisiones vivas y dejar abierta de este modo la puerta de los mercados al resto de los agentes económicos nacionales.  
    10. Recuperar el liderazgo e intentar dotarse de algo parecido al carisma, a la condición de estadista, alineando los intereses del conjunto de los españoles con sus políticas. España necesita una visión colectiva a la que aferrarse y que ahora apenas reconoce en el horizonte. Ser capaz de recuperar la ilusión colectiva en medio de las dificultades es lo que hace que los personajes llenen páginas de los libros de Historia. ¿Será el caso? Después de la entrevista de ayer...

    Más allá del estigma que conlleva, desde un punto de vista estrictamente político, para Mariano Rajoy gestionar bien las condiciones draconianas que acompañarán cualquier rescate tiene muchas más ventajas que inconvenientes. Por el contrario su constante estrategia de ‘extend and pretend’, tan comentada ahora por los círculos próximos al presidente y aparentemente bendecida por la Canciller Merkel, puede quitar el último atisbo de esperanza que le queda a nuestra querida España, esa España suya, esa España nuestra. Porque escampar, lo que se dice escampar, en un plazo razonable de tiempo, ya les digo yo que como que no. Y aferrarse a lo Zapatero a esa vana esperanza vistos los datos preocupantes que llegan de Alemania (ISM y producción industrial), China (importaciones), Japón (PIB a la mitad de la estimación inicial) o los Estados Unidos (adiós, empleo, adiós) no solo es irresponsable sino casi delictivo. Amén

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