Escandalosas trampas públicas para matar la innovación

Me lo cuenta un amigo, absolutamente desesperado, en su refugio castellano leonés. Ha caído el sol y la lluvia concede una tregua que es aprovechada por
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    Me lo cuenta un amigo, absolutamente desesperado, en su refugio castellano leonés. Ha caído el sol y la lluvia concede una tregua que es aprovechada por la niebla para ocupar su lugar. Apenas se ve a unos metros de la entrada de la casa. Mejor así, afuera hace un frío que pela.  Es hora de resguardarse y de compartir confidencias alrededor de un café.

    Gesticula, cabecea, se mueve nervioso delante y detrás alborotando los cojines del sofá. Tiene en juego cerca de dos millones de euros percibidos en los últimos años de la administración para un proyecto de I+D donde él aporta las soluciones tecnológicas. De su mano, varios socios industriales y alguna que otra institución universitaria. El trabajo va en tiempo y forma, cumple con los objetivos previstos y está entrando en la necesaria fase de maduración que determinará su éxito o su fracaso. Frenarse ahora supondría tirar por la basura tiempo y, sobre todo, dinero tanto público como privado.

    Sin embargo, uno de los miembros del consorcio ha cometido el pecado de suspender pagos, algo del todo frecuente en la España de nuestros días. Tal y como establece la norma, los demás han acudido raudos a cubrir la parte que el mismo no puede avalar, requisito financiero indispensable para contar con el apoyo de las instituciones. Así lo establece la norma, así lo firmaron en su día y así lo hacen, a la vez que solicitan a las autoridades correspondientes el suplir la vacante con alguna firma de similar perfil.

    La respuesta les deja boquiabiertos: ‘la alteración del consorcio, en cuanto a sus miembros o su estructura de garantías, es causa necesaria de disolución del mismo lo que implica la cesación del apoyo económico institucional a partir de ese mismo instante, por una parte, y la devolución de todo lo recibido con anterioridad al momento en que dicha circunstancia se materializa, por otra’.

    Saltan las alarmas. Preguntada por la discrepancia entre unos condicionantes financieros originales que buscaban, en definitiva, asegurar la continuidad de la investigación más allá de lo que ocurriera con sus promotores iniciales, y la recién conocida obligación de deshacer lo andado entregando de vuelta, además, el dinero ya invertido en el proyecto, la interlocutora ministerial no duda en responder: ‘¿es que acaso no ven ustedes los telediarios, no ven que hay que reducir el déficit?’

    Una contestación llena de argumentos, como ven. Dios nos pille confesados: con Montoro hemos topado. O sea que el modo de arreglar el agujero nacional, de mantener a raya los dineros públicos, es cercenando la perentoria necesidad española de invertir en trabajos de investigación y desarrollo que, orientados a la actividad productiva y la innovación, faciliten la generación de valor añadido, caso que nos ocupa. País.

    Me cuenta mi amigo que son varias las iniciativas, ligadas a los sectores más punteros de nuestra industria, que se hallan en una tesitura similar. Alguno de sus miembros ha petado y los demás no solo no pueden continuar sino que la exigencia ministerial de retrocesión de las aportaciones amenaza con llevárselos por delante, pese a estar razonablemente saneados. Ya sabes: piensa en cómo puedes ayudar a tu patria, que esta se encargará de destrozarte empresarialmente la vida. A esto en otros lares lo llaman crowding out.

    Luego dirán que sobra disponible en estas partidas presupuestarias. ¿Serán sinvergüenzas?’, comenta alterado. Pero, ¿aún lo dudas, querido amigo? No lo serán, lo son. Y hasta qué punto. Mientras que en España no vuelvan a aterrizar profesionales a la política, esos que saben lo que cuesta pagar una nómina, que sustituyan a los políticos profesionales que nos gobiernan, no hay nada que hacer. Seguirán pensando en la siguiente elección, sin saber que existe un futuro más allá de su permanencia en el cargo público. Unfortunately.

    Buena semana a todos.

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