Turquía sufre: que el sentimiento no ciegue la razón

No sabía muy bien cómo engancharme al interesante artículo publicado este fin de semana por David Cano y Cristina Colomo, de Analistas Financieros Internacionales, en el

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    No sabía muy bien cómo engancharme al interesante artículo publicado este fin de semana por David Cano y Cristina Colomo, de Analistas Financieros Internacionales, en el diario El País. En él defendían la tesis de que buena parte de las naciones emergentes, ante los temores inflacionistas de comienzos de 2011, habían sido capaces de desacelerar sus economías de un modo ‘buscado, controlado y reversible’ (El País, "Motor de Arrastre", 09-12-2012).

    Realizaban los autores este diagnóstico con base en la más que correcta situación financiero-fiscal de muchos de estos Estados que, al contar además con instrumentos monetarios y de tipo de cambio propios, a nada que se lo propusieran seguirían creciendo ‘‘a una tasa lo suficientemente elevada como para servir de arrastre a los desarrollados vía sector exterior en 2013’’.

    Servidor se sintió incómodo ante esta conclusión por dos razones:

    - buena parte de estos países son los proveedores bien de materia prima, bien de mano de obra o producto terminado de las regiones más desarrolladas y, por tanto, su actividad y riqueza están ligadas de manera consustancial a la evolución de estas, no al revés, al menos de momento;

    - la espiral expansiva de los principales bancos centrales alrededor del planeta, tanto por vía tipos de intervención como por crecimiento de la base monetaria, está generando un desmesurado interés por las monedas y los activos financieros de los emergentes, hasta el punto de que, como señalábamos la semana pasada, el FMI ha autorizado, en un sorprendente giro de política, los controles de capital en casos puntuales (V.A., "Fin de la trilogía: los mercados dominan el mundo", 05-12-2012).

    Desde ese punto de vista, resulta complicado compartir el diagnóstico de control del proceso y reversibilidad del mismo.

    Pero es que, además, la realidad es tozuda, y el último ejemplo lo hemos vivido este mismo lunes con los datos de PIB de Turquía, de la que los analistas de AFI afirmaban en el mismo texto, al César lo que es del César, que padecía de unos desequilibrios que era ‘recomendable’ seguir de cerca, caso parecido al de la India que recogimos en este otro post (V.A., "10 sorpresas mundiales que ennegrecen el final de año", 03-12-2012).

    Y tanto.

    Las medidas con objeto de evitar un sobrecalentamiento excesivo de sus magnitudes macro, especialmente en el ámbito crediticio, a las que aludía el propio El País en pieza separada del fin de semana, pueden haber provocado que las autoridades se hayan pasado de frenada (El País, "Turquía en estado preventivo", 09-12-2012). Frente al 8,5% de crecimiento de su PIB en 2011, el dato a cierre de septiembre era del 1,6%, muy lejos del 3,2% previsto por el Gobierno para el conjunto del ejercicio.

    ¿Las razones del colapso? Cae la confianza del consumidor a mínimos interanuales, se desploma la producción industrial (menos 5,7% en octubre frente al más 6,2% del mes anterior), menguan las exportaciones a la deprimida eurozona –lo que no evita una cifra agregada récord en noviembre, gracias al oro- y, por si fuera poco -a perro flaco todo son pulgas-, le pasa factura su proximidad con Siria tanto en términos de aprovisionamiento como de sentimiento inversor (Economonitor, "Turkish exports grow 20%... I´m worried!", 07-12-2012).

    Como suele ocurrir en estos casos, los dirigentes políticos se han llamado a andana y han delegado en su banco central la adopción de medidas que permitan revitalizar una economía cuyos tipos de referencia se sitúan en el 9% tras doblar en doce meses. Menuda tropa (Economonitor, "Turkish Hidden Risks in 2013", 10-12-2012). Sin embargo, tal invitación puede llegar tarde, toda vez que a la concesión del investment grade por parte de Fitch puede seguir la de las otras dos grandes agencias de calificación, lo que multiplicaría los flujos hacia el país y su divisa, impidiendo la tan necesaria depreciación para impulsar las ventas al exterior y seguir corrigiendo de este modo su elevado déficit por cuenta corriente.

    Eramos pocos…

    Como decían Cano et altri, a esta pasión turca, que ha atraído con sus voluptuosas formas y sus irresistibles encantos a tantos y tantos empresarios españoles, hay que vigilarla de cerca, no sea que el sentimiento ciegue dramáticamente la razón…

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