Pedazo de noticia buena, ¿o no tanto?, para España ayer

Les voy a decir una cosa: ayer, mientras el común de los mortales aplaudía hasta con las orejas la apertura de una ventana de financiación para

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    Les voy a decir una cosa: ayer, mientras el común de los mortales aplaudía hasta con las orejas la apertura de una ventana de financiación para las empresas españolas que era aprovechada por estas de manera intensiva, con plazos y diferenciales impensables hace apenas un par de meses, y servidor se entretenía en el bombardeo a sus competencias a la que ha sido sometido el Ministro de Industriael INE publicaba una estadística mucho más relevante para el conjunto de nuestra economía, a saber: las cuentas no financieras del país correspondientes al tercer trimestre del año 2012. Pese a su poco atractivo a priori, les aseguro que su contenido supera con creces la vulgaridad del continente. Por muchos motivos, vaya que sí.

    Resumámoslo en un titular:

    España generó en el periodo julio-septiembre de 2012 capacidad de financiación equivalente al 1,3% del PIB trimestral, algo que no ocurría desde el mismo periodo del año 1998.

    Es decir, tras 14 años de dependencia del dinero foráneo para costear la actividad económica interna, España le ha conseguido dar la vuelta a la tortilla. De hecho, los 3.243 millones de ‘superávit’ contrastan con los 6.000 de ‘déficit’ un año antes, un giro superior a los 9.000 millones de euros. En términos anuales, aun manteniéndose la necesidad de financiación, esta se ha reducido al 1,8% del PIB anual (19.479 millones de euros), una contracción sustancial respecto al 3,1% de septiembre de 2011 y los entornos superiores al 10% de 2007 y 2008. Great news.

    Una extraordinaria noticia, pero… ¿a qué coste?

    Pongamos un segundo titular:

    El cambio es debido a una mejora sustancial de la posición financiera de las empresas que compensa el deterioro paulatino en los hogares y la incapacidad de mejorar sus cuentas de la Administración Pública.

     

    En efecto, mientras que la contribución de los hogares cae a mínimos de cuatro años -tras una reducción interanual del 51,3%, de acuerdo con el excesivamente desconocido proveedor de los gráficos de este post, el Servicio de Estudios de Bankia-, las empresas han generado una capacidad de financiación récord en términos históricos, ayudadas por sus ajustes operativos y un recorte significativo de sus niveles de inversión. Por el contrario, en las Administraciones Públicas la debilidad de los ingresos fiscales impide que se noten los efectos de las políticas de ajuste sobre sus necesidades financieras, hasta el punto de que a cierre del tercer trimestre de 2012 su déficit total (rescate bancario incluido) suponía el 9,9% del PIB español.

    Conclusión.

    La reducción de la dependencia financiera del exterior en momentos de tanta incertidumbre como los actuales es una extraordinaria noticia en términos nominales. Sin embargo, si se rasca un poco la superficie, se observan dinámicas peligrosas, derivadas del proceso deflacionario de los factores de producción a los que está sometida nuestra economía: los hogares empiezan a mostrar signos de extenuación al minorarse de manera sistemática su renta disponible, lo que afecta no solo al ahorro (del que hay que tirar) sino preocupantemente –y desde hace año y medio- a un gasto que supone tres cuartas partes de nuestro PIB; las empresas mejoran sus finanzas echando gente y renunciando a invertir, eso que la teoría financiera define como sacrificio actual a cambio de mayor retorno futuro: no lo ven claro, pues; y la Administración ha entrado en bucle, renuente como es a acometer las reformas que aseguren su, o mejor dicho nuestra, supervivencia.

     

     

    Todo en la vida tiene claroscuros, pero no nos podemos dejar llevar alegremente por los cantos de sirena de los ‘brotes verdes’. Más importante que la ola es la dirección de la marea. El cambio de mood que España necesita como el llover, aun fundamental, no puede ser voluntarista y evanescente, sino sólido y consecuente. Es verdad que la cosa mejora, pero está por ver si estamos forzando el motor hasta un punto que corramos el riesgo de que se gripe. Y, siempre que eso ocurre, que peta, no lo duden, se produce por el eslabón más débil, esto es: usted que lee esta columna y yo que la firmo. 

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