Y Apple se hundió en bolsa… ¿qué le deparará el futuro?

No ha sido buena la semana pasada ni para Apple ni para Samsung. A los malos resultados del primero, sin apenas crecimiento de su beneficio, se

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No ha sido buena la semana pasada ni para Apple ni para Samsung. A los malos resultados del primero, sin apenas crecimiento de su beneficio, se han unido las regulares perspectivas de la firma coreana, pese a haber conseguido resultados récord.

No obstante, y tal como pueden apreciar en los dos siguientes gráficos, durante años la compañía de la manzana se ha llevado la fama mientras que sus competidores asiáticos cardaban la lana. Un proceso que, al menos bursátilmente, se está dando la vuelta, entre otras cosas, por la condición de conglomerado de Samsung.

Así se habría cerrado para un inversor en euros el gap en los últimos tres años:

 

… si bien el retorno total, dividendos incluidos, sigue siendo 50 puntos porcentuales superior.

Pero si acotamos la comparativa a los últimos doce meses, lo que se aprecia es lo siguiente:

 

… esto es: el laggard le ha recortado al líder casi 30 puntos porcentuales de perfomance, tras recuperar casi 80 de mejor comportamiento relativo desde finales de agosto.

Muchos se preguntan qué le está pasando a Apple y creo que la respuesta es demasiado evidente como para que sea verdad. De ahí que este post no pretenda sentar cátedra alguna, sino que persiga abrir un debate entre los applemaníacos que pueblan la geografía española. Una aberración de quien, aun escribiendo esta entrada desde un Mac, sigue pegándose a la oreja cada día una Blackberry.

Aquí va mi pueril y particular tesis: el hundimiento de Apple en bolsa se produce desde el momento en que comienza a pensar en el mercado de acciones más como fin que como medio y se contagia, por tanto, de las prisas y el cortoplacismo que caracterizan a los gestores dominados por esta servidumbre, de la necesidad de mantener el flujo de noticias para sostener un valor convertido en el de mayor capitalización del mundo.

Steve Jobs, junto con su capacidad para crear una necesidad y satisfacerla del mejor de los modos posibles, era un maestro del timing. Espaciaba los anuncios, creaba un halo de misterio alrededor de los mismos, cuidaba meticulosamente el flujo de comunicación y lograba sorprender a los usuarios con nuevos productos o funcionalidades diferenciales.

Ya no, y no es culpa enteramente de los nuevos gestores.

Es verdad que la capacidad para sustituir unas versiones por otras de forma atractiva para el comprador se ha reducido drásticamente una vez que la experiencia de fabricante y usuario han convergido a un punto donde las nuevas características satisfacen demandas marginales de nicho, muy alejadas del uso corriente que la gran mayoría de la población da a los dispositivos. No es menos cierto que los formatos novedosos también terminan por quedarse obsoletos y que no caben muchas variaciones sobre el tema central de la forma Apple de presentar el producto y navegar alrededor de él.

Dicho esto, sí que hay una parte de responsabilidad de Tim Cook y del equipo directivo que reemplazó al fundador. Y es la errática y canibalizante política de anuncios que lleva a muchos a posponer decisiones de compra a la espera de lo que está por venir. Ocurrió con el iPad mini, está sucediendo con la filtración de un iPhone barato, y así sucesivamente. No se entiende muy bien esta mala gestión de las expectativas en su propia contra, salvo por una falsa presión de los accionistas mal interpretada.

Una extraña deriva que hace aún más interesante el debate, planteado fundamentalmente en Estados Unidos, sobre qué es Apple a día de hoy. Y, sobre todo, qué le depara el mañana.

Para algunos estamos ante un nuevo Microsoft, toda vez que ha ocupado un nicho con unos márgenes y una generación de caja impresionantes. Pero no, porque en la parte recurrente del negocio, que no es contra lo que muchos puedan pensar, el aparato, le están mojando la oreja los Androids de turno.

Para otros, que si estamos ante un nuevo Amazon por su capacidad de crear un ecosistema monetizable de aplicaciones. Pero tampoco, porque al final incluso fabricantes menores son capaces de aglutinar a su alrededor capacidad creativa, por definición, infiel que se mueve al son del viento que más sopla. Miren dónde han quedado Motorola, Ericsson, Nokia o más recientemente mi RIM. ¿Por qué no pensar que a Apple le puede ocurrir lo mismo?

Incluso hay quienes aventuran, por diseño, distribución y capacidad adicional de penetración -que no por precio, de ahí el giro estratégico hacia una suerte de low cost- que estamos ante una especie de Inditex de los smartphones, con todo el mercado chino, por poner solo un ejemplo, aún por explotar.

Se trata, por tanto, de una pregunta abierta, extraordinariamente interesante: ¿qué es para ustedes Apple?; ¿está lo mejor de su futuro ya descontado en precio?; ¿qué cabe esperar a partir de ahora? Debates apasionantes todos ellos en los que les invito a participar.

Con retraso, buena semana a todos.

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