La banca renuncia al crédito y se cava su propia tumba

Acaba de publicar el Banco Central Europeo los datos de créditos vivos a empresas y particulares de la Eurozona correspondientes al mes de diciembre de 2012.

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    Acaba de publicar el Banco Central Europeo los datos de créditos vivos a empresas y particulares de la Eurozona correspondientes al mes de diciembre de 2012. Unas cifras importantes para conocer si la aparente mejora financiera del sector bancario, apertura de los mercados y devolución de fondos al propio BCE, se está trasladando o no al sector privado de la economía.

    Pues bien, los números no pueden ser más desalentadores. Si hace pocos días conocíamos que no hay nueva producción crediticia en España (con poco más de 19.000 hipotecas constituidas en noviembre por un importe medio de alrededor de los 105.000 euros, cerca del mínimo histórico del mes anterior), esta nueva estadística comunitaria pone de manifiesto cómo el sector ha acelerado en los últimos meses su proceso de desapalancamiento, reducción de financiación a terceros con objeto de mejorar de este modo sus ratios de capital.

    Los que confiaron en el discurso de que, con las recientes reformas, mejorarían las condiciones para que el crédito fluya a la economía pueden esperar sentados. No ha lugar. Estamos ante un credit crunch en toda regla.

    En efecto, el cierre de 2012 muestra una caída en la financiación a los llamados ‘otros sectores residentes’ de 76.383 millones de euros, un 4,7% mes sobre mes y un 9,7% interanual. Unas cuantías muy condicionadas por la salida de 54.000 millones del balance de las entidades nacionalizadas al Sareb.

    Aun si ajustamos las cantidades por ese one off, los 22.383 millones de contracción supondrían el mayor descenso de préstamos al sector privado en 30 días en España desde que comenzara la serie, allá por diciembre de 2003. Cinco años después del inicio de la crisis financiera, el ajuste sigue produciéndose de manera dramática, afectando a la inversión y la innovación y situándonos en una desventaja competitiva respecto a quienes no lo padecen o lo sufren de manera más moderada.

    Es verdad que las razones no son meramente de oferta, sino también de demanda. En un país hiperendeudado en el que la gente no sabe el valor de lo que tiene ni las rentas que va a percibir en el futuro, no solo no pide nuevo dinero al banco sino que va amortizando lo que debe. Sin embargo, esta realidad no es extrapolable al ámbito empresarial, toda vez que el uso de líneas de crédito es parte de una buena gestión del balance y la tesorería de cualquier sociedad. Y aquí es donde el veredicto sobre la oferta es de culpabilidad, por su negativa a renovar o conceder financiación a muchas empresas. De hecho, la mayor parte del recorte histórico antes citado es a corporaciones.

    Las condiciones ligadas a la solicitud del rescate bancario a la troika, así como la dependencia de la financiación barata del BCE, invitan desafortunadamente a pensar que a este proceso de desapalancamiento aún le queda un largo camino por recorrer.

    No en vano, las autoridades europeas exigen unos niveles de capitalización y de ajuste de créditos/depósitos a las instituciones españolas que, dadas sus dificultades para captar capital a precios razonables o capitalizar romos beneficios, solo se pueden materializar minorando agresivamente su activo.

    Por otro lado, el apoyo financiero del BCE al 1% de coste tiene fecha de caducidad y, más antes que después, deberá ser reemplazada por la volátil e incierta financiación mayorista (A). Un riesgo excesivo, como ha quedado demostrado. Desde ese punto de vista, puesto que A no deja de ser la diferencia entre bienes y derechos de cobro en el lado izquierdo del balance (B) y capital y dinero minorista en el derecho (C), en la medida en que B se reduce o C crece, su importancia es menor. De ahí que haya que favorecer esos procesos de adelgazamiento de B o engorde de C, respectivamente.

    El incentivo para prestar es nulo, por más que esa falta de actividad crediticia sea pan para hoy y hambre para mañana.

    De hecho, esos excesos pasados que han conducido a imposiciones de terceros en el momento presente están alentando un incipiente proceso de desbancarización, consecuencia indeseada por la industria pero probablemente inevitable que puede convertir un problema coyuntural (a menos financiación, menos ingresos) en otro estructural (¿necesito de verdad trabajar con un banco?).

    Así, al fenómeno marginal del trueque o barting entre ciudadanos o empresas, con renuncia al dinero físico o virtual como medio de cambio, se une una menor presencia física de sucursales, lo que favorece los procesos de pago por móvil o similares, o la búsqueda de fuentes alternativas de financiación por parte de las empresas a través de mercados alternativos, por citar solo dos ejemplos. Un dato no hace tendencia, pero si esta situación se prolonga en el tiempo, ¿por qué no? Torres más altas han caído.

    Da la sensación en esta materia de que se puede producir más una convergencia del modelo banca-ciudadanos de los estados desarrollados hacia los emergentes y no al revés. Sobre todo en la medida en que se vayan desarrollando alternativas al esquema tradicional de relación y continúe su paulatino descrédito entre quienes vieron quebrada por la mala praxis una relación de confianza ahora inexistente.

    Alguno dirá que se trata de una boutade más de este McCoy de sus desamores. Pero me da que no voy muy desencaminado. Si no, al tiempo.

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