Da mucho miedo lo que le espera a España

Ha entrado este país en una dinámica muy peligrosa. Nos encontramos ante la época de mayor descrédito de nuestras instituciones desde que se reinstaurara la democracia
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    Ha entrado este país en una dinámica muy peligrosa. Nos encontramos ante la época de mayor descrédito de nuestras instituciones desde que se reinstaurara la democracia allá por 1978. Los parlamentarios ya no representan a un pueblo que no duda en plantarse delante de sus casas exigiendo no se sabe qué, si intimidar lo suficiente como para condicionar sus decisiones –como si la disciplina de partido no fuera sagrada en nuestro hemiciclo- o tomarse la justicia por su mano. Corre el legislativo riesgo de fragmentarse ante el rechazo generalizado a las dos principales fuerzas políticas. Y formaciones de nuevo cuño –como UPyD- o de rancio abolengo de hoz y martillo, caso de Izquierda Unida, se postulan como árbitros en futuras coaliciones de gobierno.

    Pues bien, el batiburrillo formado alrededor del antiguo Partido Comunista está empezando a asomar la patita de lo que le gustaría que fuera España en Andalucía, región donde comparte poder público con un PSOE cuyo secretario general baila sorprendentemente el agua a las peculiares y peligrosas iniciativas de sus socios. De poco le ha servido a Rubalcaba su presencia permanente en la trastienda de la actividad gubernamental para mostrar responsabilidad y sentido común ante tanto dislate. Se ha consagrado en los últimos días como un hediondo oportunista, quizá porque esa sea su única tabla de salvación para ser recordado como alguien que trató de hacer algo más que cargarse ciento y pico años de ‘honradez’. Claro que, vistos los candidatos que hay encima de la mesa para reemplazarle, no tiene nada que temer. Otro vendrá, seguro, que bueno le hará. Al tiempo.

    Volvamos a IU. Tras la peregrinación de sus juventudes por ese dechado de felicidad que es Corea del Norte, las ocurrencias de sus dirigentes no se han hecho esperar. La más febril en propuestas estructuralmente estultas es la consejera de Vivienda de la comunidad andaluza. Crecida por la conversión en norma de su propuesta de ‘expropiación temporal del uso’ de las viviendas desocupadas, ha propugnado una quita lineal de las hipotecas en España, fruto muchas de ellas de, en su opinión, un ‘fraude masivo’. Como si la fe notarial consistiera en una amenaza de firma a quien consiente voluntariamente ante vendedor y entidad financiera. De verdad, de verdad, de verdad. Y ahí sigue esta mujer, calentando sillón. Abróchense los cinturones, que esto no ha hecho más que comenzar.

    Lo preocupante no es que se tome como una idiotez lo que racionalmente lo es, como ha ocurrido en este segundo caso. Lo que de verdad da miedo es que se acepte en aras de la justicia social y de no se sabe qué generación de actividad lo que es una confiscación de un bien a su legítimo propietario por la cara, como son los pisos vacíos. Por la misma regla de tres, los que dispongan de ahorros improductivos en el banco, podrían ser objeto esa misma contradicción in terminis que quita pero no quita, que entrega pero no da. Total, hay gente que está pasando necesidad y así el dinero circula. Cesión forzosa del uso de la pasta, temporalmente, a un tercero o, mejor aún, al Gobierno que seguro que saben mejor lo que tienen que hacer con él que quien se esfuerza en ganarlo y asume todo el riesgo de perderlo. No hay tanta diferencia entre una medida y otra. Y como los impuestos afectan a todos y estas iniciativas sólo a los que tienen patrimonio real o financiero, miel sobre hojuelas.

    Porque ¿para qué pensar en el apoyo a la acción privada para conseguir los mismos fines pero con distintos medios? Agrupémonos todos en la demagogia final. Ya saben, establecer estímulos fiscales para el alquiler de las casas, beneficiar de este modo no sólo al usuario, sino al propietario, no entra en el programa. No sólo eso, la alternativa que proponen estos esquizofrénicos que comulgan, con perdón, con los escraches desde la atalaya de su despacho, es el pogromo. O estás conmigo o estás contra mí. Como si la propia Andalucía no fuera el más triste ejemplo de cómo estatalizar la economía, por la vía funcionarial, de la empresa pública o de los subsidios: receta segura para el desastre. En lugar de reconocer los propios errores, reconducir el rumbo y alentar la necesaria inversión en la región, ideas de bombero para echar del territorio a los pocos espíritus empresariales libres que quedan.

    El populismo se ha convertido en argucia, que no en estrategia electoral. No se lo crean, ellos solo velan por lo suyo. La mona se está vistiendo de seda. Algunos, como el propio Rubalcaba, se enganchan a esta línea de actuación desde la desesperación. Sin embargo, huele a impostura. Como les ha ocurrido a PNV o CiU en sus respectivas jurisdicciones, el sucedáneo enseguida es reconocido y los electores van al original: una ERC que estaba tocada pero no hundida hace apenas dos telediarios y Sortu, Ave Fénix que surge de las cenizas de la ilegalización de sus almas gemelas. En esto va a ocurrir lo mismo, el gato al agua de los votos asociados a todo el paro juvenil, de todas las familias sin prestación, de esos desesperados que empiezan a poblar las esquinas de esta España mía, esta España nuestra, se lo va a llevar Izquierda Unida, las políticas de Izquierda Unida, los disparates de Izquierda Unida. Conseguirá decenas de escaños, prometer es gratis. Y si esta formación se aferra a su línea actual, si no es capaz de adaptar el discurso a su responsabilidad, será el acabose. Muchos dirán definitivamente: "el último que apague la luz" con billete sólo de ida. 

    En esas estamos.

    Buena semana a todos.

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