¿Vuela a Barcelona? Cuidado, la paralización amenaza El Prat

Asamblea de controladores el martes en Barcelona. Última hora de la mañana y calor sofocante. Sobre la mesa, lo que consideran un incumplimiento sistemático por parte

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    Asamblea de controladores el martes en Barcelona. Última hora de la mañana y calor sofocante. Sobre la mesa, lo que consideran un incumplimiento sistemático por parte de Aena en el Aeropuerto de El Prat del laudo de 27 de febrero sobre el II Convenio entre Aena y los CTA. En su opinión, la falta de previsión por parte de la Autoridad Aeroportuaria ha derivado en una serie de abusos que incumplen manifiestamente tanto la letra del dispositivo como la interpretación que del mismo realizó en septiembre de ese mismo año el árbitro Manuel Pimentel (ver documento aquí). Hartos, se plantean no hacer más cesiones que vulneren sus derechos, algo que puede derivar en una palmaria ausencia de personal. Y sin controladores, ¿quién opera el espacio aéreo? Veranito caliente el que, por esas pistas de aterrizaje, espera a sus usuarios.

    Pese a la trascendencia de la reunión, los medios de comunicación y la opinión pública han permanecido ajenos a la misma. El gremio ha aprendido que la discreción es una virtud. Sin embargo, es sabedor de su fuerza y, dentro de la legalidad, está dispuesto a hacerla valer. Hay una cuestión esencial y es que parte de sus quejas están íntimamente ligadas a una cuestión esencial: la seguridad. Especialmente en la primera de las que enumeraremos a continuación. Por tanto, no se trata sólo de la reivindicación de un colectivo cabreado porque ha perdido su estatus, sino de algo más.

    ¿De qué se quejan los profesionales que desempeñan sus tareas en la torre y en el control de rutas de El Prat?

    1. Pese a haberse prohibido expresamente en el laudo arbitral los turnos de seis días de trabajo (con el de salida de noche, generalmente) y dos de descanso, Aena se lo está saltando sistemáticamente ante la carencia de recursos. El controlador sale sin dormir, más allá de las pausas preceptivas, y se incorpora a las 48 horas en los términos previstos en los ‘turneros’. El laudo admitía 6/4, 5/3, 4/4 o 4/2 y, si dispuso sobre esto, es porque existía ya un problema de programación que dos años más tarde sigue sin solucionarse, al menos en Barcelona.
    2. Para poder disfrutar en verano de unos días de asueto con sus hijos, los controladores se acogen en estío a reducciones de jornada que, normalmente, se agrupan en días sucesivos de vacaciones para afectar lo menos posible a la operatividad del aeropuerto. Van acompañadas de bajadas proporcionales de sueldo. Sin embargo, lo que está ocurriendo para los que están en esta situación debido a la carestía de profesionales es doble: se encuentran con que les ponen un turno suelto en mitad de ese periodo, lo que les impide cualquier planificación de desplazamiento, por una parte; y, por otra, los que acuden al llamado de ‘o vienes o el caos’ pese a tener una guarda legal aceptada y publicada, algo dudosamente legal, se encuentran con que salarialmente Aena no reconoce esas horas no previstas del trabajador, al que sigue pagando la versión reducida de su nómina.
    3. Por otro lado, se da la paradoja de que Aena no readmite a los excedentarios ante la necesidad de recolocar a los controladores que vienen procedentes de torres cerradas o privatizadas. Por ejemplo, a Barcelona llegarán unos 20 a final del verano, pero ¿mientras tanto? La mayoría de los controladores están al límite de horas, por lo que prácticamente todos los turnos exprés –esos que se realizan con un preaviso de 24 o 48 horas, lo que impide igualmente moverse y que son computados como horas extras, quedan vacantes. Y vuelta la burra al trigo: más 6/2, llamadas de urgencia, falta de reconocimiento en sueldo, ruptura de vacaciones and so on and so forth.

    Es el tercer verano consecutivo que los controladores de El Prat se enfrentan a esta situación, pero en esta ocasión, con las aguas de la condena social vueltas a su cauce, la sangre puede llegar al río. No de manera directa -la experiencia es la madre de la ciencia- sino, simplemente, porque no haya disponibilidad de controladores en el momento de mayor tráfico del año. Está bien esto de la privatización de Aena, su mejora de los ingresos, la multiplicación de los panes y los peces en términos de rentabilidad y toda esa fanfarria que acompaña cualquier proceso de este tipo, precipitado en este caso. Pero si no se cuida el elemento básico, que es la operatividad de las infraestructuras, ¿de qué sirve todo lo demás?

    Buen fin de semana a todos.

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