Receta para desastre: el negro futuro de la CNMV

Ando inquieto y descorazonado estos días, la verdad. Si las autoridades se lo curraran un poquito, España podría convertirse en un hub financiero de relevancia a

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    Ando inquieto y descorazonado estos días, la verdad. Si las autoridades se lo curraran un poquito, España podría convertirse en un hub financiero de relevancia a nivel paneuropeo aprovechando sus lazos empresariales con Latinoamérica y el endurecimiento de las condiciones fiscales de, por ejemplo, Reino Unido y su City. Sin embargo, falta perspicacia y voluntad en los despachos oficiales para convertir la idea en oportunidad y esta en el negocio que España tan desesperadamente necesita.

    Un ejemplo paradigmático es la Comisión Nacional del Mercado de Valores, gobernada desde la llegada del PP por la que fuera secretaria de Estado de Presupuestos ya en el 2000, Elvira Rodríguez. Al organismo que dirige se le ha atacado justificadamente en las últimas semanas por dos motivos esenciales: el fiasco de Pescanova, que le ha estallado en sus mismas narices por más que la reacción posterior haya sido más que notable, y su presunta falta de diligencia en la aprobación de emisiones de deuda corporativa, perdiendo este negocio a favor de otros supervisores más ágiles como los de Luxemburgo o Irlanda, consideraciones fiscales aparte.

    Sin embargo, tras brujulear en la realidad de esta organización, no es difícil concluir que de donde no hay, no se puede sacar. Y no es por falta de recursos financieros (de acuerdo con su Memoria Anual, la CNMV ganó en 2012 7,4 millones de euros que, en su gran mayoría, fueron a parar a las arcas del Tesoro en lugar de reinvertirse en su funcionamiento, página 223), sino por carencia de medios humanos en número y calidad suficientes como para desempeñar adecuadamente la tarea que tiene encomendada. Algo de difícil subsanación en el futuro inmediato y que afecta de manera directa a su labor diaria y, por ende, a la mayor o menor confianza de los distintos agentes económicos en su trabajo.

    Sigue en vigor un rancio mecanismo de incorporación de personal que ha sido objeto de severas admoniciones por parte del FMI tanto en 2006 como en 2012 (página 218 de la propia Memoria). De poco o nada ha servido. El hecho de que, pese a lo específico de sus necesidades, su oferta de empleo deba estar sujeta a los procedimientos y restricciones del resto de la Administración le impide no sólo reforzar adecuadamente la plantilla, sino hacerlo con profesionales con experiencia en mercados que sepan conciliar ágilmente el interés público con el privado. Al primar el formalismo de una oposición frente al pragmatismo de la contratación individual, más ahora que tantos buenos operadores y gestores han sido expulsados por el sector, su faena es demasiadas veces puro toreo de salón, muy alejada de lo que está sucediendo de verdad en el ruedo de los parquets físicos y electrónicos.

    Un problema que va a más. Aunque en 2012 el número de sus trabajadores creció en 5 personas (ver comparativa de la página 215), cinco de sus mejores profesionales partieron rumbo al FROB con retribuciones, en algunos casos, superiores en un 40% a las que estaban percibiendo. Otros dos salieron hacia la ESMA, el supervisor europeo. Mientras, la congelación presupuestaria -numérica y salarial- impidió que se quedaran once chavales formados durante dos años en sus distintos departamentos. Algo que está a punto de suceder este año con otros ocho, salvo que se presenten a las plazas que se han convocado sólo tras la desesperada llamada de auxilio de la presidenta en el Congreso de los Diputados el pasado veintinueve de mayo (ver página 9 del Diario de Sesiones).

    Se da la paradoja de que, mientras los organismos internacionales piden a la CNMV mayor potestad regulatoria, más presencia física en las instituciones objeto de su tutela y el desarrollo de una capacidad sancionadora propia, los distintos intervinientes en el mercado le exigimos diligencia no sólo reactiva sino principal y esencialmente preventiva, o la propia Comisión refuerza técnicamente sus mecanismos de alerta sobre potenciales actuaciones irregulares, a sus directivos se les niega el pan y la sal de la ampliación vertical (número) y horizontal (capacitación) de un rol de nóminas que se antoja exiguo, en beneficio eso sí de otros organismos públicos más mediáticos (Sareb y FROB). 

    Siete millones de beneficio da para incorporar muchos, pero muchos expertos. ¿Por qué no le dejan a la buena de Elvira? Sin resolver este problema, pretender que ejerza su tarea con más diligencia y profesionalidad será como pedir peras al olmo. Y sin un supervisor fuerte, rápido y creíble, cualquier pretensión de hacer de España el paraíso de los servicios financieros será, nunca mejor dicho, el sueño de una noche de verano. Pena de país que sigue mirando hacia abajo, la amenaza, sin ser capaz de potenciar su futuro, la oportunidad. En fin, Serafín.

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