Ojo, si vuelve El Niño, Crimea parecerá una broma

 Hay temas que solo parecen encontrar acomodo anticipatorio en Valor Añadido, cegados como están el resto de los medios en cubrir lo urgente a expensas de
Foto: Gran parte del Sudeste Asiático sufrió en 2010 la peor temporada de sequía en décadas a causa del fenómeno de El Niño
Gran parte del Sudeste Asiático sufrió en 2010 la peor temporada de sequía en décadas a causa del fenómeno de El Niño

Hay temas que sólo parecen encontrar acomodo anticipatorio en Valor Añadido, cegados como están el resto de los medios en cubrir lo urgente a expensas de lo importante. Un buen ejemplo es el fenómeno climático de El Niño, capaz de alterar la disponibilidad de alimentos básicos en numerosos puntos del planeta, ocasionando problemas de abastecimiento, hiperinflación y, en última instancia, revueltas sociales. El origen de la abortada primavera árabe hay que buscarlo ahí. De momento, las materias primas agrícolas han repuntado inesperadamente en las últimas semanas. ¿Por qué será?

Ya en 2009 explicamos de aquella manera en qué consistía El Niño, también conocido técnicamente como ENSO (El Niño Southern Oscillation). En esencia un calentamiento de las aguas del Pacífico Sur y Central que provoca fuertes lluvias en Sudamérica que afectan no sólo a las cosechas, sino también a las explotaciones mineras al aire libre o a las infraestructuras, y sequías salvajes en el sureste asiático, con su correspondiente dosis de incendios y plagas.

Para una demanda global creciente, fruto no sólo del aumento de la población sino de la mejora de las condiciones de vida de una parte de la misma, las limitaciones por el lado de la oferta resultan demoledoras en término de impacto sobre su capacidad de aprovisionamiento y desarrollo (Valor Añadido, "Amenaza a la vista: vuelve El Niño", 21-07-2009).

Pues bien. Tras el roto que hizo en 2012, al ocasionar no pocos problemas de suministro de grano desde Estados Unidos, el primer exportador global con una cuota superior a un tercio del total negociado internacionalmente, como recordamos entonces (VA, "La falta de grano, ¿nos sitúa al borde de una crisis alimentaria global?", 18-07-2012), El Niño amenaza con volver en el segundo semestre de este año –si se cumple lo pronosticado por los modelos–, lo cual tiene una trascendencia que va más allá de la estrictamente económica (Actualización a las 16:00: uno de los mayores expertos mundiales en El Niño, advierte de que el patrón actual es bastante similar a los de 1982 y 2007, donde se manifestó con toda su crudeza. En 1960, 1985, 2001 ó 2005, cuando tuvo también lugar, las lecturas eran bastante similares a las actuales. Interesante este post que me manda Rubén Darío Pérez LLopis sobre el particular).

En efecto, como nos recordó allá por el mes de noviembre The Economist en su "The World in 2014", en este ejercicio cerca de la mitad de la población mundial se enfrenta a procesos electorales, en muchos casos en regiones donde el coste básico de la cesta de la compra se convierte en elemento decisorio a la hora de votar (VA, "La peligrosa geopolítica de un bulbo llamado… cebolla", 27-08-2013). La posibilidad de que, al calor de ese fenómeno natural, proliferen populismos y extremismos se multiplica exponencialmente. Cuidadín.

A día de hoy es imposible determinar cuál va a ser el grado de impacto de El Niño sobre el conjunto del planeta. Dependerá de la severidad del mismo. Aunque es verdad que en un mundo en el que la fuerza de la naturaleza cada vez se hace sentir con mayor virulencia –como hemos podido comprobar en nuestras propias costas este invierno en España– situarse en el peor escenario no parece descabellado, el hecho de que el ciclo largo, llamado Pacific Decadal Oscillation o PDO, esté en fase de enfriamiento puede atemperar sus efectos (The Economist, "Global Warming: Who pressed the pause button?", 08-03-2014). 

Sea como fuere, la experiencia demuestra que incorporar a nuestra acción inversora cotidiana la climatología y sus efectos no sólo en términos de su impacto sobre activos físicos o instrumentos que los representan, caso de los ETFs, sino también por las oportunidades que puedan surgir con productos estrictamente financieros como los llamados cat bonds o bonos catástrofe, debería ser obligatorio. Mirar al cielo empieza a importar casi tanto como en la Fórmula 1. Pena que aquí no tengamos un Lobato para narrarlo y darle la requerida importancia.

Dicho queda.

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