A los Reyes Magos solo les pido respeto

Sería buena cosa que los sabios de oriente nos traigan a los españoles un poco de respeto, cordura, sentido común, compañerismo bien entendido o solidaridad

Foto: La madrileña calle de Alcalá
La madrileña calle de Alcalá

Cada año, cuando llegan estas fechas, es el momento de hacer reflexiones y un análisis de los últimos doce meses, pero también es el tiempo de pensar en el año que comienza. Hay que hacer buenos propósitos y tratar de evitar los errores de los años anteriores. Yo solo le pido a los Reyes Magos, una cosa, que haya más respeto. Pero un respeto absoluto, en el más amplio sentido de la palabra, de todos y hacia todos. Si todos pusiéramos más respeto por los demás, por las normas, por las cosas que hacemos, todos seríamos mucho más felices y las cosas nos irían mucho mejor.

Pero el respeto hay que aplicarlo en cada detalle de nuestra vida. En la relación entre un trabajador y su jefe, entre un maestro y un alumno, entre un padre y su hijo, entre compañeros de profesión, entre los miembros de la familia. Esta actitud de respeto a los demás se puede y se debe aplicar, por supuesto, en todos los campos de la vida, pero también en el del tráfico.

Se imaginan si en las carreteras todas las personas que circulan por ellas fueran cumpliendo con las normas, que son pocas y muy sencillas. Por ejemplo la velocidad máxima, o una raya continua o una señal de prohibido adelantar. O incluso mucho más sencillas y con menos presión en la conducción, como una señal de prohibido aparcar, o ese semáforo que está en rojo y lo sabemos perfectamente pero no nos paramos. Si todos fueran respetando la distancia de seguridad habría menos accidentes pero sobre todo viajaríamos mucho más tranquilos y con menos stress todos.

Hay que mostrar ese respeto por las cosas y las normas en cada detalle de nuestra vida. Si llevamos a nuestro hijo pequeño cogido de la mano y vamos a cruzar una calle, aunque no venga nadie, tenemos que esperar a que el semáforo se ponga en verde para que puedan pasar los peatones. Tampoco podemos cruzar por mitad de la calle o mirando la pantalla de nuestro móvil…

También los otros tienen que cumplir con ese obligado respeto por las cosas, incluidos los policías y guardias civiles, que en ocasiones parece que están por encima del bien y del mal. Por ejemplo, cuando el jueves pasado se puso en marcha la prohibición de entrar en el centro de Madrid a los vehículos con matrícula par, los usuarios que tienen un coche con matrícula par no podían pasar. Para qué llegar al policía y tratar de engañarle y que nos deje pasar haciendo perder mucho tiempo a los demás.

Al menos en algunas zonas de la ciudad los policías municipales creo que actuaron bien, explicando a los conductores que no podían seguir y dejando que dieran la vuelta. Hubo algunos que si pusieron multas, pero sinceramente creo que fueron minoría. Las multas no pueden ser una forma de llenar las arcas municipales, que es en lo que normalmente se han convertido.

En los primeros nueve meses solo el ayuntamiento de Madrid ha impuesto sanciones por 60 millones de euros, lo que hace que se cierre el año, si todo sigue igual, con más de 80 millones de euros. Y la DGT, más de lo mismo, 400 millones de euros de multas cada año. Lo peor es que como los ciudadanos cada vez cumplen un poco más las normas y cometen menos infracciones, pues los agentes se ven obligados a buscar nuevas estratagemas para seguir aumentado la recaudación.

En este caso no es cuestión de los agentes, que hacen lo que les mandan sus superiores. Se trata de las órdenes que se les dan desde la cúpula del ayuntamiento, en el caso de la Policía Municipal o del ministerio del Interior, en el caso de la Guardia Civil. Pero ese respeto que deben aplicar a sus actos los ciudadanos, los conductores, ciclistas o peatones, también deben aplicarlo los agentes de la autoridad.

Llega el 2017 y seguro que vamos a seguir viviendo inmersos en esa falta absoluta de respeto por todo, por las normas, por los otros usuarios, pero al menos nos queda el soñar con que el próximo 5 de enero sus majestades de Oriente nos traigan a los españoles un poco de respeto, cordura, sentido común, compañerismo bien entendido o solidaridad. Al menos yo brindo por ello, y creo que entre todos lo podríamos conseguir muy fácilmente.

Automaníacos

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