España necesita un pacto de Estado para reducir la siniestralidad en las carreteras

La única forma de solucionar el problema de la siniestralidad en España es conseguir una transversalidad entre los diferentes departamentos directamente implicados

Foto: La siniestralidad en carretera aumentó en 2016 (EFE)
La siniestralidad en carretera aumentó en 2016 (EFE)

El ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, reconocía la semana pasada que las cifras de siniestralidad en las carreteras españolas son inasumibles, y para ello presentaba las líneas maestras de un plan para reducir las cifras de accidentes de tráfico. Pero ojo, se trata solo de un plan de actuación, para el que se cuenta con un presupuesto de 11,7 millones de euros, una cifra que parece muy escasa para resolver un problema tan grave como este, para el que se requiere sin duda un gran pacto de Estado y la participación de todos los implicados, tanto de varios ministerios como de asociaciones. Pero sobre todo requiere el apoyo firme de todos los ciudadanos sin excepción.

Cuando en los primeros días del mes de enero el nuevo director general de Tráfico, Gregorio Serrano, comparecía para dar las cifras de la siniestralidad en carretera en 2016, unas cifras malas que rompían con 13 años de descensos continuados de víctimas, también anunció un plan urgente para mejorar la seguridad vial.

Desde esta columna hemos comentado en varias ocasiones que el problema fundamental en el tráfico por carretera en España es que aunque hay muchos departamentos implicados, los ministerios de Fomento, Industria, Hacienda o Educación entre otros, en realidad el único que asume todas las críticas es siempre la Dirección General de Tráfico (DGT), adscrita al Ministerio del Interior. Lo que ahora se ha presentado es un plan de actuación, con algunas muy buenas ideas para reducir la siniestralidad, pero por encima de todo hace falta que cada uno de los implicados en este plan cumpla con su parte en este complicado puzle.

Juan Ignacio Zoido, ministro del Interior (Emilio Naranjo/EFE)
Juan Ignacio Zoido, ministro del Interior (Emilio Naranjo/EFE)

En España hay muchas señales obsoletas que lo único que hacen es complicar y aturdir a los conductores, que no pueden procesar tanta información. Pero nadie las quita. La velocidad es un tema clave en la siniestralidad. Y por ello, desde hace más de 15 años la política de la DGT ha sido la de llenar las carreteras de radares, algo que ha servido como una medida de choque, pero que ya no es suficiente, como demuestran las cifras de siniestralidad. Dentro de este plan se aportan dos ideas que creo que son interesantes y que van más a la concienciación y menos a la multa. Por un lado, la indicación al conductor de la velocidad a la que circula en ese momento junto a la señal con el límite en ese tramo.

La otra opción, un poco más compleja, pero también creo que efectiva, es la de mostrar en los paneles de la carretera la matrícula del coche infractor y el aviso de que circula a una velocidad superior a la permitida. Además, el ministro ha advertido de que en los casos en los que se produzcan excesos graves de velocidad se dará conocimiento a los agentes o a los helicópteros que estén por la zona.

En general, muchos conductores no cumplen con los límites de velocidad, y hay que conseguir que se cumplan esos límites, como el resto de las normas. Si una carretera tiene un límite de 100 km/h, por ejemplo la M40 de Madrid, y nadie circula a menos de 110, incluso los camiones, no vale limitar a 90 o a 80 km/h porque seguirá sin cumplirse el límite.

Otro punto clave es el tema de los ciclistas, en el que se anuncia la puesta en marcha a medio plazo de un plan estatal de la bicicleta para abordar el tema en profundidad y con la participación de todos los implicados. La clave para solucionarlo es hacer todas las inversiones necesarias para que, en el futuro, ciclistas y conductores viajen ambos tranquilos y seguros por la carretera. Pero la primera aproximación creo que no es buena. Habrá señalización en los puntos en los que hay mayor frecuencia de ciclistas y se limitarán las velocidades de los coches en esos tramos.

Creo que el problema fundamental en las carreteras españolas es que poca gente respecta las normas, y si las carreteras están llenas de señales, cada una con una velocidad distinta, es imposible circular siempre a la velocidad establecida. Si hay un tramo en el que hay muchos ciclistas, la única solución aceptable es la de hacer un carril para esas bicicletas, para que circulen seguros y tranquilos y para que los coches no vayan arriesgando sus vidas cuando practican su deporte. Porque esos mismos ciclistas que ese día van tranquilos en su bici al día siguiente van en coche, con prisa y queriendo llegar al trabajo a su hora.

La única forma de solucionar el problema de la siniestralidad en España es conseguir una transversalidad entre los diferentes departamentos directamente implicados. Tiene que haber un organismo, que muy bien podría ser la DGT, que aglutine los esfuerzos de todos ellos en busca de un mismo objetivo: reducir las víctimas del tráfico. Se tiene que acabar la política cortoplacista de los cuatro años de legislatura. Hace falta un plan estatal de educación que contemple la educación vial obligatoria en todos los colegios, pero esa no es tarea de cuatro años. Y campañas de formación para los conductores, de las que el ministro también ha planteado ideas interesantes, como campañas divulgativas de concienciación y prevención, y recuperar el protagonismo de las víctimas al contar sus trágicas experiencias.

Porque aunque unos políticos quieren que vayamos en bicicleta, otros en metro y otros en coche, en realidad los ciudadanos queremos una buena movilidad, segura, de precio razonable y con continuidad en el tiempo. Y para eso, la única solución es la de un gran pacto de Estado por la seguridad vial, por la movilidad, para que cada ciudadano se pueda mover libremente como quiera, sin limitaciones más allá de las que plantea la libertad de los otros ciudadanos. Pero siempre respetando a los demás y las normas.

Se pueden conseguir ciudades limpias sin prohibir el coche, se pueden hacer grandes rutas ciclistas sin peligros, se puede potenciar la movilidad sostenible, se pueden hacer muchas zonas peatonales. Para ello solo hay que abrir la mente y aceptar también las opiniones de los demás. Pero yo les preguntaría, ¿de verdad creen que es posible en España, donde hemos hecho de la confrontación constante nuestro terreno de juego, llegar a un pacto de Estado sobre algo, sobre educación, sobre economía, sobre identidad nacional?
Automaníacos

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