Bob Schieffer, el presentador del popular Face the Nation de la CBS, ha moderado en Boca Ratón (Fl.) el tercer y último debate presidencial de las elecciones norteamericanas de este 2012. Esta serie de encuentros, que a priori se antojaban un trámite de relativa o mínima trascendencia para el actual presidente, se han convertido en el referente indiscutible de la campaña, y, el próximo 6 de noviembre veremos si como ocurriera con Kennedy o Reagan, determinantes.
El de hoy ha sido el menos intenso y competitivo de la serie. Era de esperar. A fin de cuentas las variaciones en política exterior norteamericana son mínimas -y en ningún caso radicales- indistintamente de que sea un candidato demócrata o republicano quien finalmente ocupa el Despacho Oval. Este ha sido, por ejemplo, el debate que en mayor número de ocasiones existía acuerdo entre ambos contendientes –ni tan siquiera indirectamente se ha mencionado se ha mencionado el tema del Consulado en Bengasi-, y los contados rifi-rafes se han producido cuando temas de índole doméstica interferían en los asuntos internacionales.
Los argumentos del candidato Romney se centraban en demostrar que el presidente no había actuado de forma enérgica en las cuestiones árabes y como consecuencia de ellos Irán estaba más cerca de desarrollar armamento atómico que hace cuatro años. Obama ha dejado claro desde el primer momento que es él el Comandante en Jefe y que en lo referente a política exterior su contendiente ha cambiado sus planteamientos de forma repetida.
Cuando Romney le ha reprochado que actualmente la armada norteamericana tiene menos barcos que hace unos años, el presidente ha contestado con ironía, “y también menos caballos y menos bayonetas”. La respuesta de Obama tenía que ver con los nuevos modelos de defensa estratégica y con las necesidades que plantean los propios mandos del ejército. Ha sido este, dicho sea de paso, el único momento de cierta hilaridad en un debate más bien aburrido, y que se ha centrado fundamentalmente en Oriente Medio durante tres cuartas partes con una mínima concesión a los asuntos chinos, desde una perspectiva económica, en la recta final. Rusia prácticamente olvidada; ni una sola referencia a Europa, Corea del Norte, Iberoamérica -Romney la ha citado de pasada para proponer un mayor acercamiento económico-; y África borrada del mapa, lo mismo que Cuba. A fin de cuentas, más que un debate sobre política exterior lo que ha estado encima de la mesa han sido temas de seguridad nacional desde una perspectiva internacional centrada en Oriente Medio.
Si de señalar a un ganador se trata, este ha sido, sin la menor duda, el Presidente Barack Obama. Ha sido él quien ha llevado la iniciativa quien se ha mostrado más seguro y resuelto en sus planteamientos. Pero también ahora podría plantear el mismo interrogante -con distinto sujeto- que utilicé para titular mi primera crónica de estos debates, ¿De verdad ha ganado Obama?
El planteamiento del debate, y la estrategia de cada uno de los contendientes, ha resultado claro desde el primer momento. Si algún logro puede esgrimir Obama después de cuatro años gobernando, tiene que ver con política exterior. No podía permitir que su adversario cuestionara sus actuaciones en Irak, Afganistan, o sobre la Primavera Árabe y desde el primer momento ha mantenido a raya a su adversario.
Pero el propósito de Romney no era ese; que Obama visitara o no Israel en su última gira por Oriente Medio, o las diferencias en cuanto al presupuesto destinado al ejército, no son en sí mismos temas de suficiente gravedad como para cuestionar el trabajo del presidente. Lo que Romney pretendía en este debate era subsanar la hipotética laguna respecto a temas internacionales. Y, en ese sentido, ha logrado su objetivo pues, en definitiva, se ha mostrado como alguien que, en caso de conseguir la victoria en menos de un mes, es capaz de manejar sin grandes sobresaltos las relaciones internacionales de su país sin plantear ninguna actuación descabellada respecto a Oriente Medio -hoy incluso se ha mostrado de acuerdo con la retirada de las tropas de Afganistán en el 2014-.
Más allá de los propios asuntos inherentes al debate, en el de esta noche se ha escenificado algo que ya adelantan algunas encuestas: es Romney quien lidera los últimos sondeos de opinión de voto. En el primer debate celebrado en Colorado la ventaja de Obama era clara y fue Romney quien atacó continuamente al presidente; en el de hoy los papeles se han cambiado definitivamente y era Obama quien hacía del ataque su mejor defensa. No creo que con este debate el 3% de indecisos que decidirán el resultado final decidan a quien darán su voto. Lo que sí ha quedado claro es que a Barack Obama le quedan tres semanas de verdadero suplicio hasta su hipotética reelección.
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LA OPINIÓN DE LOS LECTORES
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COMENTARIOS
2ignaro 23/10/2012 | 21:17
Romney u Obama, lo mismo me da que me da lo mismo. En América quien manda son las grandes corporaciones y la FED. El cuento de la democracia Americana ya no se lo cree ni el que asó la manteca, así que menos cuentos... Y si eso ocurre en Estados Unidos, qué no ocurrirá aquí, jajajajaj... En fin. Todas las épocas históricas tienen sus mitos, pero los mitos son eso precisamente, cuentos para adormecer niños...
1oveco 23/10/2012 | 13:28
ni una sola referencia a Iberoamérica
Decía Carlos Fuentes que detestaba a Bush, pero que valoraba positivamente que se hubiera olvidado de Hispanoamérica. Se refería a que ya no hubiese políticas del gran garrote, ni golpes de estado financiados por la CIA, ni apoyo a guerrillas anticomunistas. Ahora en el mundo hispánico somos dueños de nuestro propio destino, para bien o para mal, porque también sucede que ahora ya no podemos echarle la culpa de todos nuestros males al malvado imperialismo yanqui. El Imperio se ha olvidado de nosotros, así que nos toca asumir nuestra propia responsabilidad.
José Antonio Gurpegui (San Adrián, Navarra, 1958). Doctor en Filología Inglesa por la UCM (1987). Catedrático de Estudios Norteamericanos en la Universidad de Alcalá y Director del Instituto Franklin-UAH de Estudios Norteamericanos. Ha sido Visiting Scholar en la Universidad de Harvard (1994-1996) y director de REDEN (Revista Española De Estudios Norteamericanos).