Ha comenzado el curso académico en Estados Unidos y el presidente Obama, siempre alumno aventajado, quiere hacer los deberes desde el primer día. Si hace poco más de un par de semanas paralizaba la posibilidad de incrementar los intereses para los préstamos universitarios que amenazaban con alcanzar el 7% -actualmente en un 3,7%-, ahora acaba de anunciar su intención de condonar las deudas de los graduados. La propuesta reforma crediticia universitaria expuesta en la Universidad de Búfalo tiene una doble vertiente. Por una parte, interesa directamente al crédito solicitado por universitario; por otra, reforma el modelo de subvención para las universidades públicas.

En Estados Unidos, la inmensa mayoría de estudiantes universitarios -sean  indistintamente de centros públicos o privados- solicitan un crédito durante sus años de carrera. Los ahorros de las familias para tal fin, en muchos casos desde el nacimiento del hijo o hija en cuestión, no cubren el costo de los cuatro años de estudios, máxime cuando la movilidad estudiantil (menos del 50% estudia en la universidad más próxima a su domicilio) es algo común. Son habitualmente los fondos federales (en un porcentaje en torno al 90%) los que garantizan las cantidades concedidas. Las deudas acumuladas por los estudiantes superan el trillón de dólares; una media de 26.600$ por prestatario. Históricamente se trataba de cantidades perfectamente asimilables cuando un recién graduado se iniciaba en el mercado de trabajo; sin embargo, ahora que no resulta tan fácil encontrar un buen empleo, se está convirtiendo en un asunto de capital importancia que condiciona la edad de contraer matrimonio o el momento de adquirir una casa.

La tragedia de los préstamos universitarios para los 40.000.000 de personas que deben hacer frente a uno de ellos, puede resultar ser una excelente oportunidad política, tanto presente como futura, que Obama no dejará escaparLa subvención a universidades siempre se hizo teniendo como referente el número de matrículas. Si finalmente se aprueba la reforma se establecerá un ranking universitario considerando el número de graduados, el porcentaje de estudiantes con rentas bajas, o las deudas e ingresos de sus egresados. Las universidades todavía no han tenido tiempo de considerar la propuesta y pronunciarse al respecto, pero las consecuencias de una alteración sustancial en el singular modelo administrativo universitario norteamericano pueden acarrear consecuencias imprevisibles. La autonomía departamental universitaria es una realidad, como lo es la contratación y el salario de catedráticos según los méritos, o las sustanciosas donaciones y royalties que reciben los departamentos más prestigiosos. Alterar el modelo actual resultará tan complejo como arriesgado y pudiera marcar una diferencia insalvable entre universidades públicas y privadas (por no mencionar los community colleges).

Pero más allá de la necesidad de las reformas (desde 1980 el coste para cada universitario se ha incrementado en un 600%), la iniciativa tomada por Obama no deja de resultar tan populista como alguna de las frases pronunciadas en su discurso: “¿Qué hubiera sido de triunfadores como Bill Gates, Steve Jobs, Tom Hanks, Brad Pitt o Mark Zuckerberg sin su licenciatura? Esto es América, y en América siempre hemos creído en las segundas oportunidades”. No es sólo populismo; la tragedia de los préstamos universitarios para los 40.000.000 de personas que deben hacer frente a uno de ellos puede resultar ser una excelente oportunidad política, tanto presente como futura, que Obama no dejará escapar.

El apoyo universitario resultó fundamental en su primera elección y también fue importante en la reelección. Sin embargo, sus niveles de popularidad, de aceptación si se prefiere, acumulan continuos descensos en los últimos meses, llegando al 43% del pasado julio, y todo parece indicar que en agosto caerá por debajo del 40%. El caso de Edward Snowden, con quien puede identificarse cualquier universitario, le está resultando especialmente perjudicial en los campus y colleges. El espionaje y la injerencia estatal en la intimidad y vida privada del individuo no es algo que un intelectual asuma con facilidad, aunque sea a costa de salvaguardar su seguridad.

Pero más allá de la imperiosa necesidad de mejorar su imagen, el presidente no pierde de vista 2014, un año en que volverán a celebrarse elecciones para el Congreso y el Senado. La iniciativa que ahora se pone en marcha se haría realidad a inicios del curso 2014-2015, un par de meses antes de renovarse la mitad de ambas cámaras. Oportunidad irrepetible para alcanzar la mayoría en el Congreso garantizándose para la segunda parte de su legislatura la estabilidad que no tiene en este momento. Si por el contrario no alcanzara la deseada mayoría y además perdiera el Senado, el descalabro demócrata, y su fracaso personal, serían de los que hacen historia.