Cómo Trump está ayudando a la estrategia de China

Pekín ha llegado a la conclusión de que Trump en la presidencia de EEUU es lo mejor que podría haberle ocurrido a China en mucho tiempo. Estas son las razones

Foto: Un trabajador observa dos caretas de Donald Trump en una fábrica de Jinhua, en la provincia de Zhejiang (Reuters).
Un trabajador observa dos caretas de Donald Trump en una fábrica de Jinhua, en la provincia de Zhejiang (Reuters).

Quizás Donald Trump no ha atacado a ningún país con tanta dureza como a China. Durante su campaña electoral, bramó que China estaba "abusando" de EEUU, "matando" al país al devaluar su moneda artificialmente para lograr que sus productos sean más baratos. Desde que se convirtió en presidente electo, Trump ha mantenido conversaciones con la presidenta de Taiwán y ha continuado con su belicosidad hacia Pekín. Así que fue una sorpresa descubrir, durante un reciente viaje a la capital, que las élites chinas son relativamente optimistas respecto a Trump. Esto da una idea sobre su visión del magnate, pero dice mucho más sobre cómo ven su propio país.

"Trump es un negociador y la retórica es parte de su propuesta de apertura", me comentó un estudiante chino, que no quiso ser identificado (tal y como sucedió con la mayoría de políticos y expertos con los que pude hablar). "(A Trump) le gusta alcanzar acuerdos", continuó el estudiante, "y nosotros también somos buenos pactando. Hay varios acuerdos sobre comercio que podríamos cerrar". Tal y como me comentó un político, Pekín podría reconocer ante Trump que, ciertamente, es un "manipulador de divisas" -a pesar de que ha intentado apuntalar el yuan durante los últimos dos años-. Tras semejante confesión, a los mercados les gustaría provocar una devaluación de la moneda, reduciendo el precio de los productos chinos.

Políticos chinos señalan que su Gobierno también dispone de 'armas económicas'. China es un inmenso mercado para las exportaciones estadounidenses, y en 2016 el país invirtió más de 53.000 millones de dólares en la economía de EEUU, según Forbes. Pero la calma que muestran los políticos chinos procede del hecho de que el crecimiento de China depende cada vez menos de los mercados extranjeros. Hace una década, las exportaciones representaban un 37% del PIB chino. Hoy en día representan el 22%, y el porcentaje está en caída libre.

China ha cambiado. Las marcas occidentales ya son una rareza, y las propias compañías chinas dominan cada aspecto de una economía doméstica creciente e inmensa. Quedan pocos negocios asesorados por firmas estadounidenses. Las compañías tecnológicas están innovando constantemente, y los jóvenes chinos sostienen que las versiones locales de Google, Amazon y Facebook son mejores y más sofisticadas que las originales. El país se ha convertido en su propio universo.

Esta situación es, en parte, consecuencia de las políticas del Gobierno. Jeffrey Immelt, CEO de General Electric, señalaba en 2010 que China era hostil hacia las compañías extranjeras. Los gigantes tecnológicos estadounidenses han 'sufrido' en China por leyes, formales e informales, contra ellas.

El presidente electo durante una rueda de prensa en la Torre Trump, en Nueva York (Reuters).
El presidente electo durante una rueda de prensa en la Torre Trump, en Nueva York (Reuters).

El próximo paso en la estrategia de China es, aparentemente, explotar la ausencia de liderazgo que ha generado la retirada estadounidense en el comercio. A medida que Trump prometía proteccionismo y amenazaba con separar literalmente con un muro a EEUU de su vecino del sur, el presidente chino Xi Jinping realizó una gira por América Latina en noviembre, su tercer viaje a la región en cuatro años. Cerró más de 40 acuerdos, según Bloomberg, y prometió decenas de miles de millones de dólares en inversiones en la región, lo que se suma a un acuerdo de 250.000 millones cerrado en 2015.

El epicentro de la estrategia china se beneficia de la declaración de Trump sobre la muerte del Acuerdo Transpacífico de Cooperación (TPP). El acuerdo comercial, negociado entre EEUU y otros once países, redujo las barreras para el comercio y la inversión, impulsando a las grandes economías como Japón y Vietnam hacia una postura más abierta y legislada. Ahora China ha ofrecido su propia versión del pacto, una que excluye a EEUU y favorece la visión más mercantilista de Pekín.

Australia, que en su día fue un defensor clave del TPP, ha anunciado que apoya la alternativa de China. Pronto otros países asiáticos harán lo mismo. En la cumbre Asia-Pacífico celebrada en Perú en noviembre, John Key, antiguo primer ministro de Nueva Zelanda, describió la situación de una forma sencilla: "El TPP trataba de EEUU mostrando liderazgo en la región de Asia-Pacífico. Nos gustaría que EEUU siguiese en la región. Pero si no están allí, ese vacío debe llenarse, y será ocupado por China".

El discurso de Xi durante la cumbre fue extraordinario, y sonó más propio de un presidente norteamericano. Alabó el comercio, la integración y el aperturismo y prometió que ayudará a evitar que los países se cierren al comercio y la cooperación global.

La próxima semana, Xi se convertirá en el primer presidente de China que acude al Foro de Davos, seguramente con la intención de reforzar el mensaje del liderazgo global chino en el comercio. Mientras, los líderes occidentales están perdiendo sus roles tradicionales. Angela Merkel y Justin Trudeau anunciaron en el último minuto que cancelaban su programada intervención en la cumbre. Trump solo ha realizado comentarios despectivos hacia la globalización y ningún miembro de su actual equipo acudirá a Davos.

Viendo sus tweets, parece que Pekín ha llegado a la conclusión de que Trump en la Casa Blanca es lo mejor que podría haberle ocurrido a China en mucho tiempo.

El GPS global

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