Las consecuencias de América Primero: adiós a 70 años de política exterior de EEUU

Trump parece aún más radical en política exterior que en la interior. Está poniendo en práctica ideas que apartarán a Estados Unidos del centro de un sistema internacional basado en las normas

Foto: Activistas protestan en el Portland International Airport contra el veto migratorio impuesto por Trump. (Reuters)
Activistas protestan en el Portland International Airport contra el veto migratorio impuesto por Trump. (Reuters)

En sus primeros días de ejercicio, Donald Trump ha empezado a revertir las políticas domésticas de los ocho años anteriores. Pero respecto a la relación de EEUU con el mundo, Trump parece bastante más radical. De palabra y de hecho, parece estar apartándose de la idea de una América como centro de un orden internacional basado en las normas. Eso sería un cambio en más de 70 años de política exterior estadounidense.

En un ensayo en 'The New York Review of Books', Jessica Mathews señala que, desde 1945, los estadounidenses de ambos partidos han aceptado tres principios. Primero, que la seguridad de EEUU mejora con sus amplias y profundas alianzas en todo el mundo. Segundo, que una economía global abierta no es un juego de 'suma cero' sino que más bien permite a EEUU prosperar, y a otros crecer. Y finalmente, mientras se discute sobre si se deben tolerar las dictaduras, convivir con ellas o enfrentarse a ellas, en todo caso hay una fe en la democracia y sus ventajas. Mathews advierte de que, desde hace ya 30 años, Donald Trump ha atacado estas ideas como ingenuidades costosas que han permitido que el mundo destripe a América.

Dada la magnitud del cambio de política, merece la pena recordar por qué EEUU adoptó este enfoque de mirar al exterior. Todo empezó con Franklin Roosevelt, como explica Nigel Hamilton en su excelente libro 'Commander in Chief' ('Comandante en jefe'). En 1943, mientras la victoria era todavía una perspectiva lejana, Roosevelt empezó a imaginar un sistema internacional de posguerra. Hamilton describe de forma brillante la clarividencia, determinación y habilidad de Roosevelt a la hora de establecer un nuevo orden mundial.

Ninguno de sus aliados clave durante la guerra estaba demasiado interesado en ese enfoque. Josef Stalin, un autócrata comunista, se resistió a muchas de sus ideas, y Winston Churchill estaba obstinadamente decidido a mantener el dominio de Reino Unido sobre su vasto imperio. Roosevelt quería algo diferente: establecer una paz duradera en la que la libertad pudiese florecer. Eso significaba la rendición incondicional de Alemania y Japón, para limpiar el paisaje del fascismo y el militarismo. Y eso significaba que Reino Unido y Francia tendrían que descolonizar Asia y África. Roosevelt despreciaba el sistema de explotación colonial, y creía que en último término había creado las condiciones que habían llevado a la revolución y a la guerra. También quería un comercio abierto, en lugar del ruinoso proteccionismo de los años treinta. Para asegurar todo eso, comprendió que EEUU necesitaría estar permanentemente implicado en el mundo como nunca lo había estado antes.

El presidente Donald Trump, durante una reunión con empresarios en la Casa Blanca, Washington, el 30 de enero de 2017. (Reuters)
El presidente Donald Trump, durante una reunión con empresarios en la Casa Blanca, Washington, el 30 de enero de 2017. (Reuters)

Hamilton describe vívidamente cómo, mientras dirigía la estrategia militar del mayor conflicto de la historia de la humanidad, Roosevelt siempre mantuvo el ojo puesto en la planificación de la posguerra. Con el Congreso y el público todavía recelosos de la participación estadounidense en la guerra, hizo malabarismos con varios planes y propuestas para asegurarse de que esta vez, a diferencia de la Primera Guerra Mundial, EEUU ayudaría a mantener la paz. Necesitaba el apoyo de Churchill y Stalin, razón por la que siguió dando vueltas por el mundo para encontrarse con ellos en grandes cumbres (para entender el esfuerzo de Roosevelt, téngase en cuenta que su viaje para encontrarse con Churchill en Casablanca en 1943 implicó un largo viaje en tren a Miami, un vuelo de 10 horas a Trinidad, un vuelo de nueve horas a Brasil, un vuelo de 19 horas a Gambia y finalmente un vuelo de nueve horas a Casablanca. Todo eso para un hombre que estaba paralizado, tenía problemas de corazón y no había tomado un avión desde 1932).

Muchos historiadores han señalado que vivimos un tiempo sin precedentes. El periodo desde 1945 ha estado marcado por la ausencia de guerras entre los principales poderes mundialesLa visión de Roosevelt de un sistema global no funcionó exactamente como había esperado, sobre todo debido a la Unión Soviética y su comportamiento tras la guerra. Pero mucho de ello se concretó, de las Naciones Unidas a un sistema global abierto de comercio, pasando por la descolonización de los imperios europeos. Y el gran ausente de la visión de EEUU, la URSS, se hundió en 1991.

Los resultados han sido espectaculares. Muchos historiadores han señalado que vivimos un tiempo sin precedentes. El periodo desde 1945 ha estado marcado por la ausencia de guerras entre los principales poderes mundiales. La mayor parte de la historia humana anterior es un relato de mercantilismo económico, conflicto político y guerras repetidas. Desde 1945, hemos vivido en lo que John Lewis Gaddis llamó “la Larga Paz”. Durante la Larga Paz, hemos tenido también décadas de incrementos en las ganancias, y en los estándares de vida y salud a lo largo y ancho del mundo, incluyendo los Estados Unidos.

Mientras Roosevelt empezaba a diseñar su sistema, él era el disidente. Las ideas políticas dominantes en EEUU en aquella época estaban representadas por un movimiento llamado América First (América Primero). Nativista, aislacionista y antisemita, el movimiento sostenía que unos Estados Unidos orientados hacia el exterior eran una política de perdedores. Tuvieron que llegar Hitler y la Segunda Guerra Mundial para que los estadounidenses reconociesen que, para un país del tamaño y escala de EEUU, el aislamiento y los intereses propios de cortas miras acabarían por conducir a la inseguridad global y al desastre. Y uno se pregunta qué se necesitará para que los partidarios del América Primero de hoy vuelvan a aprender la misma lección.

El GPS global

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