Olvídense de los hechos, disfruten el circo de Trump

Hasta ahora, Trump se ha comportado exactamente como en el pasado: se ha vendido a sí mismo como un hombre de acción, haciendo poco más que promover una imagen

Foto: La Primera Dama, Melania Trump, durante un mitin de su marido en Merlbourne, Florida, el 18 de febrero de 2017 (Reuters).
La Primera Dama, Melania Trump, durante un mitin de su marido en Merlbourne, Florida, el 18 de febrero de 2017 (Reuters).

Digamos que usted votó a Trump y, por tanto, posee las cualidades que generalmente escuchamos: es un estadounidense honesto y trabajador que soportó el comportamiento inusual de Trump porque deseaba un presidente que dejara de jugar con las maniobras políticas de Washington, que convirtiera la obsesión del empresario en acción y resultados y se enfocara en la economía. ¿Cómo está funcionando todo en su opinión?

Las primeras semanas de la Administración Trump han sido una ilustración de verso del escritor Alfred Montapert: “No confundan el movimiento con el progreso. Un caballo balancín se sigue moviendo pero no realiza ningún progreso”. Estamos siendo testigos de la presidencia de un caballo balancín en la cual todo el mundo se mueve a sacudidas de acá para allá, frenéticamente, y, sin embargo, no hay ningún movimiento hacia delante.

Desde que ganó las elecciones, Donald Trump ha dominado las noticias casi todos los días. Ha elegido pelearse con los medios de comunicación, realizando una serie de declaraciones, extrañas y falsas en su mayoría, sobre la magnitud de su victoria, las cifras del público en su inauguración, del tiempo ese día, del número de votos emitidos ilegalmente... Ha obtenido fotografías con todo el mundo, desde Kanye West y Jack Ma hasta Shinzo Abe y Justin Trudeau. Ahora está enredado en una controversia con respecto a sus vínculos con Rusia. Pero en medio de todo esto, ¿qué ha hecho exactamente? Casi nada.

El jueves, Trump dijo en una rueda de prensa: “Nunca ha habido ninguna presidencia que haya hecho tanto en un período de tiempo tan corto”. Matthew Yglesias, de Vox, observa que a estas alturas de su presidencia, Obama había promulgado un estímulo económico de casi 1.000 millones de dólares para reavivar la economía, había extendido el seguro médico a 4 millones de niños y había facilitado la lucha contra las prácticas laborales injustas. En sus respectivos primeros 100 días en ejercicio, Bill Clinton había promulgado 24 leyes; John Kennedy, 26; Harry Truman, 55; y FDR, 76 -a pesar de tener una Cámara de Representantes y Senado republicanos, no parece probable que Trump introduzca 10-. Yglesias señala que la Casa Blanca de Trump ni siquiera ha comenzado con las discusiones serias con el Congreso con respecto a la legislación importante. El periódico 'The Washington Post' comenta que de las 696 posiciones fundamentales que requieren confirmación del Senado, el presidente aún debe nombrar 661 de ellas.

Trump ha emitido una serie de órdenes ejecutivas con gran algarabía (menos que Obama a estas alturas). No obstante, son en su mayoría proclamaciones de palabras huecas, grandilocuentes, que mandan a alguna agencia a “revisar” una ley, a “rendirle cuentas”, a “considerar” alguna acción o reafirmar alguna práctica antigua. Su orden que tuvo eficacia, el veto migratorio temporal, fue concebida y redactada con tal pobreza que quedó trabada en el sistema judicial y deberá ser rehecha o abandonada. En un artículo reciente en la revista 'Politico Magazine', Zachary Karabell analizó cuidadosamente todas las órdenes ejecutivas y proclamaciones presidenciales y concluyó: "Hasta ahora, Trump se ha comportado exactamente como lo ha hecho a lo largo de su carrera previa. Ha generado una atención intensa y se ha vendido a sí mismo como un hombre de acción, haciendo poco más que promover una imagen suya de alguien que logra que las cosas funcionen”.

El historiador Douglas Brinkley señala que Trump es una criatura de tele-realidad, para la cual las dos reglas primordiales son: mantén siempre la cámara enfocada en ti y mantente siempre interesante. El presidente ciertamente lo ha logrado. Pero ¿qué hay sobre lo que prometió a sus votantes? ¿Qué hay sobre los planes para reindustrializar la llanura central de Estados Unidos, volver a traer trabajos y reavivar las industrias de carbón y acero? ¿Qué hay, en este sentido, de sus compromisos explícitos de que "en el primer día” comenzaría a “alejar a inmigrantes ilegales criminales” y además “calificar a China de manipuladora de divisas”, “impulsar una enmienda constitucional para imponer plazos limitados a todos los miembros del Congreso” y “deshacerse de zonas libres de armas en colegios y ... bases militares?”. Todo esto fue prometido. No se ha hecho casi nada.

Hay dos aspectos de la presidencia de Trump. Está el “Freak Show”, los tuits, las afirmaciones disparatadas, los hechos falsos, las peleas con cualquiera que se niegue a seguirlo (los medios de comunicación, los jueces) y la autopromoción incesante. Pero luego se encuentra Trump, el empresario eficaz, que nombró a personas inteligentes como Gary Cohn, Rex Tillerson y James Mattis en puestos claves, y quien ha formulado, a veces, un serio programa de reforma. Para varias personas, el trato con la presidencia de Trump consistía en que aguantarían el “Freak Show” para obtener una reforma de los impuestos, los proyectos de infraestructura y la desregulación. Esto podría llevarse a cabo todavía. Sin embargo, hasta ahora, por lo menos, la “reality TV” avanza a toda vela y no están pasando grandes cosas en el ámbito de la política seria.

El votante en Ohio o Míchigan podría bien preguntarse cómo luchar contra los medios de comunicación provocará la creación de empleos en su región o cómo la agresión al poder judicial ayudará en la creación de programas de reentrenamiento para trabajadores despedidos. Sin embargo, tal vez Donald Trump, quien admite libremente que obtiene toda su información de la televisión, posee una opinión televisiva de la presidencia. El punto es ser visto haciendo cosas. Los romanos decían que la manera de mantener a la gente contenta era darles “pan y circo”. Hasta ahora, todo lo que hemos obtenido es el circo.

La dirección electrónica de Fareed Zakaria es comments@fareedzakaria.com.

© 2017, The Washington Post Writers Group

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