Día Cuatro: el buen humor del líder que nos ha metido en Macedonia

Ninguno de los pasos que damos sería sobre seguro si Firaz no viniera con nosotros. El hombre que regresó de Suecia para ayudar a sus compatriotas ha logrado que entremos en Macedonia

Ninguno de los pasos que damos sería sobre seguro si Firaz no viniera con nosotros. Desde Turquía, al atravesar Grecia y a la hora de cruzar la frontera con Macedonia, observo que todos los grupos van encabezados por un guía. En ocasiones es un amigo de la familia; otras, un conocido más veterano, más experimentado. Pero a veces se trata de un hombre a sueldo de los archinombrados traficantes de personas. A menudo la línea que lo delimita no está suficientemente clara.

Durante los últimos años de guerra, son muchos los jóvenes sirios que han sacado brillo a sus habilidades. Firaz, el hombre que regresó de Suecia para ayudar a sus compatriotas en su éxodo hacia el norte de Europa, parece ser uno de ellos. Conoce el camino, los medios de transporte, los precios y los trucos para encontrar “una ruta segura”. Todos recurren a él cuando no saben qué hacer: “Firaz, Firaz, pregúntale a Firaz". Compra la comida, reserva el hotel, recoge los billetes de autobús y capitanea al grupo de, ahora, 14 personas. Firaz siempre sabe qué debemos hacer. 

Firaz, el líder del grupo, en el ferry hacia el Pireo.
Firaz, el líder del grupo, en el ferry hacia el Pireo.

Al llegar a Atenas, nuestro líder condujo al grupo hasta un hotel en las calles traseras de Amonia, un barrio de la capital. Era la primera vez que dormían en una cama desde que dejaron Estambul. Ahí nos esperaban otros dos acompañantes, Aid y Gigi, dos jóvenes sirios que harán el resto del viaje hacia Alemania con nosotros. “Es importante que el grupo sea lo más grande posible”, me explica Gigi.

Caminamos hasta una calle de Atenas donde el dueño de un café, también recién llegado de Siria, prepara una ruta en autobús que nos conducirá directamente hasta la frontera con Macedonia. Firaz se encarga de recoger los documentos de todos y de hacérselos llegar al conductor. Cuando le pregunto al chófer qué compañía está a cargo de esta línea, le dice a los demás que no le haga preguntas. Parece que se ha construido toda un pequeña red en Atenas para enviar a los refugiados hacia el norte.

“Mira, yo vine en barco grande”, me explica Gigi mientras muestra una foto de una embarcación abarrotada por 200 pasajerosEsa es la opción cara, la alternativa más segura para cruzar hasta Grecia. Son barcos pesqueros de madera. ¿El precionbsp;2.700 dólares. Desde el asiento trasero, nuestro guía, Firaz, me explica que todos han dejado sus pasaportes en Atenas. “No queremos que, si nos pillan en Macedonia, Serbia o Hungría, las autoridades se queden con nuestros documentos. Por eso, cuando lleguemos a Alemania, alguien nos los enviará por correo”.

"Soy el hombre multiusos"

Nuestro líder es, sin duda, el gracioso del grupo. Todos le ríen los chistes, le corean y responden a sus órdenes sin vacilar. Bromeando me dice, “soy el hombre multiusos”, y me cuenta un dicho sirio que viene a decir: "No importa en qué botón aprietes, siempre voy a hacer ring". El grupo estalla de risa.

Los tres autobuses llegan al pueblo de Eyzonoi, mientras la policía espera en la puerta. Nadie en el grupo opone resistencia cuando el conductor griego espeta “¡Venga, ahora! ¡Buena suerte a todos!”, mientras se despide de algunos de los pasajeros. Antes de marcharse se acerca a Firaz y le da el número de nuestro grupo. En este pueblo griego norteño no deja de llover. Todos recogemos las maletas y, agrupados, comenzamos a caminar hacia las vías del tren, que delimitan la frontera con Macedonia.

Las tiendas en las que dormimos antes de cruzar a Macedonia (Foto: P. Cebrián).
Las tiendas en las que dormimos antes de cruzar a Macedonia (Foto: P. Cebrián).

La tormenta arrecia con fuerza y es imposible cruzar. Firaz ofrece una segunda vía: atravesar corriendo por un maizal. Nos apresuramos para avanzar en fila detrás de él pero, de pronto, unos perros se acercan ladrando para atacarnos. Desistimos. La lluvia no permite terminar la operación y “nuestro guía” nos lleva a los andenes de la vieja estación. “Hay que pasar aquí la noche”, nos indica, mientras saca las tiendas de campaña. “Mañana, esté como esté el día, pasaremos corriendo hasta Macedonia”.

Firaz, el protector del grupo, el hombre que todo lo resuelve, no mentía. Hace unas horas hemos logrado cruzar la frontera. Estamos en Macedonia.

 

Día Tres: "Esto sabe a victoria". Los hermanos llegan a Atenas

Día Dos: ¿Qué metieron en la maleta? Sana, una joya y poesía.

Día Uno: Izmir, una familia en el punto cero.

 

En ruta con los refugiados sirios

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