El 23% de los alemanes cobra sueldos tan bajos que no llegan a mileuristas

El lumpenproletariat renace en Alemania. El 23 por ciento de los ciudadanos de este país cobra sueldos bajos, tan bajos que no llegan a mileuristas. Según

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    El lumpenproletariat renace en Alemania. El 23 por ciento de los ciudadanos de este país cobra sueldos bajos, tan bajos que no llegan a mileuristas. Según un estudio de la Universidad de Duisburg-Essen, ocho millones de personas cobran menos de 9,15 euros brutos por hora. 4,1 millones menos de 7 euros, 2,5 millones menos de seis y 1,4 millones menos de cinco euros la hora trabajada. Curiosamente, los salarios miserables han aumentado más en los Länder occidentales, los más ricos, (un 68 por ciento) que en los orientales (la antigua RDA) en los últimos quince años.

    Estas son las consecuencias de la reforma laboral que entró en vigor en el año 2005 y de la negativa oficial a introducir un salario mínimo profesional. Y demuestran que, en contra de lo que se afirma en España, en la República Federal se crean puestos de trabajo, sí, y la tasa de paro es de un 6,7 por ciento, pero se crea sobre todo empleo de baja calidad, con sueldos bajos o muy bajos, trabajos temporales o trabajos mercenarios y precarios proporcionados por agencias de colocación o intermediarios, sin ninguna garantía de futuro. Así cualquiera puede ser competitivo en Europa, chinos aparte.

    Casi al mismo tiempo los alemanes han sido informados de los sueldos de los grandes ejecutivos de este país en el año pasado: Martin Winterkorn, el jefe de la Volkswagen, ganó 16,6 millones de euros; Peter Löscher, el jefe de Siemens, 8,7 millones. Dieter Zetsche, de Daimler, otros 8,7 millones. Grandes empresas, grandes sueldos. Nada comparable con el salario de la canciller Merkel, 196.000 euros anuales. O los casi 200.000 euros anuales de pensión vitalicia asignados al dimitido presidente federal Christian Wulff, imputado por corrupción. 200.000 euros por apenas dos años en el cargo.

    Sociedades injustas que se pueden volver violentas

    La gente empieza a estar harta de esas enormes diferencias, de esta sociedad tan injusta y moralmente tan cuestionable que está viendo nacer. ¿Por qué no una pensión vitalicia y generosa también para médicos, enfermeras, bomberos, maestros, profesores, etc? ¿Por qué se niegan subidas salariales de un 5,8 por ciento a los empleados públicos, ahora que la economía va bien, cuando, con la inflación, sus salarios apenas han subido en los últimos años? El sociólogo Wilhem Heitmeyer ha hecho un estudio a lo largo de los últimos diez años sobre el estado psicológico de los alemanes y ha llegado, entre otras, a esta conclusión: el 58 por ciento cree que la sociedad se ha hecho más injusta y menos solidaria.

    A pesar de la propaganda oficial y de lo que se cree en el extranjero, los alemanes experimentan un creciente malestar ante este nuevo mundo, en el que sólo las élites políticas y económicas, encapsuladas en sus propios círculos, parecen disfrutar de privilegios y de un futuro asegurado. Nadie puede descartar que todo este fondo de malestar y de disgusto se pueda transformar un día en violencia.

    La sociedad alemana, cualquier sociedad, no puede crecer sana si los valores dominantes son la codicia, el egoísmo y los principios –tan españoles, por otra parte- del ‘sálvese quien pueda’ y ‘el que venga detrás, que arree’. El país más rico de Europa no puede estar orgulloso de la reaparición del lumpenproletariat al que se refirieron Marx y Engels. Y de que sus clases medias se sientan cada vez más inseguras. Ese lumpenproletariat, ya lo advirtió Karl Marx, puede ser la carne de cañón perfecta para los reaccionarios y los populistas de todo tipo. Lo estamos viendo en Francia, con un Sarkozy ya en campaña electoral que amenaza con cerrar fronteras de nuevo para no dejar entrar a los pordioseros de otros países. Lo vamos a ver hoy en Budapest, día de Fiesta Nacional, donde Viktor Orban, el primer ministro húngaro, agitará esta tarde a las masas contra esa Europa que trata de manera diferente el déficit público húngaro y el español y les castiga con no darles fondos comunitarios. No sólo el lumpenproletariat está de regreso, también los caudillos con sus soluciones simplonas...Tiembla Europa. 

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