
¿A qué teléfono llamó el Comité del Nobel ayer para notificar a la Unión Europea que había recibido el Premio de la Paz? ¿Por qué un país que por dos veces ha rechazado entrar en la Unión Europea concede a esta institución ese galardón precisamente en el momento en que atraviesa su más profunda crisis? ¿Quién va a cobrar los 925.000 euros del premio? Sean cuales sean las respuestas, lo que se puede decir es que Oslo ha concedido un premio mirando hacia atrás en el tiempo, hacia lo logrado por Bruselas y por los 500 millones de personas que pertenecen a la Unión en los últimos decenios. Un premio que ha de ser visto como una advertencia para que profundice en lo conseguido, y no en su desmantelamiento. Este continente tantas veces empapado y desgarrado por la sangre, las guerras -frías y calientes-, las rivalidades y los conflictos, lleva 60 años en paz y representa todavía unos valores y un estilo de vida envidiable, si bien la crisis está ahora poniéndolos no sólo en cuestión sino en serio peligro.
EL Nobel puede ser un recordatorio para todos los europeos -sobre todo para los más jóvenes- de lo que han conseguido en este último medio siglo y que parecen olvidar: la reconciliación entre Francia y Alemania, la integración de antiguas dictaduras (Grecia, Portugal y España) en una Unión que les daba la etiqueta de demócratas y les inundaba con fondos de ayuda, la incorporación de los países sometidos al comunismo a una Europa abierta y, sobre todo,libre; la lenta incorporación de los Balcanes en una comunidad donde no caben las masacres ni los nacionalismos violentos.
Las múltiples debilidades de la UE
Pero las alegrías por este premio inesperado no pueden ni deben ocultar la profunda crisis que atraviesa la Unión Europea. Una Unión en la que uno de sus valores primigenios, la solidaridad, está siendo puesta día en día en cuestión por los ciudadanos y los gobiernos de los pueblos más ricos, que se permiten soñar con una división de uno de los principales símbolos de esa unidad, el Euro. Una Unión conducida malamente por unos políticos aterrorizados ante unos mercados a quienes no han sido capaces de meter en cintura;que no sólo no han cumplido con sus promesas del año 2009 y siguientes de acabar con las piruetas peligrosas de las especulación sino que se han plegado ante el enemigo, manteniendo y perseverando en las políticas económicas que convienen a esos mercados y que han llevado a la recesión a la mitad de países de la Eurozona. Una Unión que va camino de perpetuar un continente y una sociedad muy alejada del estado de bienestar que conoció Europa en los años ochenta y noventa y que era uno de sus mayores orgullos; un mundo nuevo en el que los ricos serán cada vez más ricos y los pobres- muchos ex clase media- formarán un nuevo proletariado al que nadie defenderá ni ofrecerá alternativas, porque lo social es, por lo que se ve, algo impagable y, sobre todo, muy poco cool y menos rentable. Las políticas de crecimiento parecen hoy por hoy un sueño utópico que se aplicarán, tal vez, sobre tierras ya quemadas e improductivas. Parece mucho más prioritario conseguir la Unión Bancaria –que Alemania pretende ahora frenar- y esa Unión Fiscal que traerán consigo, ojalá, la definitiva Unión Política. Entonces sí que tendrían derecho los políticos europeos a otro Premio Nobel.
Es ésta una Europa que es cada vez menos plural y menos democrática. En la que parece que sólo uno -o, mejor dicho, una -manda y los demás obedecen. En la que, como muy bien ha recordado el Tribunal Constitucional alemán, los Parlamentos Nacionales son ignorados por unos políticos que pactan decisiones trascendentales en las esquinas de las reuniones comunitarias o en encuentros bilaterales sin luz ni taquígrafos. Una Europa sin peso diplomático en el mundo, un softpower sin mordiente, que intenta compensar su falta de perfil a base de costosos programas de cooperación y ayuda internacional. Una UE que está acabando con sus propios principios para pretender luchar contra los efectos de la globalización y donde las muestras de protesta y de miedo toman la forma de no sólo manifestaciones callejeras (en algunos casos demonizadas por los gobiernos criticados) sino de nacionalismos, populismos y xenofobia. Europa está enferma, y este Premio Nobel es un premio nostálgico a aquello que está dejando de ser.
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LA OPINIÓN DE LOS LECTORES
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COMENTARIOS
9bloki 13/10/2012 | 20:59
En el régimen democrático pseudoamericano/europeo y masónico, todo huele a podrido. Los nobel no son nincuna excepción.
Pero como le dijo el general Maximo a Comodo. Tus dias de gloria estan contados. Por supuesto que a las buenas o por las malas ASIA, todo el continente , es un valor fuertemente al alza, por su economía y su cultura. Europa esta en puto declive, rodando en pendiente del 70%
8vicalmal 13/10/2012 | 19:55
Premio ¿a quien?. ¿A una serie de incompetentes que no han sabido seguir el camino de los grandes europeistas?. Todos han promocionados las diferencias etnicas en vez de fomentar y unir las culturas y la historia. Europa, la europa de Victor Hugo. Desde los Urales hasta el estrecho de Gibraltar. Esa Europa, llena de cultura, de arte , de imaginacion, la han convertido en una europa comercial, donde solo interesa el Euro y donde se puede ganar mas. Las diferencias culturales, religiosas y cientificas no se han aproximado, todo lo contrario no se ha tratrado que sean entendidas como un todo. Esta situacion no se merece un premio. Es candidata a una restructuracion de valores.
7nelme 13/10/2012 | 19:00
Si Alfred Nobel levantara la cabeza, suprimiria los premios.
Es una burla dar el NMobel de la Paz a una UE, que ni es unión ni nada, solo traa de ser un territorio gobernado por la Alemania de Angela Merkel.
Un premio absurdo a una UE donde sus habitantes de Grecia, de Italia, de España, de Portugal, se manifiestan una y otra vez y mantienen una "guerra" abierta con la policía, y con el aplauso de la UE.
UN premio que solo se entiende comprado al igual que cuando se dió a Obama mienras mantiene s sus ejercitos en guerra en paises del Oriente Medio.
¿Que concepto tiene la Fundación Nobel de lo que es la Paz
5Lawally 13/10/2012 | 15:57
Este premio revela una desconocida faceta de los catedráticos suecos: el humor absurdo. No es más que una humorada. Desconocer la participación de Europa en Afganistán, en Irak, en Libia, en Siria..., no puede ser otra cosa que una humorada. Desconocer el rol de proveedor de armas de Europa, armas que dirimirán mediante la fuerza guerras absurdas, es consecuente con lo anterior. ¿Inglaterra tendrá que ver con la UE? ¿Francia? ¿Aznar fumando el habano con Bush, tenía algo que ver con España? Un chiste, un poco caro, pero chiste al fin.