Las deudas del banquero del mundo

China parece tener una capacidad ilimitada para prestar dinero. Sólo en la última semana ha ofrecido mil millones de dólares a varios países del Caribe, ha

China parece tener una capacidad ilimitada para prestar dinero. Sólo en la última semana ha ofrecido mil millones de dólares a varios países del Caribe, ha entrado en negociaciones con Roma para comprar deuda pública italiana y su primer ministro, Wen Jiabao, ha prometido en la sesión de apertura del Foro del Dalian que Pekín seguirá arrimando el hombro con nuevos desembolsos.

Nada nuevo. Hace tiempo que se habla del gigante asiático como el ‘banquero del mundo’, principal tenedor de deuda estadounidense e inversor con liquidez en tiempos de crisis. Su Gobierno, temeroso de que un nuevo descalabro de Occidente arruine sus exportaciones, ofrece billetes con una mano mientras con la otra acusa y critica. Si el mes pasado se le pidió a Estados Unidos que “cure de su adicción a la deuda”, ayer, en Dalian, Wen Jiabao aleccionó a las democracias occidentales para que aprendan a “poner la casa en orden”.

Sobre los motivos que tiene el régimen para financiar el nivel de vida de países donde se vive infinitamente mejor que en China ya hemos hablado en este blog. Y en su discurso inaugural en Dalian, Wen Jiabao ha dado alguna que otra pista más, dejando caer que quizá Europa y Estados Unidos tendrían que ayudarles también a ellos. Por ejemplo, levantando las barreras anti-dumping que pesan sobre muchos de sus productos.

Pero dentro y fuera de China algunos analistas creen conveniente interesarse por las cuentas del prestamista. ¿Cómo de endeudado está el banquero del mundo? Y es que aunque los números rojos del Gobierno central son casi anecdóticos, la situación de las provincias y los bancos es bien distinta. La agencia de calificación Fitch mandó un aviso la semana pasada, haciendo notar que han superado ya los 1,6 billones de dólares, lo que equivale a cerca de un 25% del PIB chino. Y Moody´s mostró temores parecidos en julio.

El vicepresidente del Instituto de Ciencias Fiscales chino, Liu Shangxi, me dio la versión oficial esta semana en una entrevista. “Es verdad que hay algunos gobiernos locales que acumulan una deuda muy alta, pero en un país tan grande no es nada extraño. Lo importante es que la situación está bajo control. Además, si juntamos la deuda de Gobierno central y regionales, no superamos el 50% del PIB, mientras que en EEUU es del 100, en Japón del 200… Y eso cuando nuestra economía sigue creciendo”.

“China tiene peor pinta que Grecia”

Esta versión de los hechos ha sido rebatida por numerosos expertos en los últimos meses. Gordon G. Chang, columnista de Forbes, resumía todas las críticas en una reciente y apolítica columna, asegurando que la deuda real de las administraciones y bancos chinos es muy superior a lo que admite oficialmente su Gobierno, por la existencia de “deudas ocultas”. “Dragonomics, una respetable consultora con base en Pekín, asegura que la deuda de China es en realidad del 89% del PIB. Y lo que es peor, un creciente número de analistas piensan que el ratio es en realidad del 160%. A este nivel (de endeudamiento) astronómico, China tiene peor pinta que Grecia”.

Las “deudas ocultas” de las que habla Chang se relacionan con el ingente paquete de estímulo aprobado en Pekín en 2008 para sortear la crisis. Con tal de mantener a flote la economía, el Gobierno forzó a muchos bancos a financiar proyectos inviables, la mayoría relacionados con enormes proyectos inmobiliarios e infraestructuras, agravando de paso la supuesta burbuja inmobiliaria que pende sobre el futuro del país.

Aunque a veces retratamos al gigante asiático como un coloso con plata suficiente para comprar el mundo dos veces, las preocupaciones internas son muchas y crecientes. Su desaceleración económica se considera un hecho y la nueva velocidad que alcanzará el país en esta segunda fase es motivo de intenso debate. Impulsándose sobre los precios del ladrillo, quienes no dejan de ganar son los millonarios chinos, que se ha duplicado en número en los últimos dos años. Las desigualdades se disparan y la inflación desbocada no da un respiro a los más humildes. Según han admitido alguna vez las propias autoridades, resultará difícil mantener el modelo actual y garantizar la estabilidad social si se empieza a crecer por debajo del 8%.
Historias de Asia
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