La deslocalización a la inversa: China quiere fabricar en Europa

Es la historia de siempre: los costes se disparan y los ejecutivos de la multinacional empiezan a pensar cómo trasladar parte de la producción a
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    Es la historia de siempre: los costes se disparan y los ejecutivos de la multinacional empiezan a pensar cómo trasladar parte de la producción a otro país donde salga más barato. Esta vez, sin embargo, los roles están intercambiados: hablamos de una empresa china que baraja alternativas para  fabricar en Europa. Se trata de Haier, la primera marca de electrodomésticos del planeta, con una cuota de mercado del 7,8%, cifra sostenida sobre su enorme penetración en el país con más consumidores del mundo, China. La multinacional se encuentra en plena expansión internacional (está presente ya en 165 países) y una de las últimas plazas por conquistar es la europea, donde lleva presente años y donde poco a poco está consiguiendo hacerse un hueco.

    Sucede que la fórmula mágica de fabricar en China para vender en Europa lleva años encareciéndose. Y en los últimos meses se ha disparado. The Economist  abordó el tema recientemente con uno de esos titulares rotundos que tanto le gustan a sus editores. Anunciaba “el fin de la China barata”  y desmenuzaba el cacareado aumento de los costes laborales chinos, que casi se equiparan ya al de algunos países de Europa del Este. Desde 2002, por ejemplo, crecieron un 14%  anual en el área de Shangai y un 12% en la de Cantón. Aún con todo, siguen siendo muy inferiores a los de la eurozona y Estados Unidos. En Haier, por ejemplo, los sueldos base siguen por debajo de los 300 euros.

    Lo cierto es que, tanto o más que el encarecimiento de la mano de obra, preocupan los costes de transporte, las complicaciones logísticas y la fortaleza del yuan. Un ejemplo: mientras en la primavera de 2008 por un euro se pagaban casi 11,2 yuanes, la semana pasada la moneda europea se cambiaba por debajo de 7,9. La caída es de casi un 30%  y se espera que continúe la misma tendencia durante unos cuantos años.

    Al presentarle todos estos factores, el presidente y director general de Haier en Europa, René Aubertin, confesó esta semana en Qindao a El Confidencial que, aunque sus ventas han crecido considerablemente en el Viejo Continente durante el último año, los beneficios se han contraído. “Por ello estamos cada vez más convencidos de que tenemos que producir localmente, y no sólo en Europa. Es una estrategia que está en boga para reducir costes, trabajar con stocks más pequeños, hacer la planificación más flexible... Tiene muchas ventajas, no se trata sólo de la mano de obra. Son muchas más cosas”.

    Haier, que actualmente fabrica fuera de China el 18% de lo que vende, dispone de una planta para ensamblar frigoríficos en Italia, donde trabajan unos 150 locales. Según Aubertin, se están barajando varias alternativas para aumentar notablemente su presencia en Europa. “Tenemos tres opciones: asociarnos con un fabricante europeo, montar una fábrica desde cero, o comprar una marca europea”, dijo, sin querer aclarar qué países le resultan más atractivos para lanzar la operación.

    - “¿Quizá España, donde los costes laborales cotizan a la baja?”, preguntamos horas después a su director general, Sun Shubao.

    - “No descartamos nada”, dijo.

    ¿Síntomas de que las fábricas están volviendo a Occidente?

    En Estados Unidos llevan tiempo haciéndose esa pregunta. Es cierto que algunas multinacionales americanas, como General Electric o Carterpillar, han empezado a invertir su proceso de deslocalización. En una encuesta que MFG hizo a varias industrias americanas, un 21 por ciento respondieron que tienen planes para regresar parte de su cadena de producción a América, generalmente el ensamblaje. Parece que no son sólo promesas y, de hecho, se han creado ya más de medio millón de puestos de trabajo en industrias manufactureras desde principios de 2010, el pico más importante desde finales de los 90. En Europa las cosas van a otro ritmo, pero algunos ejemplos han ocupado titulares en el último año, como el anuncio de Ikea de trasladar parte de la producción asiática a Italia.

    ¿Se agota, pues, el atractivo chino?

    La respuesta casi unánime de empresarios y consultores es que no. Las ventajas logísticas de la industria china siguen siendo muchas y, aunque sus obreros resultan más caros que hace diez años, también se hacen crecientemente competitivos. Eso sin contar la importancia de estar lo más cerca posible del mercado del futuro, el de los 1400 millones de chinos. En definitiva, se pronostica una fuga (ya está ocurriendo) de las industrias menos sofisticadas, como la textil, hacia países más pobres, como Vietnam o Bangladesh. También se prevé que algunas multinacionales rediseñen su estrategia global y devuelvan parte de la cadena de producción a Occidente para abastecer su mercado. Pero los costes tendrían que multiplicarse todavía varias veces para que mereciese la pena desmantelar el tejido industrial armado en los últimos 30 años en el país más poblado del mundo. Uno de los mejores ejemplos es el de los Iphone: pequeños, de alto valor añadido, requieren de infraestructuras complejas, así como de obreros capacitados y con horarios muy flexibles. Los teléfonos, además, ocupan poco espacio en los contenedores de los barcos, por lo que el porcentaje de los costes de transporte sobre el total resulta ridículo.

    En 2011, el presidente Barack Obama le preguntó a Steve Jobs, durante una visita a Sillicon Valley, si la producción de Apple retornaría a Estados Unidos algún día. La respuesta fue tajante.

    - “Esos trabajos no van a volver, presidente”.

    Historias de Asia
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