
A la Policía no le habría extrañado toparse con docenas de Tetra Brik repartidos por cada rincón cuando rastreó la mansión de 70 millones de libras de Hans Kristian Rausing, situada en el lujoso barrio de Chelsea (Londres). Pero los agentes no encontraron ni rastro de los envases de cartón, sino unas bolsas de basuras que tapaban un cuerpo en avanzado estado de descomposición. Se trataba de su mujer Eva.
La pareja llevaba casada 21 años. Tenían cuatro hijos y se adoraba. Siempre se entendieron a la perfección porque sus vidas no podían haber sido más paralelas. Los dos venían de familias multimillonarias. Él, era el nieto del fundador de Tetra Pak. Ella, la hija de un alto ejecutivo de Pepsi. Y los dos tenían graves problemas con las drogas.
De hecho, la última vez que los padres de Eva la vieron con vida, estaba en un centro de desintoxicación en California. No era la primera vez que intentaba curarse de sus adiciones. Fue en rehabilitación donde la pareja se conoció y se enamoró. Aparte de por la impresionante exhibición floral (se gastaron 20.000 libras), su boda, celebrada en octubre de 1992, habría podido pasar por la de una familia normal. No hubo invitados famosos, ni paparazzi, ni apenas mención en los medios.
Desde entonces rara vez se separaron. Salvo este verano, cuando Eva, que sufría problema del corazón, viajo hasta Estados Unidos para tratarse. De algún modo, intuyó que las cosas no marchaban bien en casa y viajó hasta Londres para ver llevarse a su marido con ella. Pero nunca volvió.
El pasado 9 de julio, cuando la Policía detuvo a Hans mientras conducía bajo los efectos de sustancias y le llevó hasta su casa para requisarle el resto de drogas, encontró su cuerpo. Estaba cubierto con sábanas en una habitación precintada con cinta aislante. Los expertos aseguran que podría llevar allí hasta tres semanas.
Mientras sus hermanas, Lisbet y Sigrid, se establecieron y montaron sus propios negocios, Hans Kristian, de quien en su día se pensó que iba a llevar el imperio familiar, nunca encontró su sitio. Criado en el sur de Suecia y educado en los Estados Unidos, renunció a todos sus privilegios a los veinte años cuando se dirigió a la India y tomó la ruta hippie a Katmandú.
La única vez que llamó la atención de los medios fue en 2002 cuando sumó a sus mansiones repartidas por todo el mundo uno de los apartamentos más grandes del The World, más que un barco, un paraíso flotante de los exiliados fiscales, que se detiene en puerto sólo para asistir a los acontecimientos sociales glamorosos.
En 2008, el matrimonio volvió a protagonizar los titulares cuando descubrieron en su casa importantes cantidades de droga después de que Eva fuera detenida con crack y heroína en el consulado de Estados Unidos cuando iba a renovar su pasaporte.
Hans, cuya fortuna está valorada en 4.5 mil millones de libras, ha sido puesto este miércoles en libertad condicional después de comparecer ante el tribunal de Westminster, acusado de haber ocultado la muerte de su esposa. El millonario seguirá ingresado en un hospital hasta que comparezca de nuevo el 26 de julio, después de ser imputado con el cargo de impedir el entierro de su mujer.
Tom y Nancy Kemmeny, los padres de Eva, no sólo no le culpan de lo sucedido sino que han dicho que le siguen queriendo por encima de todo. “Los dos ayudaron a miles de personas a través de sus actividades filantrópicas. Ellos lucharon con valentía contra sus demonios y se apoyaron mutuamente. Eva será una pérdida devastadora para nuestro querido hijo Hans Kristian, a quien amamos incondicionalmente con todo nuestro corazón”, reza el comunicado de la familia.
Los Kemmeny eran muy conscientes de las adiciones de su hija y, aunque no descartan que su muerte se deba a un paro cardiaco, tampoco descartan la sobredosis. Durante toda su vida, tuvieron que vivir con la enfermedad de Eva, que comenzó a tomar drogas cuando estudiaba en Occidental College, el mismo colegio que Barack Obama. El presidente de Estados Unidos admitió haber fumado marihuana y consumido cocaína en aquella época, un episodio que luego describió como “un gran fracaso moral”.
Desde que fueron conscientes de su problema, tanto Hans como Eva se dedicaron a ayudar, personal y económicamente, a decenas de ONGs que trabajan con drogodependientes, muchas de ellas apadrinadas por el príncipe Carlos. A pesar de que cada año, multimillonarios de todos los rincones del Reino Unido hacen donaciones a las organizaciones del heredero contactos con la realeza, Hans y Eva –que realmente tenían una relación de amistad con el futuro rey- siempre se mantuvieron en un segundo plano. La discreción la heredaron junto con los millones de sus padres.
Los hermanos Rausing –Hans y Gad, hijos del creador de Tetra Brik, Ruben Rausing- se mudaron al Reino Unido en la década de los 80 para escapar de los altos impuestos de Suecia, pero no despertaron atención hasta que la lista del Sunday Times Rich les nombró como los hombres más ricos de Gran Bretaña en 1993.
Gad murió en 2000 y Hans, padre de Hans Kristian, fue superado por Roman Abramovich y Lakshmi Mittal, el magnate del acero. Ni Hans, que vendió el 50 por ciento de las acciones de la empresa a su hermano en 1995, ni sus tres hijos ahora tienen ninguna relación con Tetra Laval, la empresa matriz de Tetra Pak. Aunque la riqueza de Hans padre sigue aumentando gracias a las inversiones astutas. En el ranking de Forbes de las personas más ricas del mundo, Rausing se clasificó en el número 83, con una fortuna estimada de10 mil millones dólares en 2011.ARTÍCULOS ANTERIORES

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LA OPINIÓN DE LOS LECTORES
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COMENTARIOS
7alba22 22/07/2012 | 19:49
Lo que no entiendo es dónde estaban los cuatro hijos menores de la pareja para no darse cuenta de que su madre llevaba semanas muerta, ni el personal de limpieza de la casa.Desde luego me parece que tiene cara de psicópata, algo que sin duda utilizarán sus abogados para exhimirle de cualquier culpa.
Las manillas del Big Ben marcan el inicio de la sesiones en el Parlamento. Las sesiones marcan las pautas de la política. Y la política marca, al fin y al cabo, mi día a día. Me intriga saber lo que se comenta en los pasillos de Westminster, me apasionan los entresijos de las relaciones internacionales, me gusta observar cuando voy a la City y disfruto de cada exposición en la Tate. La corresponsalía en Londres me parece un reto para un periodista. He sido testigo de momentos únicos y he aprendido que el mañana siempre trae sorpresas. Llegué hace casi cinco años y aún no tengo un paraguas de James Smith & Son.