Lunes, 15 de abril de 2013

A la ópera, en vaqueros y con una pinta

07/10/2012
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El líder de Blur, Damon Albarn, y la estrella de Monty Pithon, Terry Gilliam, no son los primeros nombres que a uno se le pasan por la cabeza cuando se habla de ópera. Los vaqueros y las deportivas tampoco serían la primera opción que uno elegiría para ir a escuchar a una soprano. Pero los tiempos están cambiando y ahora es el atuendo indicado para acudir a la English National Opera (ENO). Los responsables del Coliseum buscan precisamente eso: pintas de cerveza en vez de champán y bermudas mejor que esmoquin. Tan sólo imaginarse la foto, a Sir Colin Southgate le habría dado un ataque al corazón. En 1998, el que fuera responsable de la Royal Opera House aseguró: “No me quiero sentar al lado de alguien que lleve una camiseta, un pantalón corto y una deportivas malolientes". Suena raro, pero todo tiene su explicación.

La nueva normas son las de Undress for the ópera (algo así como 'malvestido para la ópera'), un programa que intenta acercar el bel canto a los jóvenes con interesantes propuestas que modifican desde el precio hasta el dress code. El propósito: que los menores de 40 años empiecen a desmitificar un espectáculo siempre asociado a la clase alta.

Durante cuatro noches a lo largo de la próxima temporada, aquellos que quieran ver Don Giovanni (15 de noviembre) , La Traviata (7 de febrero) , Sunken Garden (18 de abril) y The Perfect American (13 de junio), podrán hacerlo por el módico precio de 25 libras (30,95 euros) –en circunstancias normales, la entrada más barata sale a la venta a partir de las 100 libras- y además disfrutar de charlas antes y después de la actuación, coloquios con los cantantes y barra de cócteles y cerveza para crear un ambiente cuando menos distinto a lo que uno está acostumbrado a ver en ese foro.

Sí, es cierto. Se puede acusar a la ópera inglesa de ser demasiada ingenua. El ocio deja de ser una prioridad en tiempos de crisis y el público al que quiere llegar no es precisamente el que goza de los mejores salarios. Pero también es cierto que Damon Albarn es el maestro de ceremonias y lo que consigue el músico no lo consigue el resto.

El vocalista de Blur y creador de Gorillaz estrenó el año pasado Dr. Dee, un sorprendente libreto inspirado en el astrónomo, alquimista, espía, cortesano, cartógrafo e íntimo amigo de la reina Isabel I de Inglaterra. Albarn se unió al director de teatro Rufus Norris para componer toda la música de la pieza, una ópera folk, afro pastoral, con tintes que recuerdan la atmósfera del siglo XVI. Los críticos cayeron rendidos a sus pies, de nuevo. Porque en 2007 ya había dejado al público y entendidos con la boca abierta con su primera ópera Monkey: Journey To The West.

Dr. Dee se estrenó primero en el festival de Manchester y debido a su éxito se interpretó luego en la ENO como parte del calendario cultural de las Olimpiadas de Londres. El 60% del público que acudió a verla jamás había ido a una ópera anteriormente. Actualmente, el 30% de la audiencia que acude a la ópera es menor de 44 años. Con el programa, su director artístico John Berry quiere incrementar el porcentaje este año al menos al 40%.

A pesar de que la iniciativa ha generado bastante expectación, algunos, como Rupert Christiansen, han manifestado sus dudas. El reputado crítico del rotativo The Daily Telegraph considera que presentar la ópera como "exclusiva e intimidante" es también, paradójicamente, uno de los aspectos que los jóvenes encuentran más atractivo de ella.

“La ópera es elitista y también seductoramente glamurosa”, recalca. De hecho, Introdúzcase en un mundo extraordinario, es la campaña publicitaria de la Royal Opera House. “Es arte sí, pero también elegancia, champán delicioso y una oportunidad perfecta para que las mujeres luzcan sus mejores vestidos. Así que creo que el lema Undress en la ópera podría ser contraproducente. Convertir algo extraordinario en ordinario, en lugar de excepcional y mágico no creo que funcione”.
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Las manillas del Big Ben marcan el inicio de la sesiones en el Parlamento. Las sesiones marcan las pautas de la política. Y la política marca, al fin y al cabo, mi día a día. Me intriga saber lo que se comenta en los pasillos de Westminster, me apasionan los entresijos de las relaciones internacionales, me gusta observar cuando voy a la City y disfruto de cada exposición en la Tate. La corresponsalía en Londres me parece un reto para un periodista. He sido testigo de momentos únicos y he aprendido que el mañana siempre trae sorpresas. Llegué hace casi cinco años y aún no tengo un paraguas de James Smith & Son.

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