
Alex Salmond quería convertirse en el Braveheart del Siglo XXI, pero el proceso para conseguir la independencia de Escocia está siendo más complicado de lo que pensaba. Y eso que la batalla política sólo acaba de comenzar. El problema es que durante muchos años, el separatista ha estado haciendo castillos de arena y a la hora de la verdad ha visto cómo los proyectos que tiene para su gran nación poco o nada se ajustan a la realidad. Las reglas del tablero no son las que esperaba y sus propias filas tampoco acompañan con las cartas.
Vayamos por partes. Desde mucho antes de que se firmara el acuerdo para celebrar el referéndum de independencia en 2014, el líder del Partido Nacionalista Escocés (SNP) había defendido que los lazos con Bruselas no se romperían si se cortaba el cordón umbilical con Londres. Una cosa es que a los escoceses no les haga gracia sumarse al euro y otra cosa muy distinta es que les de igual quedar excluidos del Acuerdo de Schengen, que permite la libre circulación sin control de pasaportes. Consciente de su preocupación, Salmond llegó a decir que tenía asesoramiento legal que respaldaba su teoría. Pero aquello no cuadraba al resto de las formaciones de Holyrood y ahora será un comité de expertos independientes quien determine si el ministro principal violó el código ministerial y mintió al pueblo. El separatista no ha tenido más remedio que aceptar la investigación.
Desde hace más de un año, los partidos de la oposición han presionado en el parlamento de Edimburgo para saber si se habían encargado los polémicos informes. Ante las evasivas del Gobierno, llevaron el asunto hasta los tribunales. La audiencia no tendrá lugar hasta diciembre pero, ante la tensión generada, esta semana la viceprimera ministra Nicola Sturgeon admitió que el Ejecutivo no contaba con asesoramiento de ningún tipo que avalase su teoría.
En definitiva, que no ha sido hasta ahora cuando Salmond se ha puesto en contacto con los juristas. La pregunta por tanto es: ¿mintió el líder en marzo ante las cámaras de la BBC? En la entrevista que encendió la mecha de la sospecha, el periodista le preguntó literalmente si habían pedido asesoramiento legal sobre el futuro de una Escocia independiente en la UE, a lo que el ministro principal contestó: “Sí la tenemos, en términos del debate". Luego añadió “los documentos sostienen la posición de que seríamos un estado sucesor".
José Manuel Durão Barroso, presidente de la Comisión Europea, dejó muy claro recientemente que cualquier nuevo Estado nación tendrá que solicitar de nuevo su ingreso en virtud del derecho internacional.
Pero la polémica no termina ahí. Porque la misma semana en la que el ministro principal ha sido acusado de mentir al pueblo, también ha sido culpado de confundir a sus propias filas. En este caso, con las relaciones que podría llegar a tener una Escocia independiente con la OTAN.
Durante los últimos 30 años, el SNP siempre había mostrado su oposición a la alianza militar. Sin embargo, la semana pasada durante el congreso anual del partido se planteó la posibilidad de convertirse en un país miembro en caso de que en 2014, cuando está previsto el plebiscito, Edimburgo rompa vínculo con Londres.
El escenario es bastante improbable ya que, según los últimos sondeos, tan sólo el 30% de los escoceses apoya el sueño separatista, un 5% menos que en junio y un 9% menos si se compara con el pasado mes de enero. Pero Salmond no cesa en su empeño por proponer proyectos que lejos de unir a sus filas, no están haciendo otra cosa que separarlas.
La resolución que afirmaba que Escocia pertenecería a la OTAN pero sin albergar armas nucleares fue presentada por la cúpula del partido y aprobada tras un intenso debate por 426 votos a favor y 332 en contra. El ministro principal escocés mantiene que «es perfectamente factible» pertenecer a la OTAN y rechazar las armas nucleares, pero los rebeldes consideran el planteamiento completamente absurdo.
Y el enfado ha llevado a dos diputados históricos de la formación -John Finnie y Jean Urquhart- a presentar su dimisión. Su salida deja ahora al SNP con sólo 65 asientos de los 129 que hay en Holyrood. En otras palabras: Salmond conserva, de momento, su mayoría gracias tan sólo a un escaño.
Así las cosas, el nacionalista tendrá que ir ahora con pies de plomo si quiere el proyecto independentista sea creíble a la hora de plantear la pregunta que podría cambiar para siempre un statu quo de 305 años.
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LA OPINIÓN DE LOS LECTORES
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COMENTARIOS
55anarcocapitalista 28/10/2012 | 22:04
#50 A las pruebas me remito. ¿¿¿???
Yo también tengo cierta edad y he visto de todo, en todo el territorio
español, bueno y malo. Lo malo es generalizar.
En cuanto a trabajar, al pueblo catalán, en general, no se le puede acusar de perezoso, al igual que en otras partes de España.
Te vas a encontrar de todo... en la viña del señor.
Salud
54Eucalipto Fermoselle 28/10/2012 | 21:29
#24 Hay mucho gurú por aqui, da gusto la demiurgia de los que se colocan en la estratosfera del Olimpo y sacan conclusiones tan sabias, tan altas y preclaras. Con tanta precisión, eso sí, siempre con condicionales, para no perder nunca la Razón.
Da gusto este foro, .... por cierto, ¿con quién mantiene usted línea directa, es el lobby judio de new york o es rappel?
Anonadado estoy !
53anarcocapitalista 28/10/2012 | 21:19
#49 Por eso no entendía tú primera réplica. No me refería a ti.
Salud para ti y los tuyos
52cparis 28/10/2012 | 21:18
#47 "El comercio en ésta región se lleva en el ADN.
Es ancestral" Sí claro, siempre que cuenten con el apoyo del poder -privilegios-, pero competir en el libre mercado les va grande, no están acostumbrados a una situación de igualdad de condiciones.
A las pruebas me remito. Cataluña prospera si desde el poder se ponen todos los recursos a su disposición, en detrimento de otros lugares. En igualdad de condiciones, es la que menos ha avanzado.
Los que tenemos alguna edad esto lo hemos vivido. Nadie nos lo ha contado.
A trabajar, señores míos, a trabajar y competir que es lo que hacemos todos.
Las manillas del Big Ben marcan el inicio de la sesiones en el Parlamento. Las sesiones marcan las pautas de la política. Y la política marca, al fin y al cabo, mi día a día. Me intriga saber lo que se comenta en los pasillos de Westminster, me apasionan los entresijos de las relaciones internacionales, me gusta observar cuando voy a la City y disfruto de cada exposición en la Tate. La corresponsalía en Londres me parece un reto para un periodista. He sido testigo de momentos únicos y he aprendido que el mañana siempre trae sorpresas. Llegué hace casi cinco años y aún no tengo un paraguas de James Smith & Son.