Brexit, el 'Sonderway' y la muerte de Aristóteles

La salida británica de la Unión Europea es un capítulo más del 'camino especial' inglés, que rechazó ser parte de la CECA y la CEE y trató de ser parte de Europa sin serlo
Foto: Margaret Thatcher en 1985, fotografía de Chris Steele-Perkins (EFE)
Margaret Thatcher en 1985, fotografía de Chris Steele-Perkins (EFE)

Del Brexit podrían escribirse libros y hasta bibliotecas. Yo diría que el Brexit es un capítulo más del “camino especial” inglés, 'Sonderway', término inspirado en el 'Sonderweg' alemán que define el devenir histórico de ese país desde el error de 1870 hasta el Armagedón de 1945.

Tras haber rechazado el Reino Unido ser parte de la CECA y después de la CEE, primeros pasos del mal camino, se embarcó en el tercero, Suez, 1956, que terminó como el rosario de la aurora. En 1962 habló el Secretario de Estado USA Dean Acheson y dijo: "Inglaterra ha perdido un Imperio y no ha encontrado su sitio en el mundo. La Commonwealth, los países de habla inglesa y la relación especial con los EEUU ya no sirven". Inglaterra no le hizo ni caso y puso otra piedra miliar en el camino, la cuarta: fundó la EFTA para torpedear la CEE y fracasó. Finalmente, el Reino Unido entró en la UE y al poco, la Thatcher inició su labor de enterradora del contrato social de la postguerra. Tan lejos llegó en su vesania que afirmó que la sociedad no existía, existían individuos y familias.

Esa afirmación tiraba por la borda 2.500 años de historia política y abolía uno de los fundamentos de nuestra civilización. Oigamos a Aristóteles: “Porque aquel que carece de patria por naturaleza y no por voluntad de los dioses es en verdad o un superhombre o un paria” (Pol 1253,a 1,5). Y seguía. “Pues así como los animales reciben el grito, el hombre dispone del logos [la razón]. Por ello le es dado distinguir lo bueno de lo malo, lo justo de lo injusto y todas las otras cosas que conforman lo moral. Y es esa comunidad de juicio moral la que hace posible la casa (oikós) y la ciudad (polis)” (Pol. 1253a.15-18)

Podría pensarse que la Sra. Thatcher, hija de su tiempo, rechazaba la visión sagrada de la ciudad que defendían los griegos. En modo alguno. Thatcher tenía a su alcance dos modelos de contrato social ingleses, vivos al día de hoy y laicos: Thomas Hobbes y John Locke. Creo que la Sra. Thatcher, a pesar de no ser de Letras, entendía que toda nación es dos cosas: un contrato social y una unidad productiva. En los años cincuenta Inglaterra podía tener ambas cosas. Podía seguir el magisterio de Lord Beveridge y asumir que debía de cuidarse de los ciudadanos desde la cuna hasta la tumba, y al mismo tiempo ser la primera exportadora mundial en muchos sectores productivos. Pero llegada a la encrucijada "renovadora" de la mano de Reagan, tuvo que escoger. Y escogió ser una unidad productiva sin principios. Para defenderse de quienes le acusaban de quebrantar el contrato social, Thatcher negó la mayor. No puede haber contrato social si no hay sociedad, ergo no la hay. 

Titular del diario 'Evening Standard' durante la crisis de Suez de 1956
Titular del diario 'Evening Standard' durante la crisis de Suez de 1956

Al tiempo que enunciaba ese desvarío, ponía otra piedra más en el 'Sonderway' inglés aceptando ser parte de la UE pero sin serlo. Con ello metía a Inglaterra en un callejón sin salida. Si la UE no era democrática procedía corregir esa deriva. Pero la única manera de hacerlo era adoptar una lógica federal, a lo que era frontalmente contraria. Cuantos menos actores estratégicos para equilibrar al capital global, mejor. Quedaba así la relación con Europa sostenida por fundamentos muy débiles. Por otra parte el Partido Laborista tampoco defendía a Europa. Era presa de una ceguera incomprensible en quienes se consideran la vanguardia de la Historia. Si quieres ser soberano en un mundo global y hacer lo que te dé la gana dentro de tus fronteras, no tienes otro remedio sino salir fuera de tus fronteras a definir la globalización según los intereses de la mayoría social. Pero para que te hagan caso necesitas dimensión, o si lo prefieren más técnicamente, escala. Pero esa conquista de la escala solo puede hacerse en común con otros países europeos. En ese sentido, federalizar estados europeos es conquistar escala y por ello ganar soberanía, y no al revés. De donde se sigue lo errado que estaba el Labour y cómo, queriendo ir en el sentido de la Historia, iba y va en el contrario. Thatcher no. Ella tenía las ideas claras. Parte del Partido Tory también.

Era por consiguiente cuestión de tiempo el que la relación con Europa saltase por los aires. Hubo esperanza de marcha atrás cuando una única persona, George Soros, en 1992, puso de rodillas a la "soberanía monetaria" inglesa y sacó la libra de la serpiente monetaria. Tampoco sirivió para nada, otro miliario en el camino. Finalmente la quiebra de la relación antiespecial con la UE vino de una crisis interna del Tory. Divididos como estaban entre eurófilos y euroescépticos, David Cameron pidió la presidencia del partido prometiendo un referéndum sobre el tema y la consiguió. No había peligro de que cumpliese su promesa. El Labour Milliband acababa de llegar al poder y le quedaba para rato. Bien: al año Milliband cayó, Cameron se alzó como primer ministro y tuvo que cumplir su palabra. ¿Les suena esa desgracia? A mi sí, a todos. La vida política tiene esos azares. Pero no en Inglaterra. En tiempos de Palmerston tal curso de acontecimientos hubiera sido impensable. 

En fin, viene el referéndum y todo el empeño tuvo tintes crueles dignos del mejor Shakespeare. Un bufón (Boris Johnson) decide traicionar a su viejo compa de Eton y Oxford, David Cameron. Cree escuchar las voces de las brujas en Macbeth y la profecía le envalentona. Salve tú, Macbeth, que serás Rey. Le ayuda en la intentona su amigo para siempre Michael Goove, trasunto de Banquo. El Rey de verdad, Toryking, deja hacer. Boris es popular y lleva votos a la causa. El pregonero Nick Farage hace de coro y dirige la comparsa del pueblo, lengua del común al que desprecio (Coriolano). La traición se consuma y cuando el bufón va a alzarse con los despojos de su colega de pupitre y Rey vicario, David, el Toryking pone una daga en la mano de Michael Goove, ¡ah visión cruel! (Macbeth), para que le aseste al bufón el tajo mas despiadado (Julio César). Cae Boris malherido y El resto es silencio (Hamlet). Llega la elegida por el Rey de verdad para soñar que es Reina y en ese engaño mandando (Calderón), digamos Theresa May, un travesti de Fortinbras, que se queda con todo en nombre del Toryking. El epílogo es misericordioso, esa doble virtud que bendice al que la da y al que la recibe (Shylock). La Reina perdona al bufón agonizante Boris pero no al traidor Michael. Fin del drama y perdonad sus muchas faltas. Exeunt. Toda una lección de 'Realpolitik' interna.

El nuevo ministro de Exteriores británico Boris Johnson durante un discurso en la sede de la ONU en Nueva York, el 22 de julio de 2016 (Reuters)
El nuevo ministro de Exteriores británico Boris Johnson durante un discurso en la sede de la ONU en Nueva York, el 22 de julio de 2016 (Reuters)

El referéndum profundiza en el 'Sonderway' y muestra la fallas que rompen a un Reino Unido -no tan unido como quisiera-. De una parte viejos y parados del Norte, los paisajes de "Mirando hacia atrás con ira", solo que ahora aquellos jóvenes airados -que siguen siendo Labour- se han tornado viejos. Se les añade la extrema derecha Tory. De otra parte sistémicos y cultos. Han ganado los primeros, convencidos de que su nostalgia hará volver los viejos tiempos. No son ni Labour ni Tory sino una mezcla de derecha e izquierda como las que inspira el populismo. ¿Y qué va a pasar fuera ya de la odiada Europa? Yo dije el 22 de Marzo que el destino de Inglaterra sin la UE era el de convertirse en una Isla Barbuda con mal tiempo. Pudo parecer provocativo. Ya es consenso. Este pasado 5 de Julio decía Gideon Rachman en el FT: "la elección obvia es adoptar una estrategia de offshore island" . Y John Thornhill, esa misma fecha y periódico, apostillaba. "[Hemos de] convertirnos en el Singapore librecambista del Mar del Norte". Finalmente la distopia de la Thatcher ha terminado por triunfar y se ha dado otro paso decisivo en el 'Sonderway' inglés, veremos sin con Escocia o sin ella. No hay sociedad. Pues una vez Inglaterra, devenida 'offshore island', no tendrá ni sociedad ni contrato social ni nada de nada, sean cuales sean las promesas de los brexiters. Volverá al estado de la humanidad que describe Hobbes antes del contrato social: homo homini lupus

Desde luego si los pensionistas y los parados esperaban volver a los viejos tiempos, los van a tener. Pero no las glorias de Imperio sino las del capitalismo salvaje que inspiró a Marx. Pues sin impuestos no puede haber ni solidaridad ni seguridad social ni pensiones. Y ese camino se ha emprendido ya. La libra ha caído un 20%, lo que augura un escenario de inflación y altos tipos. Por su parte, el BoE ha anunciado un recorte de 30 millardos de gasto social y una subida de impuestos. Paralelamente ha bajado el Impuesto de Sociedades al 15% y eliminado el requisito de capital a la Banca, que ya puede prestar sin esa limitación. También se anuncia la renovación de los submarinos atómicos Trident por importe de 36 millardos. Se ha vuelto a la riqueza de 2009. Y es solo un prólogo de lo que aguarda a los más débiles.

¿Y qué va a suceder cuando los interesados descubran que los poderosos se han servido de su desamparo para utilizarlos como carne de cañón contra sí mismos? ¿Van a callar ante tal derrumbe moral? ¿Y cuando los euroescépticos Tories y los Brexiters del Labour se den cuenta de que ni todo el Tory ni todo el Labour está con ellos? En fin, esperemos que el desenlace sea el de "El sueño de una noche de verano" inspirado en la solución noruega, que viene a ser dejar todo como estaba. Lo contrario podría llevar a que los nostálgicos y los ancianos tanto del Tory cómo del Labour escuchasen la imprecación de Dylan Thomas: "Los viejos debéis de arder y delirar en el crepúsculo". No creo que tanta llama les llevase a a tomar como ejemplo a los Ironsides de Cromwell: sería ir demasiado lejos. Pero podría muy bien suceder que su ira convocase al fantasma de un Movimiento populista. Ya casi están en él, xenofobia incluída. En fin, los ingleses tontean con la idea de cambiar su himno nacional. Ofrezco como adición a las habituales alternativas esta otra algo exótica que podría ser la música de mesa del nuevo capítulo del 'Sonderway' inglés. "No llores por mi Inglaterra" ¿O era Argentinanbsp;

Las tres voces

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