La política imperial de EEUU: crear dos, tres, muchas Somalias

Trump ha ordenado un nuevo rearme. La estrategia estadounidense puede parecer errática y sin sentido, pero hay cierta coherencia: servirá para llenar los bolsillos de unos pocos

Foto: Fuerzas de seguridad somalíes vigilan el lugar de un atentado con coche bomba en Mogadiscio, el 27 de febrero de 2017 (Reuters)
Fuerzas de seguridad somalíes vigilan el lugar de un atentado con coche bomba en Mogadiscio, el 27 de febrero de 2017 (Reuters)

Donald Trump ha iniciado una política de rearme intensivo de EEUU, con la que Estados Unidos pasa de acaparar el 40% de todo el gasto mundial al 50%. Al tiempo, rebaja el presupuesto de Exteriores (State) un 37%. De hecho, solo el incremento de Defensa (54.000 millones) es superior a todo el presupuesto de Exteriores (39.000 millones) e incluso al de su enemigo exterior "existencial", Rusia (en torno a los 60.000 millones). Se podría escribir mucho sobre el tema. Voy a tocar solo unos pocos aspectos relevantes.

El primero es señalar que Occidente va perdiendo en todos los frentes estratégicos del planeta. Digo estratégicos para diferenciarlos de los del sector privado, en los que sigue dominando sin dificultad (Microsoft, Twitter, Facebook, finanzas, poder blando, etcétera).

Como introducción, vean el mapa 1. Refleja la concepción del estratega John Mackinder, allá a principios del S. XX. Para él, quien dominaba el corazón del mundo -es decir, Eurasia- dominaba el planeta. Sobre ese esquema, su discípulo Zbigniew Brzezinski, Consejero de Seguridad Nacional de Jimmy Carter, elaboró el mapa 2. Eurasia sigue siendo el centro de poder privilegiado, pero ahora se le añade la periferia convenientemente dividida en fragmentos.

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Empecemos por el más significativo de esos espacios, Eurasia. ¿Qué es lo que deseaba Brzezinski? Literalmente "una Rusia mas descentralizada sería menos susceptible de movilización imperial". En otra ocasión dijo: "A una Rusia en confederación abierta entre una Rusia europea, una República de Siberia y una República del Extremo Oriente, le resultaría mas fácil cultivar relaciones económicas con Europa, los nuevos estados de Asia Central y del Extremo Oriente".

A tono con estas ambiciones y para ir empujando el plan de desmembración, EEUU inició una política de contener a Rusia con un cordón de bases militares en su periferia. Cuando esta estrategia fracasó, ya a finales de los noventa, se pasó a las Revoluciones de Colores: Georgia, Ucrania y Kirgistan. Entonces Rusia, tras el Maidan ucraniano, dió un puñetazo sobre la mesa y se quedó con Crimea. Nueva vuelta de tuerca USA: las sanciones a Moscú. Pero aquí nos salió el tiro por la culata ya que las sanciones llevaron a Rusia a los brazos de China, en los que permanece. Desde Nixon, (1970), China equilibraba a Rusia y Rusia equilibraba a China. Ya no. Resultado: una Eurasia unánimemente hostil.

Segundo frente. Oriente Medio. Aquí entre el apoyo absoluto e irracional de los EEUU a Israel, las Guerras del Golfo, la voluntad rusa de reemerger como gran potencia en Siria y el apoyo de Iran a Bashar al Assad, podemos decir que tampoco se hace lo que queremos. Si pasamos a Asia Central la cosa es todavía peor porque entre el poder duro de Rusia y el blando de China puede decirse que no tenemos nada salvo un cuerpo expedicionario en Afganistan tratando de impedir que los talibanes tomen Kabul.

Desfile militar en Kiev, Ucrania, el 19 de agosto de 2016 (EFE)
Desfile militar en Kiev, Ucrania, el 19 de agosto de 2016 (EFE)

Y llegamos a Asia Pacífico. ¿Qué ha quedado del "giro al Pacífico" de Obama? Nada. China se extiende por el Sur del Pacífico y uno tras otro van cayendo en su órbita los viejos aliados de Occidente, primero y principal Filipinas. Menos Indonesia, algo reticente al amigo chino, lo único que le queda hoy a los USA en la zona son Japon y Corea del Sur. Solo Europa Occidental, raptada y cómoda en su síndrome de Estocolmo, perdón, de Washington, parece ser el refugio de la estrategia vencedora americana.

Pregunta elemental de primero de Academia Militar. ¿Para qué sirven las Fuerzas Armadas? Para que el enemigo haga lo que nosotros le ordenemos que haga. Segunda pregunta. ¿Lo está haciendo? No. Y además de manera estrepitosa. En un reciente sondeo de Gallup, el 50% de los ucranianos ha dicho que su país preferido para defenderles en caso de agresión es...¡Rusia!. Tercera gran pregunta. ¿Qué queremos que haga nuestro enemigo, una vez vencido? Y ahí ya la cosa se complica porque remite a algo que se llama estrategia. Y no está claro que los EEUU la tengan. Este escepticismo es extendido en la doctrina de las Relaciones Internacionales, que no acaba de entender para qué quieren los USA tantos militares cuando no sabe lo que hacer con ellos. Kagan ya dio una posible explicación cuando dijo que "ya que tenemos unas grandes fuerzas armadas, lo suyo es que las usemos". A lo que los universitarios responden: "El que tengas un gran martillo no convierte a todos los problemas en clavos". Cosa evidente. Un ejemplo al azar. Si se trata de democratizar Afganistan, es obvio que tras la lucha militar (breve y decisiva) ha de llegar lo mas dificil y de mayor valor añadido. Una generación, por lo menos, de antropólogos, filólogos, profesores etc, capaces de convertir a un país hoy en la Alta Edad Media en un actor responsable del sistema mundo. No hay modo de que esto se entienda en Washington.

La agenda imperial ya se fijó hace mucho en Roma. "Tu destino", le dice Júpiter al fundador del Imperio, Eneas, "será regir pueblos. Acoger a los sumisos, quebrantar a los enemigos": ("parcere subjectis, debelare superbos"). Esa filosofía la practicaron España, Portugal, Holanda y finalmente Inglaterra y Alemania durante los pasados cuatrocientos años. El modelo americano no parece ir por ahí. En lugar de llegar, quebrantar y quedarse, llegan, quebrantan y se van. Imaginen a Cortés sublevando a México contra los aztecas y volviendo a España a la carrera. O a Inglaterra levantando el campo en India tras el Gran Motín de 1857. Podríamos llamar a la presente política americana 'política de somalización' porque lo que deja detrás es destrucción y caos.

En este contexto histórico aumentar el gasto militar y cortar el gasto diplomático carece de sentido estratégico. No va a contribuir a que nos abramos paso ni en Eurasia ni en el Oriente Medio ni en Asia Pacífico. Sentido económico, por el contrario, tiene mucho. No va a mejorar la demanda global, ni a redistribuir renta, que son los grandes calvarios de la economía americana. Ahora bien, va a llenar los bolsillos de unos pocos. Algunos creen que Trump no sabe lo que hace. Quizás con los Estados Unidos no lo sepa. Con sus bolsillos y los de sus amigos, definitivamente sí. Los recortes en fiscalidad para ricos dejan pequeños los de Exteriores.

Aunque a lo mejor hay método estratégico tras la locura americana y su visión de las cosas es que cuantas mas Somalias mejor. Menos competidores estratégicos fuera, más cañones dentro (del presupuesto) y un caos que solo ellos pueden gestionar gracias a sus fuerzas armadas. En un orden menos teórico y más cercano, no olvidemos a Corea del Norte con China detrás. Aguardo con interés sus comentarios.

Las tres voces

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