Gibraltar, victoria a medias

Por fin la UE admite que el Peñón es una posesión inglesa de ultramar y su estatus ha de negociarse entre la potencia colonial, el Reino Unido, y la colonizada, España

Foto: Vista general de La Línea de la Concepción y Gibraltar con turistas sobre el Peñón. (Reuters)
Vista general de La Línea de la Concepción y Gibraltar con turistas sobre el Peñón. (Reuters)

La Unión Europea determina que el futuro estatus de Gibraltar ha de ser acordado entre el Reino Unido y España. Por fin Europa se baja del mantra de que Gibraltar es una pelea entre "latinos excitables", léase gibraltareños y españoles, para admitir por fin el hecho incontrovertible: el Peñón es una posesión inglesa de ultramar y su estatus ha de negociarse entre la potencia colonial, el Reino Unido, y la colonizada, España. Que los gibraltareños quieran mantener eternamente una colonia inglesa sobre territorio español es comprensible, les va en ello un nivel de vida privilegiado y una inversión emocional considerable. Pero que Europa aceptase y defendiese el mantenimiento de un orden colonial sobre el territorio de un país miembro resultaba inaceptable y hasta ofensivo.

De hecho, cada vez que una autoridad europea se desplazaba al Campo de Gibraltar para comprobar si los gibraltareños podían entrar a su antojo en España, yo me preguntaba por los motivos de que se invirtiese el argumento. El problema de Gibraltar no es salir. Es entrar. Si no lo autoriza el gobernador militar no hay modo de establecer residencia en la Roca. Y los agraviados no son los gibraltareños sino los españoles. Finalmente, parece que se hace la luz. ¡Gran cosa!

Queda el que Reino Unido compre esta evidencia. No debería de ser difícil en un país que tuvo imperio tan inmenso. Al fin y al cabo, si pudo devolver India a los indios bien podría devolver Gibraltar a los españoles. Pero esto es algo más complicado. Gibraltar se ve en Reino Unido como un pequeño David frente a un Goliat feroz, y devolverlo a España equivaldría a bajarse los pantalones ante el enemigo ancestral y no lo que de verdad es: cumplir con lo acordado en Utrecht, esto es, que cuando la plaza no sea ya útil para Reino Unido, se le devolverá a España.

No hay manera. Hay un pueblo gibraltareño en riesgo 'de invasión' al que España le niega el derecho de autodeterminación y Reino Unido no lo abandonará en su 'finest hour'. No se ve cómo puede alcanzarse el estatus de 'pueblo' si falta el territorio de ese demos, territorio que Reino Unido ha aceptado devolver a España cuando ya no le sea necesario, cosa que admite día si día no. Diremos como excusa que Reino Unido no es ya el país que alabó Burke en sus 'Reflexiones sobre la Revolución Francesa'. Un 82% de los ingleses cree que el reino está gestionado por una minoría y en provecho propio; cerca del 70% de la juventud no piensa que la democracia sea la forma esencial de gobierno, y el 79% se siente mas inglés que británico. Si le añadimos a esos datos la xenofobia hija del Brexit, ya entenderemos la cuesta arriba que nos espera.

Por otra parte, dirige el Brexit una política a la que se le debe el mejor argumentario de las razones por las que el Reino Unido no debía abandonar la UE. Y para colmo de males, a este resultado se ha llegado vía reférendum, institución abominable según la doctrina política tradicional de las Islas, y de cuyo censo se excluyó a todos los ingleses residentes en el extranjero, por definición pro-UE. Un pucherazo de manual.

No puede extrañar mucho, por consiguiente, el asombro inglés, incluido el del progresista 'The Guardian', ante la decisión europea de reconocer algo tan elemental como que Gibraltar es una colonia. Esto no lo dice España sino el propio Reino Unido, ya que por acta del Parlamento la soberanía del Peñón está en Westminster y su condición jurídica es la de 'overseas territory', algo similar a otros pequeños territorios bajo soberanía inglesa dispersos por el mundo, sin más diferencia que la cláusula de reversión de Gibraltar a España, prevista en el Tratado de Utrecht. Lo dice también la ONU, que coloca a Gibraltar entre los territorios a descolonizar, cosa que no hace ni con Ceuta ni con Melilla, por ejemplo.

Cabría esperar de un país maduro y responsable que en lugar de jalear los propósitos populistas, tanto de Gibraltar como de la opinión pública, recordase estas evidencias y, de paso, admitiese que no hay razón para excluir a un país amigo y aliado de la lógica de la descolonización y del derecho de autodeterminación, que, por otra parte, tanto Reino Unido como España han extendido a medio mundo.

En fin, esperaremos. Entre tanto, celebremos que por fin Europa haya entrado en razón. No me hago ilusiones. Ya sé que si a Reino Unido se le consentía la aberración gibraltareña era porque tenía fuerza nuclear y asiento en el Consejo de Seguridad y ahora ha dejado de ser uno de los nuestros. Tomen nota los estudiosos de Relaciones Internacionales o los opositores al ingreso en la carrera diplomática. Pero sería absurdo no reconocer el paso adelante. Solo queda por recorrer la otra mitad del camino.

Las tres voces

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