Carnicería, extranjeros y Dios: las primeras 1.400 palabras del caudillo

Hasta este viernes muchos albergaban la esperanza de que Trump rebajase su tono agresivo y matizase sus promesas al llegar al despacho oval. Acaba de hacer lo contrario

Foto: Donald J. Trump, pronuncia su discurso tras prestar juramento como el 45º presidente de la historia de los Estados Unidos. (EFE)
Donald J. Trump, pronuncia su discurso tras prestar juramento como el 45º presidente de la historia de los Estados Unidos. (EFE)

El presidente Donald Trump se parece mucho al candidato Donald Trump. La esperanza de que el magnate suavizase su retórica al llegar a la Casa Blanca quedó destruida este viernes en un discurso breve (1.400 palabras, poco más de la mitad que Obama en 2009) en el que repitió algunos de los eslóganes aplaudidos por los seguidores más fieles de su campaña y aportó alguno nuevo, en un tono más violento, radical y vengativo que el utilizado la noche de su victoria.

Repitió ideas y frases que había pronunciado ya en polígonos de Pensilvania y granjas de Iowa, pero que impresionan mucho más cuando el decorado es el Capitolio y los rostros del poder atienden con caras largas desde las gradas. Trump parece decidido a acabar con el viejo consenso de republicanos y demócratas en asuntos que afectan a todo el planeta y que han sido seña de identidad de EEUU durante décadas. Por ejemplo, los compromisos en política exterior adquiridos durante la Guerra Fría, la defensa a ultranza del libre comercio o del valor más reivindicado por la política americana: la libertad (solo mencionó la palabra una vez en todo el discurso). Analizamos, frase por frase, lo más destacado.

Trump: “Hoy no estamos simplemente transfiriendo poder de una Administración a otra, o de un partido a otro, sino que estamos transfiriendo el poder de Washington y devolviéndolo al pueblo americano. Durante demasiado tiempo, un pequeño grupo en la capital de nuestra nación ha cosechado las recompensas del Gobierno mientras que la gente ha soportado el costo”.

El nuevo presidente de los EEUU promete convertirse en el salvador del pueblo con un mensaje sencillo y caudillista (“el poder” vs. “la gente”; “Washington” vs “América”). Paradójicamente, casi todos los hombres y mujeres de los que se ha rodeado para formar su Administración forman parte del mismo 'establishment' (del famoso 1%) que dirige el país durante décadas: millonarios como Betsy DeVos, hombres de Goldman Sachs como Steve Mnuchin, CEO como Rex Tillerson, senadores de alta cuna como Jeff Sessions. Hay que decir que no es el primer presidente de la historia moderna de EEUU que llega presentándose en Washington como un “outsider”. Antes que él lo hizo Ronald Reagan en 1981.

T: "Madres y niños atrapados en la pobreza de nuestras ciudades, fábricas como lápidas en el paisaje de nuestra nación, un sistema educativo plagado de dinero pero que deja a nuestros jóvenes y bellos estudiantes sin ningún conocimiento. El crimen, las pandillas y las drogas han robado demasiadas vidas y han robado a nuestro país mucho potencial que no ha salido adelante. La carnicería contra EEUU se va a detener justo aquí y ahora mismo".

Es la primera vez que utiliza la expresión “carnicería”, una nueva hipérbole para describir el país devastado que suele retratar en sus discursos. En realidad, la situación de EEUU no ha empeorado en los ocho años de gobierno de Obama. La tasa de paro se ha reducido a la mitad (del 10 al 5%), la economía vuelve a crecer, la tasa de pobreza ha disminuido ligeramente (aunque han aumentado las desigualdades), los delitos violentos han disminuido (la mayoría de las ciudades americanas, incluida Washington, están en su momento menos violento en décadas). Entre los saldos negativos de la era Obama se cuenta el aumento de la drogadicción (por la plaga de opiáceos y heroína) y de la deuda pública.

T: “Durante décadas, hemos enriquecido la industria extranjera a expensas de la industria estadounidense, hemos subvencionado a los ejércitos de otros países, al tiempo que permitimos el triste decaimiento de nuestras fuerzas armadas. Hemos defendido las fronteras de otras naciones mientras nos negamos a defender las nuestras”.

Trump explota la percepción de que la Casa Blanca se ocupa de todo el mundo menos de los problemas de los americanos. En realidad, EEUU dedica solo un 1% del presupuesto federal a la ayuda al exterior (cuando se les ha encuestado al respecto, los americanos responden que la cifra asciende a más de un 25%). Su frontera, además, es la más blindada del planeta y la mayoría de expertos (progresistas y muchos conservadores) creen que la entrada de inmigrantes no disminuiría de manera drástica con la construcción del muro en las zonas desérticas que hoy no están protegidas físicamente.

T: “Hemos hecho ricos a otros países mientras la riqueza, la fuerza y ​​la confianza de nuestro país se han disipado en el horizonte. Una por una, las fábricas se cerraron y se fueron sin pensar en los millones y millones de trabajadores estadounidenses que quedaron atrás. La riqueza de nuestra clase media ha sido arrancada de sus hogares y luego redistribuida por todo el mundo (...). Desde hoy vamos a poner a América primero. El proteccionismo nos dará una gran prosperidad y fortaleza (...). América va a volver a ganar, volverá a ganar como nunca antes lo había hecho”.

Este diagnóstico es compartido por millones de americanos. Y los datos lo avalan parcialmente. El porcentaje de familias que cabían en la definición de clase media han caído de manera abrupta desde los años cincuenta. Según el Pew Research Center, hay ya menos americanos de clase media (120 millones de adultos) que de clase baja y alta (121 millones de adultos). No todos están de acuerdo con el remedio que propone el presidente: cerrarse al mundo y optar por el "American First", lema que por cierto recuerda al grupo aislacionista y antisemita liderado por el aviador Charles Lindbergh, a quien utilizó Philip Roth para su ucronía sobre unos EEUU aliados con Hitler ('La conjura contra América'), un libro que contiene similitudes escalofriantes con el presente.

T: "Todas las decisiones sobre comercio, impuestos, inmigración y asuntos exteriores se harán en beneficio de los trabajadores estadounidenses y de las familias estadounidenses. Debemos proteger nuestras fronteras de los estragos que crean otros países que fabrican nuestros productos, roban nuestras empresas y destruyen nuestros trabajos".

Trump identifica al enemigo en el extranjero y promete defender a los americanos de los "estragos" que llegan de fuera, infiltrándose en la madre patria por unas fronteras porosas. Se trata de un discurso extremadamente simplista en el que culpa al poder político y a los gobiernos de otros países de la evolución de la economía en los últimos años, dejando al margen a los grandes promotores del proceso de globalización: las grandes multinacionales y los inversores. En cuanto a la inmigración, lo cierto es que se ha estabilizado el flujo durante el mandato de Obama. Los inmigrantes que cruzan la frontera sur, además, ya no son mexicanos sino centroamericanos (el saldo migratorio neto con México es de hecho negativo).

T: "Vamos a construir carreteras y autopistas nuevas. Y puentes. Y aeropuertos. Y túneles. Y ferrocarriles en toda nuestra maravillosa nación. Sacaremos a nuestra gente de los subsidios y volverán a trabajar reconstruyendo nuestro país con manos americanas y mano de obra estadounidense. Seguiremos dos reglas simples: comprar americano y contratar a americanos".

La idea de reconstruir las viejas infraestructuras americanas ("tercermundistas", las llama Trump) con un plan de trabajo nacional recuerda al New Deal de F. D. Roosevelt y entusiasma a millones de americanos y a las grandes constructoras (varias de matriz española como Ferrovial o ACS). También Obama prometió algo parecido y no consiguió sacarlo adelante por las limitaciones presupuestarias y los vetos republicanos en el Congreso. Trump ha hablado de planes que incluyan financiación privada con una fiscalidad ventajosa, pero los expertos cree que no existen demasiadas obras que hacer con márgenes de rentabilidad que puedan resultar apetecibles para inversores privados.

T: "Reforzaremos viejas alianzas y formaremos otras nuevas. Uniremos al mundo civilizado contra el terrorismo radical islámico, que erradicaremos completamente de la faz de la tierra".

Una de las mayores incógnitas de Trump es su posición en asuntos militares y su promesa de rebajar la participación de EEUU en la OTAN, amenazando con retirarse de Corea del Sur, Japón o incluso Europa. Desde que ganó las elecciones ha tenido ocasión de discutirlo con generales y veteranos, algunos reclutados para su causa, que le aconsejan públicamente que no juegue con la Alianza Atlántica, ya que es la columna vertebral de la defensa americana en el extranjero. Al final, más que un movimiento hacia el aislacionismo, parece que Trump pretende volver a la “guerra contra el terrorismo” puesta en marcha por Bush y posteriormente desterrada por Obama. “Erradicar de la faz de la tierra” el islamismo radical en un periodo presidencial es una promesa por la que no apostaría ni cinco dólares alguien que conozca mínimamente los problemas de Oriente Medio y el Norte de África.

T: "Cuando América se une es totalmente imparable (...) No debemos tener miedo. Estamos protegidos, y siempre estaremos protegidos. Estamos protegidos por los grandes hombres y mujeres de nuestro ejército y las fuerzas del orden. Y lo más importante, estaremos protegidos por Dios (...). Cuando nazca un niño en Detroit o en los campos de Nebraska, mirarán al mismo cielo nocturno y su corazón se llenará con los mismos sueños y respirará la vida gracias al mismo Creador todopoderoso".

Una nueva esperanza para hacer frente al panorama de miedo explotado durante los meses de campaña. En suma, un caudillo fuerte para tiempos difíciles. Y como presumía Berlusconi, "ungido por el Señor".

Mondo Cane

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