Kosovo, Somalia, Siria, Ucrania: el 'yonki de la guerra' austriaco que se aburría en casa

La detención de Benjamin F. en Polonia mientras regresaba del frente ucraniano ha sacado a la luz la increíble historia de un joven de 25 años que ha combatido en medio mundo solo por la adrenalina

Foto: Benjamin F., el 'yonki de la guerra' austriaco que se aburría en casa. (FOTO: Belsat TV interview)
Benjamin F., el 'yonki de la guerra' austriaco que se aburría en casa. (FOTO: Belsat TV interview)

No es un mercenario. Es un "yonki" de la adrenalina sin escrúpulos al que sólo le excita jugar con la muerte. Polonia acaba de detener a un austriaco de 25 años acusado de varios supuestos asesinatos de civiles y militares en el conflicto en el este de Ucrania. Combatía con el ejército de Kiev. Pero que antes había luchado por placer contra el Estado Islámico (EI) en Siria e Irak. Y había desafiado a los piratas somalíes. Ésta es su historia.

Benjamin F., Ben como se le conocía en el frente, fue arrestado cuando intentaba acceder a Polonia desde Ucrania. La policía fronteriza le echó el alto. Había contra él una orden europea de detención. Austria exigía a su nacional -aunque con ascendente también tunecino-, según la fiscalía de Neustadt, en Viena, por presuntamente "haber matado soldados involucrados en la lucha por el aeropuerto de Donetsk que ya se habían rendido y/o haber asesinado civiles". Contra él ya se había abierto una investigación por una posible violación de la ley de sustancias controladas.

Ben, según ha confesado en diversas entrevistas a medios austriacos y alemanes, abandonó con 17 años su pequeño pueblo en el oeste de Austria, una zona idílica rodeada de montañas. Había sido un alumno modélico. "Los padres tenían prevista para mí una vida estricta. Tocaba el violín. Hacía esquí alpino y saltos de esqui", explicaba el joven en un extenso reportaje en el diario alemán "taz". Trabajaba ademas como voluntario en el departamento de bomberos. Pero se aburría. "Todo está más vivo donde hay muertos", aseguraba en una entrevista en el austriaco "Kurier".

Así que se alistó en el ejército austriaco. "Siempre quise ser soldado. Cuando lo pienso, cada carnaval iba de camuflaje", recuerda Ben. Al poco marchó a Kosovo en el marco de una misión europea. Allí descubrió lo que era un conflicto armado. Y el embrujo que ejercía sobre él la acción. De hecho, se quejaba de que a su unidad no le tocase intervenir como a las tropas francesas. "Estaba muerto de aburrimiento", declaró en una entrevista.

En busca de adrenalina se enroló como guarda de barcos que circulaban por aguas somalíes, infestadas entonces de piratas. Luego trató de inscribirse en la Legión Extranjera de Francia, pero fue rechazado. Temporalmente regresó a Austria, donde trabajó como guarda de seguridad. Pero aquello no le valía.

Combatientes extranjeros en las milicias kurdas YPG combaten al ISIS en Ras Al Ain, Siria, en marzo de 2015. (Reuters)
Combatientes extranjeros en las milicias kurdas YPG combaten al ISIS en Ras Al Ain, Siria, en marzo de 2015. (Reuters)

Con los "muchachos" en Ucrania

Entonces estalló el conflicto en el este de Ucrania. Era 2014 y Ben buscó a través de Facebook algunas almas gemelas adictas a la acción para marchar rápidamente hacia donde se estaban produciendo los choques más violentos entre los separatistas apoyado económica y militarmente por Rusia y los soldados del ejército ucraniano. Quería defender a Ucrania de la invasión tácita rusa. La región del Donbas era en aquellos meses un auténtico caos. Ben recuerda que muchos soldados estaban a menudo borrachos.

Meses después, los esfuerzos diplomáticos de Francia y Alemania lograron que los presidentes de Rusia y Ucrania, Vladímir Putin y Petró Poroshenko, suscribieran en febrero de 2015 el Acuerdo de Minsk, una hoja de ruta que incluía pasos para la distensión militar y puntos para una reforma política. Lo que en términos diplomáticos se vio como un éxito, no gustó en absoluto a Ben. El frente se convirtió, a su juicio, en una aburrida guerra de trincheras "con alcohólicos y yonkis".

Entonces Ben pensó en dar un salto. No había problemas para encontrar otros conflictos cerca. Viajó a Siria para luchar contra los yihadistas del Estado Islámico (EI), que estaban entonces en el máximo de su apogeo y dominaban extensas zonas de Irak y Siria. Primero luchó junto a la milicia kurda YPG, pero le parecieron demasiado ideológicos. Así que se pasó al ejército kurdo en Irak, los peshmerga, quienes han realizado grandes avances contra los yihadistas en los últimos meses y están cerca de completar la liberación de Mosul, la segunda mayor ciudad de Irak.

Pilar Cebrián. Kirkuk / Erbil (Irak)Pilar Cebrián. Kirkuk / Erbil (Irak)

Luego Ben decidió regresar a Ucrania. A través de internet conoció a tres estadounidenses que responden a los nombres de pila de Craig, Charlie y Cowboy, y otro austriaco llamado Alex, todos con una afición compartida y fundaron la unidad Task Force Pluto. Todos se tatuaron en el brazo el eslogan "Molon labe", una frase en griego antiguo que supuestamente pronunció el rey Leonidas I de Esparta al rey persa Xerxes en respuesta a su petición para que depusieran las armas: "Ven y cógelas".

El fotoperiodista alemán Timo Vogt los conoció en aquellos meses de batalla. Y los siguió para retratar su día a día en el frente. "Fascinados por la guerra e influidos por creencias nacionalistas, cinco voluntarios abandonaron Europa y Estados Unidos para ir a luchar a Ucrania. Se unieron a una unidad dirigida por la milicia de ultraderecha Sector Derecha que lucha con el ejército ucraniano", recuerda Vogt en el portal Eurasianet en un ensayo gráfico. "Los soldados internacionales no pueden ser llamados mercenarios: no reciben paga, sólo alojamiento, comida y munición. No fueron arrastrados a Ucrania por la política, sino por su deseo de vivir de forma peligrosa. Querían estar involucrados en el combate real, no a través de un videojuego. Están viviendo su sueño de pistolas humeantes, camaradería y vida al aire libre. Si la acción se detiene en Ucrania, seguramente se trasladarán a otra zona en conflicto en el mundo", asegura este fotoperiodista.

Ben lo veía claro en el reportaje aparecido en el "taz": "Me veo sin raíces. Lo llevo en la sangre, soy una oveja negra. En casa me echaría a perder".

Mondo Cane

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