Seis incógnitas del acuerdo marco alcanzado con Irán

Irán no desmantelará ninguna de sus centrifugadoras, sino que las apagará, conservando su infraestructura nuclear intacta. Esta laguna es quizás la más preocupante del pacto

Foto: Los representantes del grupo P5+1 junto al ministro de Exteriores de Irán, Mohammad Javad Zarif, en Lausana el 22 de abril (Reuters).
Los representantes del grupo P5+1 junto al ministro de Exteriores de Irán, Mohammad Javad Zarif, en Lausana el 22 de abril (Reuters).

El pasado 2 de abril en Lausana (Suiza) el grupo P5+1 (EEUU, Francia, Rusia, China, UK más Alemania) llegó a un acuerdo marco con Irán sobre su programa nuclear. Dicho pacto es resultado de las rondas de negociaciones establecidas entre las partes en el acuerdo interino que se alcanzó en Ginebra el 24 de noviembre de 2013. Tras el anuncio oficial, el Departamento de Estado de EEUU publicó un documento en el que exponía los parámetros clave del acuerdo marco que, definitivamente, deberá firmarse el día 30 de junio. Aun así, como reza el mismo en su introducción “nada está acordado hasta que esté todo acordado”.

No es definitivo, pues, lo que se ha conseguido hasta ahora, pero éstas serán las líneas generales de, en palabras de Barack Obama según confesó a Thomas Friedman, una “oportunidad única en la vida” si los acontecimientos se desarrollan con normalidad; algo difícil con anuncios como el de Mohammad Javad Zarif, ministro de Exteriores y jefe de la delegación de Irán en las negociaciones, quien declaró el pasado día 7 de abril, que un día después de firmar el pacto definitivo las centrifugadoras IR-8, prohibidas por el acuerdo marco, se pondrán en funcionamiento. O, más preocupante aún, el tuit del Ayatolá Supremo, Alí Khamenei, en el que declaraba textualmente: “Horas después de las conversaciones, los americanos ofrecen una documento informativo el cual en su mayoría es contrario a lo acordado. Siempre engañan y rompen sus promesas”. 

Básicamente, el acuerdo establece que Irán limitará su programa nuclear exclusivamente a fines civiles mediante la reducción del número de centrifugadoras, de los niveles de enriquecimiento de uranio y del stock de uranio ya enriquecido, y mediante la conversión de instalaciones como Fordow en centrales nucleares de investigación para fines pacíficos; a cambio, las sanciones económicas que han ahogado al país en los últimos años serán levantadas. En este sentido, Aaron David Miller, uno de los más reputados expertos en Oriente Medio, dice en Foreign Policy que es una transacción, no un acuerdo; los acuerdos, según Miller, son transformativos, y este no lo es: no cambia la realidad, Irán sólo cede para conseguir el levantamiento de las sanciones económicas.

No obstante, los términos del acuerdo marco dejan también muchas incógnitas no despejadas sobre las inspecciones que se llevarán a cabo y sobre las garantías para comprobar que los términos del mismo se están cumpliendo, sobre cómo, cuándo y qué sanciones se van a levantar –tres puntos que, de acuerdo con David Ignatius, son los grandes agujeros del acuerdo marco– o sobre si Irán ha establecido algún compromiso, siquiera lejano, para mejorar los derechos humanos en su jurisdicción, rechazar las declaraciones de sus líderes abogando por borrar a Israel del mapa o tiene en su agenda cesar en el empeño de desestabilizar Oriente Medio. 

Así, las incógnitas que nos deja el acuerdo marco sobre el programa nuclear de Irán son las siguientes:

Inspecciones

La competencia de las inspecciones recae exclusivamente en la Agencia Internacional para la Energía Atómica (AEIA), dependiente de la ONU. Así se hizo con Corea del Norte en 1994 y los resultados no fueron precisamente los esperados. Indudablemente, emplear a una delegación de inspectores del grupo P5+1, además o en lugar de la AIEA, habría aportado un valor añadido a las inspecciones y a la transparencia.

En relación al acceso de los inspectores y a los tiempos, no se establece una periodicidad en las inspecciones, siendo el calendario demasiado genérico, emplazando a los iraníes a permitir un “acceso regular” a todas las centrales. Y pese a que habilita a los inspectores a monitorizar prácticamente toda actividad nuclear, requiere a Irán para que autorice previamente a los inspectores para investigar y visitar sitios sospechosos –sin tener libertad, de entrada, para ello–. Un calendario y un régimen de inspecciones periódicas y con acceso sin restricciones a las instalaciones debería ser un punto básico del acuerdo definitivo que se firme el 30 de junio.

Ali Akbar Salehi, máximo responsable de la Agencia Nuclear de Irán, en Lausana (Reuters).
Ali Akbar Salehi, máximo responsable de la Agencia Nuclear de Irán, en Lausana (Reuters).

Sanciones

Jeffrey Lewis, director del East Asia Nonproliferation Program en el James Martin Center for Nonproliferation Studies y autoridad en proliferación nuclear, señala que no sabemos nada de las sanciones. Ignatius, lo identifica como uno de los problemas centrales del acuerdo marco: no se ha establecido un mecanismo para levantar las sanciones y reimponerlas en caso de incumplimiento por parte de Irán. Rohaní ya ha dicho que no hay acuerdo sino hay un levantamiento inmediato de las sanciones, aunque EEUU se ha pronunciado contradictoriamente y ha dicho que las sanciones se levantarán gradualmente, a medida que Irán demuestre haber cumplido los compromisos.

Este punto no está nada claro y no hay que olvidar que las sanciones, como recordó Jeffrey Goldberg, son las que han forzado que Irán se siente en la mesa de negociaciones. Por tanto, debe estar bien definido el sistema coercitivo en caso de incumplimiento por parte de Irán para el buen destino del acuerdo y de los objetivos que se pretenden.

La “prima de firma”, es decir, las sanciones que teóricamente EEUU levantará en cuanto Irán firme el acuerdo, desbloquearán más de 100.000 millones de dólares en activos. A partir de ese momento países y grandes empresas comenzarán a hacer negocios con Irán. Alcanzado ese punto, si Irán se echa atrás e incumple los términos del acuerdo alcanzado, habría ganado con la mera firma del mismo una posición diplomática y económica mucho más fuerte, con pocos incentivos para volver a sentarse en la mesa a hablar de su programa nuclear.

El desarrollo de un programa secreto

Irán seguirá mejorando su capacidad tecnológica, todo bajo la cobertura de un programa nuclear con fines civiles. Nada impide, bajo los términos del acuerdo marco, disuadir o restringir a Irán de cambiar el programa y convertirlo en militar. Las medidas que se establecen en el acuerdo marco no son suficientes para evitar que Irán desarrolle un programa secreto y paralelo. Por ejemplo, no se establecen límites a la I+D de centrifugadoras avanzadas en la instalación nuclear de Fordow, que supuestamente va a ser destinada a la investigación civil. Por si fuera poco, Irán no desmantelará ninguna de sus centrifugadoras, sino que las apagará, conservando su infraestructura nuclear intacta. Esta laguna es quizás la más preocupante del acuerdo marco.

La poca fiabilidad de Irán

El régimen de Irán no es exactamente fiable. No tiene un palmarés ejemplar en el respeto a los derechos humanos: la homosexualidad está condenada con la horca, el régimen lleva a cabo ejecuciones públicas semanalmente y las mujeres no están equiparadas en derechos y deberes con los hombres. Este acuerdo además, desde el punto de vista de Michael Doran, fortalecerá al régimen en lugar de al pueblo.

Ciertamente, si Irán no estuviera regido bajo los designios de los ayatolás, y en su lugar existiera un orden más aceptable, el programa nuclear no habría suscitado tanto revuelo mundial. Pero este acuerdo no abre paso a la oposición democrática, sino que fortalece al establishment y alarga la sombra de poder de Irán sobre todo Oriente Medio.

A este respecto, Ray Takeyh, académico americano-iraní y experto del Council of Foreign Relations, testificó ante la Comisión de Exteriores del Congreso estadounidense el pasado 16 de julio y alertó del papel desestabilizador de Irán en Oriente Medio. Según Takeyh, tras la Primavera Árabe la República Islámica ve una oportunidad única proyectar su poder en una región rodeada de transiciones impredecibles.

Los hechos lo confirman: Irán apoya abiertamente al régimen de Al Assad, como dijo el general de la Brigada Quds de la Guardia Revolucionaria –que, según Takeyh, dicta la política exterior de Irán– Qassim Soleimani: “La supervivencia y el éxito de la dinastía Assad es un elemento central de la política exterior iraní”.

La implicación de Irán, además de en Siria, en Líbano, en Irak y en Yemen demuestra su afán de extender su influencia y desestabilizar la región a su beneficio. Tal como relata Ari Shavit en POLITICO, Irán, antes de convertirse en una potencia nuclear, tiene ya el control de cuatro capitales árabes: Beirut, Damasco, Bagdad y Sanaa. Sin olvidar que Irán patrocina el terrorismo por todo el mundo, tal como reveló en 2012 un informe del Departamento de Estado norteamericano.

La realpolitik y la diplomacia internacional en muchas ocasiones obligan a pactar con regímenes nada agradables, es cierto. Pero la necesidad de pactar con ellos no hace que sean más fiables a la hora de cumplir con sus compromisos. Más aun teniendo en cuenta que Irán ha incumplido todas las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU que le obligaban a parar el enriquecimiento de uranio.

El presidente de Irán, Hassan Rohaní, en una rueda de prensa en Shanghái (Reuters).
El presidente de Irán, Hassan Rohaní, en una rueda de prensa en Shanghái (Reuters).

Las garantías para el cumplimiento del acuerdo

Al amparo del acuerdo, el breakout time –el tiempo que Irán necesita para adquirir suficiente material fisible para fabricar una bomba nuclear– pasa de dos meses a un año; y se quedará así los próximos quince años bajo las inspecciones regulares de la AEIA. Sin embargo, no se establece sistema alguno de garantías para el cumplimiento del acuerdo marco.

Gary Samore, que fue el asesor de Obama en energía nuclear durante su primer mandato, dice que el acuerdo atrasa la amenaza, y que sólo se podrá comprobar el cumplimiento del mismo mediante el espionaje clásico: “Francamente, creo que la mejor manera de detectar el engaño es a través del espionaje clásico. Sí, hay algunas medidas técnicas, pero no hay solución mágica, sobre todo porque la tecnología de las centrifugadoras es bastante difícil de detectar a través de medios técnicos. Así que, realmente, va a depender mucho más de espionaje clásico que de soluciones técnicas”.

Si esas son las garantías, y al decir de Miller, este acuerdo marco no es verdaderamente transformativo sino existen los medios adecuados y transparentes para comprobar que Irán está cumpliendo sus compromisos. Pan para hoy y hambre para mañana.

Proliferación en la región

Otros estados, enemigos de Irán, como Arabia Saudí, Egipto y los Emiratos querrán ser también estados “en el umbral nuclear”, como avisa Ignatius. En esta línea, Shavit también advierte específicamente sobre la nuclearización inminente de Arabia Saudí. Indudablemente, los aliados árabes tradicionales de EEUU, los saudíes y los egipcios, ven con mucho recelo el acuerdo y están dispuestos a entrar en la carrera nuclear, lo que podría desencadenar una crisis de consecuencias inesperadas en una región que está cada día más incendiada.

Aaron David Miller sentenció que “el tren para un acuerdo realmente bueno abandonó la estación hace tiempo”, y que, bajo el acuerdo marco alcanzado el pasado 2 de abril en Lausana, “Irán ahora tiene la capacidad y el derecho a enriquecer uranio y probablemente se le permitirá tener una infraestructura nuclear de gran dimensión durante una década”. No le falta razón. Aunque podríamos acogernos al optimismo de Guy Sorman y aceptar que los iraníes han entrado en razón y confiar en que cumplan el acuerdo, este acuerdo parece insuficiente.

En definitiva, el acuerdo marco, por ahora, está cogido por los pelos, tiene incógnitas serias por resolver, entre ellas las garantías de cumplimiento, y además lo único que hace es fortalecer la posición del régimen de Irán, tanto dentro como fuera de sus fronteras. 

Tajles
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