¿Qué pasa con Grecia?

Con o sin el euro, con o sin el dracma, con o sin la deuda y la austeridad, Grecia tendrá que realizar un milagro para evolucionar y continuar en el siglo XXI

Foto: Acrópolis de Atenas. (Reuters)
Acrópolis de Atenas. (Reuters)

El programa griego ha sido una catástrofe social y económica y su implementación ha destruido dos partidos políticos históricos. Sin embargo, el mismo programa ha tenido, en general, éxito en Portugal e Irlanda -ambos países han regresado a los mercados de capitales-. Austeridad y reformas han producido resultados también en otros paises europeos. Con odio popular. Y con sacrificios sociales que han dejado cicatrices en los pueblos y en la memoria colectiva. Nuestra Europa siempre ha sido dura. Y esta no es la primera vez.

Pero, ¿qué pasa con Grecia? ¿Por qué mi país no puede funcionar como una economía moderna? ¿Y cómo es que ha perdido toda huella histórica en la región?

1. La industria. Grecia empezó a perder su pequeña industria en la década de los ochenta. El primer gobierno del PASOK nacionalizó muchas empresas privadas que estaban cerca de la bancarrota y consiguió obtener luz verde por parte de la Unión Europea para la creación de una compañía pública que tenía como objetivo el saneamiento de esas compañías.

Todas aquellas empresas solo produjeron déficit, que pasó a formar parte de la deuda nacional. Estas empresas finalizaron sus operaciones en los años noventa.

Muchas industrias privadas con una historia muy grande a sus espaldas perdieron el norte cuando entraron en la bolsa de Atenas. El juego financiero era más fácil que el método productivo. Y el resultado ha sido una destrucción económica. Un viaje por el norte de Grecia no se diferencia mucho con el paisaje de las fábricas vacías de Detroit. Aunque la industria sigue representando un 9% de nuestro PIB, su valor agregado es bajo.

2. Un mercado sin destino. La entrada de Grecia en la zona euro le abrió las puertas al paraíso financiero. Por primera vez en su historia, Grecia había conseguido obtener acceso a los mercados de capitales con las mismas condiciones que tenía Alemania: intereses muy bajos y dinero barato.

Pero en lugar de invertir en la modernización de la economía, el mercado griego optó por el consumo. Cada día sonaban los teléfonos en todos los hogares helenos. Al otro lado de la línea, representantes de bancos comerciales. Los préstamos estaban allí. Para comprar una casa, un coche nuevo o ir de vacaciones a Nueva York. Los préstamos del sector privado se multiplicaron sin límite hasta 2010, el año de la crisis.

Los préstamos estaban allí. Para comprar una casa, un coche nuevo o ir de vacaciones a Nueva York... Y se multiplicaron sin límite hasta 2010, año de la crisis

3. El tamaño económico. Las empresas griegas son muy pequeñas -quizás las más pequeñas de Europa-. Una compañía con 200 empleados se considera aquí grande, mientras que, en Alemania, una empresa media tiene cinco mil trabajadores. Sin tamaño ni inversiones en investigación, desarrollo e innovación. No es extraño que el sentido de la palabra innovación haya cambiado durante la crisis porque los escena start-up griega ha ofrecido algo que la sociedad necesitaba: esperanza.

4. Inversiones extranjeras. La burocracia helénica es única en toda Europa porque tiene un problema por cada solución. Un ejemplo, de los operadores móviles. Compraron espectro en 2001 para desarollar redes modernas. Hasta hoy la mayoría de sus infraestructuras no ha recibido su licencia de operación y oficialmente sus antenas son ilegales. Además, la justicia griega es trágicamente lenta y el sistema fiscal cambia cada año. Por estas razones, la presencia extranjera es mínima en los sectores productivos de la economía.

5. La educación. Desde la escuela primaria hasta la salida del instituto el sistema educativo griego produce jóvenes con visibilidad baja. Porque todavia sigue existiendo una extrema prespectiva helenocéntrica, aislada del resto de Europa, que se diseñó por los virreyes bávaros que vinieron a Grecia con el rey Otto en 1833. En el pensamiento de un griego, su país es el centro de la galaxia y es mucho más grande que su tamaño real. Nuestra educación es un espejo deformable que no nos permite comprender el resto del mundo y la posicion del país.

Nuestra educación es un espejo deformable que no nos permite comprender el resto del mundo y la posicion del país

6. El sector público. El Estado ha sido una "vaca sagrada" del mundo político griego desde la época de la creación del Reino Helénico hasta nuestros días. Los politicos necesitaban al Estado por el clientelismo; y a la sociedad para que trabaje. No resulta extraño que la entrada en las facultades universitarias que forman al sector público siempre fuera la más dificil de todas. Durante estos cinco años de crisis, el sector público ha sido protegido fuertemente por todos los gobiernos. Pero con recortes horizontales, injustos y ciegos. Y sin evaluación.

7. El aislamiento. Aunque Grecia es parte de Europa desde hace 35 años y siempre ha pertenecido al Oeste en su historia moderna, sigue encontrándose geográficamente aislada. Al norte hay países pobres fuera de la UE, en el este está Turquía, que no tiene las restricciones de las leyes europeas, y al sur se ve el mar. Esto significa que Grecia tiene todos los problemas de las reglas de UE (competencia, subvenciones, etc) y en el mismo momento es un punto terminal del mercado común.

8. La aritmética. Grecia tiene casi 3 millones de pensionistas, un millón y medio de desempleados, un millón de niños y estudiantes, casi 0,7 millones de empleados en el sector publico y 1,3 millones de empleados del sector privado. Esto significa que el resto del país tiene que crear la suficiente riqueza como para financiar a la gran mayoría de la población.

Con o sin el euro, con o sin el dracma, con o sin la deuda y la austeridad, Grecia tendrá que realizar un milagro para evolucionar y continuar en el siglo XXI.

Y este pequeño pais -que nunca muere pero tampoco resucita- ha realizado milagros cada vez que se proponía objetivos que eran más grandes que su tamaño.

*Aquiles Hekimoglou es editor de la revista To Vima

Tribuna Internacional

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