Masacre de Orlando: un nuevo golpe del ISIS contra la pluralidad de Occidente

Cuatro preguntas para descubrir la identidad del atacante, la motivación, qué falló en la prevención y cómo puede acabarse con esta plaga

Foto: Imagen de la escena del ataque contra un club gay en Orlando (Efe).
Imagen de la escena del ataque contra un club gay en Orlando (Efe).

En torno a las dos de la mañana (hora del Este), Omar Marteen hacía una llamada al 911 declarando su lealtad al Estado Islámico y anunciando que iba a cometer una masacre en el pub The Pulse. El local es un bar muy popular en Orlando -frecuentado mayormente por gais- que en el momento del ataque estaba muy concurrido lo que provocó que el ataque fuera un “éxito”: 50 muertos incluyendo al propio atacante y 53 heridos.

Ahora cabe hacerse al menos cuatro preguntas para descubrir la identidad del atacante, la motivación, qué falló en la prevención y cómo puede acabarse con esta plaga.

¿Quién era el atacante y qué motivación tenía?

El autor de este atentado terrorista, que ya ha identificado el Estado Islámico como uno de sus soldados, es Omar Marteen un ciudadano americano de origen afgano. Omar Marteen es un caso diferente al de otros terroristas que se radicalizan rápidamente en viajes a Siria o Afganistán. Se trata de una persona vinculada a ambientes yihadistas. Su padre, Seddique Marteen, es un “predicador” que tiene un programa propio de televisión donde se presenta como presidente de Afganistán y en el que jura lealtad a los talibán. Por otro lado está la vinculación con Moner Abu Salleh, otro ciudadano americano que viajó a Siria para inmolarse con quien Omar Marteen mantenía una estrecha relación y por la que el FBI interrogó al terrorista de Orlando. Por lo tanto, Omar Marteen no era un ciudadano común que en un momento dado se radicalizó por internet o mediante un viaje a Siria. Se trataba de un sospechoso de terrorismo islámico y lamentablemente su ataque no ha sorprendido a los que le siguieron.

¿Por qué contra un “bar gay”?

En el pub The Pulse se cometían muchos de los pecados más perseguidos por los radicales yihadistas: se escuchaba música, se consumía alcohol y los que allí acudían podían expresar libremente su condición sexual. El radicalismo islámico ha sido especialmente duro con el consumo de alcohol y sobre todo con la homosexualidad. Durante el régimen de los Talibán, la homosexualidad estaba duramente castigada con atrocidades tales como ser aplastados con tanques o ser golpeados con un pala excavadora hasta la muerte. El Estado Islámico no es mucho más tolerante con estas cuestiones. Uno de los castigos más comunes es arrojar al vacío a consumidores de alcohol o a personas que hagan explícita su condición homosexual.

Es en este contexto en el que debe ser entendido el ataque contra The Pulse. Omar Marteen quería llevar al territorio del Far Enemy -Estados Unidos- los castigos que se están aplicando en lugares que él consideraba como idílicos.

¿Cómo pudo hacerse con esas armas?

El arma que Omar Marteen usó para la masacre de Orlando es un rifle semiautómatico AR-15s. Se trata de un arma de gran precisión que estuvo prohibida para uso civil desde el año 1994 hasta el 2004. Este arma ya fue usado en otras masacres ocurridas en los Estados Unidos como el ataque de San Bernardino (perpetrado por el Estado Islámico), el de Newton o el de Aurora.

Una sociedad como la americana, multicultural, con grandes desigualdades y profundamente armada, se convierte en el lugar ideal para cometer atentados

El terrorista compró una o dos semanas antes del atentando su arsenal de forma legal y sin mayores dificultades. Junto a este rifle también adquirió cargadores de alta capacidad, algo que también es muy controvertido por su gran poder de destrucción.

La cuestión de las armas en los Estados Unidos merece una cierta atención. En el año 2011 el portavoz de Al Qaeda Adam Gadahn (ciudadano americano) hizo un llamamiento a sus “combatiente” a convertirse en lobos solitarios y aprovechándose de las facilidades legislativas que daba Estados Unidos para adquirir armamento, cometer atentado terroristas contra ciudadanos o intereses americanos. Este llamamiento, convierte a los Estados Unidos en un territorio absolutamente favorable para atentados como el cometido en el pub The Pulse o incluso como los de París de noviembre pasado.

¿Cómo puede solventarse el problema?

A corto plazo no parece sencillo que los Estados Unidos reduzca la cantidad de armas existentes en la sociedad ya que no solo es un derecho recogido en la Constitución Americano, sino que “portar armas” es una costumbre muy arraigada en la conciencia de los norteamericanos.

De hecho, el presidente Obama ha tenido que sortear el veto del poder legislativo aprobando varias acciones ejecutivas que tienen por objetivo dificultar el acceso de los ciudadanos a las armas, derecho reconocido por el Tribunal Supremo en 2008. En todo caso, es importante aclarar que en ningún caso las acciones del presidente Obama van en contra del derecho de los americanos a “portar armar” ya que esto arruinaría la campaña electoral de Hillary Clinton en particular y del partido demócrata en general. Entre los mayores defensores de este derecho está la National Rifle Asociation (RFA) que cuenta con 5 millones de socios. En total, se calcula que en los Estados Unidos existen un total de 310 millones de armas para un total de 306 millones de habitantes.

Los hechos acaecidos en Orlando merecen cuanto menos una reflexión. Una sociedad como la americana, multicultural, con grandes desigualdades y que está profundamente armada se convierte en el lugar ideal para cometer atentados terroristas como los de Aurora, Newton, San Bernardino o The Pulse. Así, “el derecho a poseer y a portar armas para proteger la libertad” (Segunda Enmienda) podría valer para el siglo XVII pero en el siglo XXI es el mejor aliado del Estado Islámico.

Tribuna Internacional

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