Los orígenes de la autocracia de Chávez y Maduro en Venezuela están en Fujimori

Hoy casi nadie recuerda que el exdictador peruano apoyó la causa del joven golpista Hugo Chávez, de donde surgió una amistad y una alianza a la que el venezolano hizo honor más adelante

Foto: Un Hugo Chávez que apenas se estrenaba en el poder saluda a un Fujimori a quien apenas le quedaban meses en la presidencia, durante la Cumbre Andina en Lima, en junio de 2000. (Reuters)
Un Hugo Chávez que apenas se estrenaba en el poder saluda a un Fujimori a quien apenas le quedaban meses en la presidencia, durante la Cumbre Andina en Lima, en junio de 2000. (Reuters)

Toda historia tiene un inicio. Toda dictadura tiene un inspirador, una matriz.

Aparentemente opuestos e ideológicamente distantes, el gen del chavismo-madurismo venezolano, encuentra los orígenes de su actual partitura en el libreto autocrático escrito por Alberto Fujimori, durante la década de los 90 en el Perú. Aquella mañana del domingo 5 de abril de 1992, los peruanos despertaban con la noticia de que ya no existía parlamento. Fujimori había cometido un golpe de estado y se había convertido en dictador.

Alberto Fujimori denominó eufemísticamente este periodo como “Gobierno de Emergencia y Reconstrucción Nacional” con el engañoso apoyo de más del 80% de la población peruana. Bajo aquella licencia populista, el fujimorismo intervino a fondo en todos los poderes del Estado: colocó jueces y fiscales a su antojo, y concentró el poder en sociedad con Vladimiro Montesinos, su asesor en las sombras.

Seguramente este contrahecho 'know-how' político inspiró a Hugo Chávez a construir un modelo basado en el mismo sistema clientelista que el fujimorismo ostentaba. Pero, ¿cómo aparece Fujimori en la vida de Hugo Chávez?

La íntima relación entre Alberto Fujimori y Hugo Chávez brota en 1992, cuando el caudillo peruano le ofrece asilo a 93 militares venezolanos que participaron en el frustrado golpe de estado contra el expresidente Carlos Andrés Pérez, cuestionado y procesado por actos de corrupción durante su gobierno. En ese ínterin, Fujimori se alinea políticamente con la causa de Chávez en contra de Carlos Andrés Pérez, y destina un presupuesto de 202.000 dólares para que los golpistas puedan vivir cómodamente durante su estadía de casi dos años en Lima. Cabe destacar que Pérez fue padrino del hijo mayor del expresidente peruano Alan García, también señalado por diversos actos de corrupción durante sus dos mandatos.

“Mi amigo personal”

El dictador peruano consideraba a Hugo Chávez su amigo; y tal vez esa mutua admiración los llevó a desarrollar grandes similitudes en sus gobiernos. Ambos regímenes fueron de tipo cívico-militar, y concentraron poder bajo el manto de una aparente e irreal democracia; que en ambos casos fue una farsa legalista. Además, Fujimori y Chávez crearon constituciones políticas a su medida, y organizaron elecciones periódicas que fueron simples fachadas, que escondían la verdadera composición autoritaria de sus gobiernos.

Keiko Fujimori, hija del ex presidente peruano, reconoce su derrota en los comicios presidenciales de Perú. (EFE)
Keiko Fujimori, hija del ex presidente peruano, reconoce su derrota en los comicios presidenciales de Perú. (EFE)

En este intrincado maridaje fujichavista, los autócratas se han dado la mano en más de una ocasión. Al asilo dado a los golpistas venezolanos de 1992 le correspondió la visa extraordinaria que Hugo Chávez le extendió a su contraparte peruano en octubre del 2000. La visa no fue necesaria, dado que finalmente Fujimori se fugaría a Japón.

Además, Chávez defendió a Fujimori tras los resultados electorales del 2000; incluso cuando éstos fueron cuestionados duramente por la OEA y Estados Unidos. Sin embargo lo que más resalta de esa simbiosis, es la protección que le dio Caracas a un prófugo Vladimiro Montesinos cuando recaló en Venezuela al final del fujimorato. Aunque lo negaron una y otra vez, el chavismo protegió a Montesinos hasta que la situación se hizo inviable y tuvieron que entregarlo a las autoridades peruanas para juzgarlo y condenarlo.

Cortados con la misma tijera

A 25 años del inicio de esa relación, el fujimorismo se decantó por una suerte de autoritarismo populista de derecha, mientras que el chavismo-madurismo proclama un casi colapsado socialismo del siglo XXI. Una especie de régimen zombi que ha empobrecido Venezuela en tiempo record.

En el Perú, la hija y heredera política de Alberto Fujimori controla el parlamento peruano con el mismo autoritarismo despótico del padre. Una suerte de cinismo político que solo busca acumular poder sea como fuere, y socavar el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski. Mientras, en Venezuela, Nicolás Maduro confirma con descaro que su país es básicamente una dictadura en donde no existe la separación de poderes, y las libertades están seriamente restringidas.

El fujimorismo y el chavismo son finalmente dos caras de una misma moneda autocrática y dictatorial que eventualmente se pueden extender peligrosamente por Latinoamérica, si no apelamos a fortalecer las instituciones democráticas.

*Luis Jesús Durand es especialista en comunicación, periodista y escritor.

Tribuna Internacional

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