El final de Maduro y el petropopulismo

Al Gobierno se le cierran las salidas, se ve obligado a arriesgarse más y se equivoca más, se ha jugado casi todas sus cartas

Foto: Un grupo de artistas, acompañados de cientos de personas, participan en una manifestación en contra del Gobierno de Venezuela. (EFE)
Un grupo de artistas, acompañados de cientos de personas, participan en una manifestación en contra del Gobierno de Venezuela. (EFE)

"Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor"

Desmond Tutu

Vivir en Venezuela hoy es no saber qué va a pasar mañana. Mientras, de fondo se oye diariamente una cacofonía presidencial que no tiene nada que ver con la realidad de un Estado fallido que agoniza. Es cuestión de tiempo, pero cuanto antes, menos sufrimiento y mayor la capacidad de reaccionar y restaurar. La buena sociedad española no puede asistir indiferente a este latrocinio, porque los venezolanos portan nuestra sangre y porque desde que nos incorporamos al mundo libre tenemos una obligación moral en la defensa de la libertad. “Creo que la libertad del hombre, de cada hombre, solo es plena cuando coopera a la libertad de los otros. Lo que debe preocuparnos no es solo dónde termina mi libertad, sino cuándo empieza la libertad de los que no pueden disfrutar de ella” (A. Suárez).

El pensamiento hoy de los venezolanos es el de un futuro que parece más pendiente del colapso que de la esperanza. Y es que es muy difícil pensar en el mañana apacible y soleado en plena tarde de tormenta. Pero esta es una crisis ya insostenible. Al Gobierno se le cierran las salidas, se ve obligado a arriesgarse más y se equivoca más, se ha jugado casi todas sus cartas: la desarticulación del referendo revocatorio, el falso diálogo, la suspensión de las elecciones regionales y ahora estas dos sentencias del Tribunal Supremo, flagrantemente violadoras de la Constitución.

Ojalá que sean los días finales de esta triste historia de 40 largos años de petropopulismo, y que les sirva de experiencia para reconstruir un nuevo país

Ahora vuelve la protesta callejera, pero con la diferencia de que esta vez, el ánimo del país y de los manifestantes no es el mismo del año 2014. El estómago vacío y el desamparo del pueblo son la bomba de tiempo que la satrapía intenta desactivar a cualquier coste, con brutal represión. Entre el miedo a salir a protestar, la rabia y la frustración constreñidas de la gran mayoría, se mece el desenlace de esta coyuntura. Ojalá que sean los días finales de esta triste historia de 40 largos años de petropopulismo, y que les sirva de experiencia para reconstruir un nuevo país.

Muchos venezolanos han despertado y atónitos observan que se encuentran en una república bananera, no terminan de creer hasta dónde puede llegar esta infección que les ha caído encima llamada chavismo. La falta de alimentos y medicinas en Venezuela, y la crisis del agua y la electricidad, comienzan en estos días a tener cara de miseria y crisis humanitaria, y los tiempos políticos de diálogo entre Gobierno y oposición están claramente desfasados de las penurias que sufre el país. Para que entendamos que la situación es irreversible, baste con descifrar por qué el Gobierno no adopta las medidas económicas elementales en una situación límite. Es obvio que no puede hacerlo, porque es un país que ha sido invadido y expoliado y está ofreciendo sus últimas gotas de sangre a la bestia que lo devoró, el petropopulismo.

Una forma de hacer política caracterizada por fomentar, mantener y exacerbar la dependencia del ciudadano de la rentas petroleras en sustitución de todo esfuerzo productivo, que no encuentra la posibilidad de desarrollo debido al interés político por sostener el desempleo y la pobreza como base político-clientelar. El petropopulismo determina la relación entre el Estado y el ciudadano, haciendo a este dependiente del primero y no al revés. Venezuela ha vivido con la cultura de ser un país rico en los últimos años, especialmente desde la nacionalización de la industria en los años setenta, y con el petropopulismo han venido el debilitamiento de la democracia, la ausencia de esfuerzos individuales y colectivos, el capricho en la utilización de los recursos y el deterioro institucional que hoy lloramos.

El petropopulismo determina la relación entre el Estado y el ciudadano, haciendo a este dependiente del primero y no al revés

Para quien no conozca la historia inmediata de Venezuela, es imposible entender cómo un ignorante, déspota, enemigo de la democracia y tirano del pueblo al que dice proteger se hizo con el poder absoluto (claro que sería fácil exhibir al déspota Trump o a los populistas actuales de derecha-izquierda, tanto da, europeos para justificarse), sin embargo hay muchas diferencias, dos elementales: instituciones que funcionan y clase media, quejosa por el retroceso económico, pero que no está dispuesta a perder todas sus libertades.

La democracia venezolana, aunque deteriorada, vergonzosamente dio paso al chavismo y luego a Maduro en agosto de 1998, cuando Carlos Andrés Pérez, uno de los principales responsables de lo que viven hoy los venezolanos, ya encontrándose para ese momento defenestrado políticamente, dijo que la mayoría de los venezolanos votarían contra los partidos y votarían por un vengador, por alguien que viniera a resarcir los daños tan tremendos que el Gobierno de Rafael Caldera había causado al país. Era de esperar que con su habitual 'caradurismo', Carlos Andrés responsabilizara únicamente a su eterno adversario de la tragedia que, como avezado político, vislumbraba para Venezuela.

¿Cómo llegó Chávez a ser candidato? De la mano de Luis Miquelena, un viejo zorro, operador político de los años sesenta que convenció a Chávez, ya indultado por el mismo Caldera, de que su mejor oportunidad en ese momento era electoral y democrática, y no revolucionaria. Miquelena vio en Chávez a ese vengador del que hablaba Carlos Andrés, y logró la financiación indispensable en estos casos, de oportunistas de ocasión. No es casualidad que fuera el mismo Chávez quien luego financiara a Podemos, y a tantos otros 'vengadores' latinoamericanos, porque para estos 'tipos' la democracia es palabrería, televisión y 'listos' que te financien. Les recuerdo que en 1998 la mayoría de los votos en Venezuela eran de la clase media, y aun así, y a pesar de que adecos y copeyanos, desafortunadamente ya desprestigiados para ese entonces, advirtieron de la dictadura en ciernes, Chávez fue electo presidente. Desde entonces, la revolución no ha hecho más que ir atornillándose al poder, al mejor estilo soviético y tutelada por los cubanos, imponiéndole al país el lamentable coste que exhibimos hoy, un férreo control social, político y económico.

Un poco tarde nos levantamos los españoles y Felipe González para defender lo poco que queda de la democracia venezolana. ¿Por qué no lo hicimos hace dos años cuando la oposición denunciaba a la comunidad internacional el fraude electoral de Maduro? Solo se oyó entonces la voz de García-Margallo reclamar un recuento de votos, que enseguida se calló al oír las bravuconadas de Maduro: "¡Canciller español, saque sus narices de Venezuela!". Entonces, imitando a Chávez, comenzaban las amenazas contra las inversiones españolas. ¿Por qué hace dos años, mientras Maduro masacraba y torturaba estudiantes, ni Felipe González, ni el Gobierno de España ni los españoles nos plantamos en su contra? Así pues, aprendamos con nuestros hermanos venezolanos que frente a los falsos profetas que prometen 'paraísos revolucionarios', sin libertad, no existe otro remedio que más democracia y más libertad.

Aprendamos que, frente a los falsos profetas que prometen 'paraísos revolucionarios', sin libertad, no existe otro remedio que democracia y libertad

Mis pronósticos para las próximas horas (ya no semanas, ni días) son que finalmente se precipitarán los acontecimientos. Me atrevo a predecir que la oposición venezolana está logrando alinear las piezas en posición para darle el jaque, esta vez dentro de la Constitución, al Gobierno. Es verdad que en este momento el Gobierno tiene el control del CNE y el TSJ, pero solo controla a un sector del Ejército, y este, pienso yo, es el factor clave. Siendo pragmáticos los militares (los que aún no hayan pasado la línea de no retorno por narcotráfico y violación de derechos humanos) como han demostrado serlo, se inclinarán, ante el inminente llamamiento de la oposición a la rebelión popular (artículo 350 de la Constitución), a hacer respetar las decisiones de la Asamblea (nombramiento de un nuevo CNE y TSJ, destitución del presidente de la República y convocatoria a elecciones presidenciales anticipadas), ya que no están dispuestos a asumir los costes de intervenir a favor del Gobierno en un escenario de explosión social y violencia generalizada en el país.

Ahora sí, por fin, el mundo reacciona ante lo que ha venido pasando en Venezuela desde hace mucho tiempo. Falta que la sociedad venezolana y la oposición no dejen pasar esta nueva oportunidad de acabar con este régimen dictatorial.

*Rafael Martínez-Campillo, exdiputado de las Cortes Generales por Alicante y ex secretario nacional de CDS.

Tribuna Internacional

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
3 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios