¿Es Macron el presidente que Francia y la UE necesitan?

Para serlo tendrá que explotar el potencial de su país dentro de la Unión y fortalecer su relación con Alemania. Ambos puntos dependen de cómo dinamice el aparato estatal francés

Foto: Emmanuel Macron y el primer ministro Edouard Philippe posan tras la primera reunión de su gabinete. (Reuters)
Emmanuel Macron y el primer ministro Edouard Philippe posan tras la primera reunión de su gabinete. (Reuters)

He podido leer últimamente dos posiciones claras, definidas y al mismo tiempo encontradas respecto al nuevo presidente de Francia, Emmanuel Macron. La primera corriente de opinión reivindica el importante rechazo que Francia ha ejercido sobre la ultraderecha populista liderada por Marine Le Pen, y consecuentemente, el apoyo al proyecto centrista y europeísta defendido por Macron.

Por otro lado, la segunda reflexión tiene que ver precisamente con que Macron representa el status quo, la autocomplacencia generosa que ha venido debilitando a la eurozona; y que su victoria es un alargue pírrico que beneficiará el auge del populismo nacionalista que merodea en Europa y el mundo.

Esta colisión de posiciones nos deja una duda: ¿es Emmanuel Macron el presidente que necesitan los franceses y la Unión Europea?

El contexto social no es especialmente alentador. El estancamiento económico francés ha desencadenado un preocupante nivel de desempleo que llega al 10,1%; al que, además, tendríamos que sumar una fallida política de integración de los inmigrantes y refugiados: específicamente la comunidad musulmana. Macron ha dicho previamente que es consciente de la situación, por lo que se ha dejado ver como un creyente y promotor de la integración global, en los términos socioeconómicos en los que ésta se presenta y para lo que realmente sirve; es decir, para enfrentar retos que el estado-nación por sí solo no podría.

Empero, sin mayores cambios aquel 40% de descreídos, decepcionados y furiosos electores que apoyaron a Marine Le Pen y Jean Luc Mélechon se hará más grande e insostenible para el proyecto europeísta.

El tercer tiempo estratégico

El reto de Macron consiste en dejar claro a los ciudadanos que las bases del Estado de Bienestar, sobre las que están construidas Francia y la UE, son aún válidas y vigentes. Para poner en práctica estas reformas, el presidente necesitará ganar las elecciones de la Asamblea Nacional en junio próximo.

Esto es una suerte de tercer tiempo que trae a una Marine Le Pen empoderada y celebrando ser la segunda fuerza electoral de Francia: "Hay que frenar las políticas mundialistas del nuevo presidente y luchar por nuestra patria", dijo por estos días en tono de advertencia, al tiempo que anunciaba la reorganización de su partido.

Sin una mayoría fuerte será muy difícil desarrollar un clima de reformas que les devuelva la confianza a los ciudadanos y la tranquilidad al resto de la Unión Europea.

Luis Rivas. ParísLuis Rivas. París

Los retos del nuevo Gobierno

Creo que la respuesta a la pregunta inicial, que aún subyace, está en cómo pensamos la UE: como un habitáculo donde ciertos poderes mercantilistas están por encima de los derechos ciudadanos; o como espacio de integración, inclusión y apertura ciudadana que trasciende nacionalidades y fronteras. Los indicadores inmediatos que tenemos frente a nosotros son precisamente el desenlace populista del Brexit, el auge de los movimientos de ultraderecha como el de los Le Pen, o el de Geert Wilders en Holanda.

Si trascendemos la zona euro, podríamos mencionar el autoritarismo rampante de Erdogan, la hegemonía desestabilizadora de Putin o el ascenso del propio Donald Trump en los Estados Unidos.

Si como menciona Slavoj Zizek, Emmanuel Macron es solo la personificación liberal con rostro humano del capitalismo mercantil, es bastante probable que simplemente estemos posponiendo el ascenso de los fantasmas del fascismo autoritario que acechan Europa y el mundo. En Zizek leemos aquella pesimista visión en la que Macron agudizará irremediablemente las contradicciones europeas. Y puede que lo sea, sino propone cambios estructurales reales que atiendan a los grandes bolsones de votantes antisistema, que no se sienten beneficiados con el europeísmo.

En ese marco, para que Macron sea el presidente que Francia y la UE necesitan, tendrá que explotar extensamente el potencial económico de su país dentro de la Unión, y fortalecer su relación con Alemania. Ambos puntos dependen de cómo dinamice el aparato estatal francés, de cara a dotar a la UE de herramientas que destraben su crecimiento. Deberá, además, demostrar que el tratamiento de las políticas inmigratorias no es exitoso si es reducido al nivel de estado-nación. Y que, más bien, son temas que deben gestionarse nivel regional europeo; de la misma manera que la amenaza terrorista y el cambio climático.

Finalmente, depende del propio Macron ser el presidente que Francia necesita, y no el gobernante a la medida de Marine Le Pen. Esto recién comienza.

Tribuna Internacional

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