El boxeo es amor

El sábado estuve en el boxeo. No he visto nunca nada tan humano, tan tierno como el boxeo. El boxeo, criticado por tanto y tanta meapilas,
Foto: Isaac Leal, alias 'Chaca' (foto: Gallego Prada Producciones)
Isaac Leal, alias 'Chaca' (foto: Gallego Prada Producciones)

El sábado estuve en el boxeo. No he visto nunca nada tan humano, tan tierno como el boxeo. El boxeo, criticado por tanto y tanta meapilas, sigue con su existencia totalmente ajeno a la agresividad que se le achaca. Mi sorpresa ha sido tan grande que quiero compartirla con ustedes. Tiene muy mala prensa, el boxeo. Diría que actualmente es un deporte maldito en España. Pese a que hay más agresividad en una entrada sucia de fútbol que en noventa rounds, casi han desaparecido los cronistas y muchos medios lo tienen tachado en la sección de deportes.   

Quizás está bien así. Quizás debería aparecer en la sección de cultura, a la que pertenecen todas las actividades malditas. Dejemos la violencia para las secciones de sucesos y de política y la sección de eterno horror que llaman “internacional”. 

Aquí va una crónica amateur y redentora sobre un deporte maldito, y maldita la gracia que me hace tener que redimir yo a estas alturas algo tan bello, tan plástico, tan bondadoso como es el combate de boxeo. 

El polideportivo de Vall d'Hebron, justo enfrente el hospital del mismo nombre, estaba a rebosar. La cola a las puertas era más larga que la de Nacho Vidal. El público, a primera vista, parecía recién salido del almacén de un supermercado, de talleres clandestinos de coches o del presidio. Para el profano, esperaba una jornada de violencia y mamporreo facial. Así lo anuncia la convocatoria de Gallego Prada Promociones y KO Verdún: Blood for Blood, sangre por sangre. Poco a poco, la cola penetraba en el polideportivo y quedaba menos para que saliera de mi error. 

Después de tres combates de amateurs, a la manera de potentes teloneros, ya sabíamos más sobre boxeo que en toda nuestra vida por haber visto las cinco películas de Rocky y el documental When We Were Kings sobre Mohamed Alí y George Foreman. Pasamos de la idea del espectáculo sangriento a la de deporte moral en nueve asaltos. Ahí había, entre ganchos e hígados castigados, más poesía que en toda la obra del vate de Nicaragua. 

Juli Giner, 'The Rock' (foto: Gallego Prada)
Juli Giner, 'The Rock' (foto: Gallego Prada)
Con pluma Parker se firmó la obra maestra de la noche. The Rock, Juli Giner, llegó invicto con 11 victorias, cuatro por KO, a defender su título de campeón de peso pluma de España contra Paco Ureña (17 victorias, 8 por KO, 8 derrotas). Quiero decir que estos dos se tenían muchas ganas, había razones de peso pesado para darlo todo, para perder la cabeza, para emborracharse de violencia y machacar al oponente sin piedad. 

Pues bien: sonó la campana. Juli era el favorito del público, pero Ureña llegaba para vengarse. Más lento que su oponente, el aspirante trataba de encontrar al prodigioso Juli de eólicas piernas, que le daba bailando a su alrededor y huía de la respuesta. Uno cubría y, al soltar la derecha, su oponente ya estaba detrás. Sin embargo, el poderoso Ureña lograba encajarle algún golpe. De poco le servía: a medida que se sucedían los asaltos la piel blanca de Ureña se estropeaba y el invicto Juli brillaba como un recién nacido. Los golpes de Ureña no conseguían afear a Juli su aspecto de príncipe persa

De repente, a medio combate, Ureña se apoya en las cuerdas y el público, conmocionado, le ve llorar. Se ha hecho daño en la diestra. El resto del asalto apenas puede defenderse, la defensa derecha baja pese al enjambre de puños del campeón. Se acerca el árbitro y el combate termina con Ureña de baja. Para detener la furia de Juli no hacen falta dos brazos, hacen falta cincuenta. Y el aspirante pierde su oportunidad de arrebatarle el título. 

Bueno, amigos: ahí vi a dos campeones. El boxeo es un deporte de macarras con alma aristocrática, de hombres con puños asesinos y corazón de oro. Juli levantó a Ureña en brazos, para que el público ovacionase a su oponente. Un minuto atrás parecían dos enemigos mortales y ahora eran hermanos. Ureña aplaudía a su vencedor. Ni una sola vez tuvo que intervenir el árbitro, tan limpia fue la batalla. 

Y luego dirán que el boxeo es un deporte depredador. Hay más violencia en un partido de fútbol, y mucha menos caballerosidad. En boxeo, a quien pierde el estilo se le abuchea. Ya podían aprender de los púgiles otros que no se han dado un sopapo en su vida. Hace veinticinco años escribió Manuel Vicent en El País

- Sumergidos en una marea de golpes y gritos, los banqueros, altos funcionarios del Estado, amigos del Gobierno y hembras de compañía exhibían una mirada rigurosa y aún sonreían con cierto candor. 

No tenían nada que aprender. Ellos sabían dar mejores directos al hígado en la vida ordinaria. En esto me picó una pulga y yo me derribé a mí mismo de un derechazo. Salí vencedor. 

Una lucha moral y hermosa 

El público congregado el sábado, tan cubierto de tatuajes, tan rapado, tan bucanero, era igual de sabio que Manuel Vicent. El peor combate de la noche lo demostró: enfrentaba a Sandor Martín contra un francés, Alexandre Lepelley, que al principio recibió más puñetazos del público que de su oponente. Sandor, el favorito al subir al ring, es miembro del gimnasio KO Verdún. Muchos espectadores entrenan en ese gimnasio y el niño tenía a todos sus amigos de su parte. Pero en el cuadrilátero fue un cobarde. Abrazaba a su oponente después de darle un par de golpes mediocres. El francés se quejaba, su entrenador aullaba a los jueces, que se negaban a descalificar al favorito. 

- ¡Nenaza! 

A medio combate, el público abandonó a su delfín para animar al extranjero. Este boxeador venía sin dinero: por no tener, no tenía ni taburete. Aquello se convirtió en una lucha moral y fue hermoso. Pese al favoritismo inicial, el respetable se ganaba este apelativo. Tras ocho asaltos sin gracia estaban abucheando al mismo Sandor que los tuvo de su parte y los jueces no tuvieron más remedio que dar la victoria al francés. El público despidió a su mimado con abucheos y al galo con ovaciones. El próximo combate de Sandor será su oportunidad para demostrar que sólo tuvo una mala noche. 

Pero la jornada tenía todavía muchas sorpresas. Ahí estaba Javi García Roche, el chatarrero, caballero de bigote rubio, muy a la antigua, tatuado de arriba abajo. Subió al ring acompañado por su perro y levantando las mayores ovaciones, y se las vio con un italiano como una torre al que no hubo manera humana de tumbar: Adriano Nicchi. ¡Amigos! ¡Cómo se dieron esos dos! La onda expansiva de aquellos puñetazos podía dejar KO a cualquiera en las primeras filas. El combate se resolvió por puntos y el instinto homicida de Javi se disolvió. Bajo la apariencia de asesino en serie del tipo que intentó tumbar un castillo había un perfecto señor. Su oponente aguantó el chaparrón y tuvo su premio, como Rocky contra Apollo Creed. Un empate de potencia que, por puntos, dio la victoria al Chatarrero. 

El final de la jornada, después de un espectáculo de coreografía, resistencia y agilidad a cargo del negro francés Hassan N'Dam N'Jikam y el irlandés Anthony Fitzgerald, era el plato fuerte de la noche. Isaac Leal, alias Chaca, contra el gallego campeón de España, Iván Sánchez, Dinky. Chaca, bestia parda de Hospitalet, es un ídolo para la gente de Barcelona. El gallego recibía por todas partes. Sus brazos larguísimos no atinaban y, cuando lo hacían, no hacían mella en la tanqueta inmisericorde que es Chaca. Dejó KO a Dinky al séptimo asalto; cuatro veces intentó levantarse el campeón y finalmente el árbitro le salvó la vida declarando el KO técnico y proclamando ganador al héroe de Hospitalet. 

Y nuevamente, al concluir el combate, los enemigos se dan la paz. Pasé la noche pensando en lo que había visto, derribando uno por uno mis prejuicios, acumulando ganas de soltarle a los prejuicios un derechazo que los mande directos a la lona. El boxeo es un deporte que rebosa caballerosidad, limpieza y sacrificio.

Mientras escribo esto, los campeones y los perdedores estarán tomando nolotiles para aguantar la resaca: no puedo imaginarme cómo tienen el cuerpo después de haber aguantado semejante oleaje. Desde aquí los felicito a todos. Me gustaría mucho que la prensa deportiva de España volviera a abrazar a este deporte con el mismo calor humano con que se abrazan los púgiles cuando suena la campana.

España is not Spain
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