Porno, santas y penas

Hay una sevillana de 28 años que ha escrito unas vidas de santas. Pero esta sevillana no ha escrito sobre las del santoral, sino sobre las actrices porno
Foto: Elisa Victoria, autora de 'Porn and pains'
Elisa Victoria, autora de 'Porn and pains'

Como estamos en todo lo crudo del invierno, voy a intentar calentar un poco el ambiente.

– Hágalo antes del tarifazo o llorará.

Verá usted como no voy por ahí. Hay una sevillana de 28 años que ha escrito unas vidas de santas. Ya se sabe que Sevilla es una ciudad muy santera, muy encendida de cirios, muy de manto y de ¡ar sielo con ella! Pero esta sevillana no ha escrito sobre las mismas santas del santoral, sino sobre las actrices porno. Sus protagonistas no son santas por la castidad, claro. Si alguna se llama María, de virgen sólo tiene el nombre. Tampoco lo serán por sus milagros, aunque algunos milagros sí que hicieron estas señoras. 

– Levántate y anda.

Si las historias de las actrices porno contadas por esta sevillana parecen vidas de santas es por el estilo del libro y por el dolor. El santo dolor.

(Saeta de semana santa.)

Dios nos echó desnudos a una tierra árida de puro dolor. Los hay que, mientras sufren y se arrastran rodeando al porvenir, encuentran el consuelo en otro cuerpo. A veces el cuerpo es real y está muy cerca: caliente, excitado, preparado para el amor. Otras, cuando el amor nos abandona, el cuerpo aparece en la pantalla del ordenador. Quizás todo el placer del universo está derramado encima de un pedregal de martirio y de angustia humana. Hay quienes temieron al amor, pensando que nunca les llegaría. Es lo que le ocurrió a esta sevillana de la que hablo. Y entonces Dios dijo: 

– Hágase el porno. 

El porno es una industria antiquísima y va de capa caída. El momento en que más porno se consume coincide con la debacle económica del sector: antes, ir a por el porno requería vergüenza y pago en el kiosco, a plena luz del día. Ahora es gratis, está esperando con las piernas abiertas a unos pocos clics de este mismo diario digital.

– No digas eso, que se nos van los lectores.

Perdón, señor director. Hay, generalmente, tres clases de consumidores de porno. 1) El obsesivo, que todo lo ve, como Sauron que lo busca todo, ojo fogoso. 2) El funcional, que tiene de consumidor lo que dura el desahogo, es decir, entre uno y diez minutos. 3) El casual, que como todos sabemos no es más que una excusa. La sevillana que nos ocupa pertenece a la primera categoría, pero no es una viciosa, sino una chica que estuvo muy triste y muy sola. Les cuento su historia. Se llama Elisa Victoria. Su libro se llama Porn & Pains, pornos y penas.

Elisa Victoria fue una adolescente, como todos ustedes, y sabe, como todos nosotros, que en la adolescencia la belleza es como el pasaporte para viajar. La belleza nos arrastra a una vida disoluta, lo hemos visto en la fantástica película de Sorrentino, La gran belleza. Lo mundano es deprimente. La adolescencia es deprimente. La historia de las actrices porno es deprimente. Así se conocieron el porno y Elisa Victoria, en lo deprimente. La soledad de las actrices porno es una cuerda que, al tensarse, se hace alambre de espino como el de las vallas de Melilla. Provoca estigmas. Produce visiones. Desata el barroquismo y la pasión, la pasión que nos destruye.

La actriz porno Jenna Haze
La actriz porno Jenna Haze

El porno es un reflejo artificial, un consuelo falso en esta vida que corre hacia la muerte. El porno es una pantomima ideada para quienes viven sin amor, como le ocurría a Elisa Victoria.

Ahora, esta sevillana es una chica muy guapa, muy dulce, muy sensible. Se ha dado cuenta, Elisa Victoria, tan guapa, tan dulce, tan sensible, de que esas guarronas de las películas porno dieron sus cuerpos y sus vidas en la gran pantomima que se filma para las personas sin sexo y sin amor. Puestas al servicio de la soledad, algunas murieron mártires. Escribe Elisa Victoria:

– Algunos no somos más que semen y lágrimas. Nada nos han dado y nada podemos ofrecer. Todo se nos niega. Porque somos unos niños torpes, ciegos, desesperados. El teléfono no suena nunca. Y si suena, es peor. Pero también está Jenna Haze.

La autora confiesa que se sentía arropada viendo porno por internet. Encontraba más consuelo en las neumáticas folladoras y las terribles vergas pixeladas que en películas románticas o música para estar depre. Tenía pocos amigos, poca gente con quien gastar el dinero y la risa. Mientras veía porno pensaba en la fortuna, la belleza y el poder:

– Se tiende a pensar que el poder y la fortuna son virtudes propias de los ricos, de los bellos, de los amos. Estos individuos, los poderosos, no han ganado nada. Ni siquiera los que han trabajado duro para conseguirlo. Todo lo que uno tiene es porque otro se lo ha otorgado. Se deben a los pobres, a los feos, a los sumisos. (…) A algunos ya no nos queda nada más que perder y por eso me gusta hablar de nosotros como perdedores. Pero en realidad manejamos el mundo entero. No nos importa lo que digan, nuestra fama no puede empeorar. Esto es lo que hay. No aspiramos a mejorar. Nos da igual. Así que empleemos nuestro enorme, enorme poder, usémoslo para bien.

El porno será una prueba más de las injusticias del amor. Las actrices porno morirán solas, después de tanto haber follado. Elisa Victoria les devuelve el consuelo que ellas le dieron con estas vidas de santas que es Porn & Pains:

– Harán grandes cosas. Jugosas venganzas quedan por venir en el reino de los débiles. Podemos hacerlo. El amor no pertenece a los amados, sino a los amantes. A nosotros nadie nos ama. El amor es sólo nuestro.

España is not Spain
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