Hacerse el suizo

No saben ustedes lo que me he reído leyendo algunas interpretaciones sobre la decisión suiza en periódicos nacionalistas catalanes. Llevo toda la mañana con la mano
Foto: Una señal de prohibido el paso es fotografiada junto a un cartel en el que aparece Suiza en Rheinfelden (Alemania)
Una señal de prohibido el paso es fotografiada junto a un cartel en el que aparece "Suiza" en Rheinfelden (Alemania)

No saben ustedes lo que me he reído leyendo algunas interpretaciones sobre la decisión suiza en periódicos nacionalistas catalanes. Llevo toda la mañana con la mano delante de la boca para no molestar a los vecinos con las carcajadas. Agárrense que vienen curvas:

- El auge del nacionalismo de extrema derecha en Suiza...

- Decisión contraria a los tratados europeos...

- Traerá más problemas que beneficios para la ciudadanía...

A esto no le vamos a llamar hacerse el sueco, le vamos a llamar hacerse el suizo. Los mismos periódicos que jalean los planes de secesión, con la insolidaridad entre regiones que este proyecto conlleva, parecen contrarios a que los suizos restrinjan la entrada de trabajadores europeos a su país en virtud de la democracia directa que es, cuando conviene, la envidia de todo el pueblo. El recurso expresivo se convierte en arte de trileros en estos medios afines a la independencia.

Es llamativo: el nacionalismo de Suiza es de extrema derecha, a diferencia del catalán, enfrentado a la extrema derecha española desde 1714. De acuerdo en que no es lo mismo independizarse que cerrar las puertas al extranjero y lo segundo está más a la derecha que lo primero. Pero el uso de las palabras tiene mucha intención: en el discurso nacionalista, aun desde la derechona CiU, se tiende a identificar a la derecha con lo español. Y si se puede mencionar a Franco, mejor.

La democracia real sigue estando subyugada al poder de la pregunta y al momento en que se formula la pregunta. Lo que el pueblo vota hoy no lo votaría ayer o mañana. Además, hay decisiones demasiado complejas, cuyas consecuencias se le escapan al ciudadano comúnMás rocambolesco es el uso de los argumentos como la vulneración suiza del tratado de libre circulación, que tendrá un efecto guillotina sobre otros tratados europeos. ¿No sería igual la separación de Cataluña del resto de España? No, que los políticos catalanes han vendido muy bien el proyecto en toda Europa, diga lo que diga el presidente de la Comisión..

– Oiga, a mí déjeme tranquilo.

Más allá de la comedia involuntaria que han representado algunos medios de comunicación, la decisión suiza es una cuadratura del círculo y debería promover una reflexión profunda. La reclamación del 15-M más asimilada por los españoles es una democracia directa. Escucho la voz del pueblo suizo y un sistema idealmente beneficioso se tambalea al chocar contra la dura realidad. Las votaciones complejas ¿apelan a la razón o al corazón? Me pregunto qué habríamos votado nosotros si se nos hubiera preguntado sobre el destino de los inmigrantes que nos araron los campos y subieron a los andamios de la burbuja inmobiliaria.

Nunca lo sabremos. Y en cierto modo está bien que no lo sepamos. La democracia real sigue estando subyugada al poder de la pregunta y al momento en que se formula la pregunta. Lo que el pueblo vota hoy no lo votaría ayer o mañana. Además, hay decisiones demasiado complejas, cuyas consecuencias se le escapan al ciudadano común.

El ejemplo más claro lo tuvimos hace casi una década, cuando la Unión Europea nos preguntó si queríamos una constitución para todos. Los argumentos a favor y en contra eran de un simplismo abrumador. Para corregir este vicio, se repartieron de manera gratuita ejemplares del proyecto constitucional a diestro y siniestro. El libro era un tocho denso, redactado en clave de derecho internacional, cuya comprensión estaba fuera del alcance de cualquiera sin estudios superiores, tiempo libre y un cerebro en buena forma.

La política, a medida que las decisiones se alejan de la puerta de tu casa, se vuelve más y más compleja. Parece que los suizos han votado pensando en lo que ven en su barrio. El país tiene una tasa de inmigrantes enorme y esto se ha entendido como un problema nacional. Es una visión muy diferente de la europea, que les advierte de las graves consecuencias que tendrá su decisión. ¿Conocían los suizos estas consecuencias antes de votar? Sin duda. Y si no las conocían es porque no quisieron empollarse la política de integración europea. Porque votaron usando los elementos de juicio que les dieron en campañas simplistas.

Tengo verdadera curiosidad por conocer el resultado de la consulta catalana. Pero cuidado: ¿recibirá la pregunta una respuesta del corazón o una respuesta razonada? Los ciudadanos de Cataluña tienen ocho meses para estudiar relaciones internacionales, para consultar las cifras y los datos con los ojos muy abiertos y sin dogmatismo, para escuchar a las voces que alertan de problemas futuros y discutir constructivamente si merece la pena o no. Cataluña, hasta que llegue la consulta, debería parecer una biblioteca universitaria en exámenes.

Si la consulta se celebra, diga lo que diga Rajoy, no vale dar suizo por liebre, como han hecho hoy algunos medios catalanes.

España is not Spain
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