Cristina Seguí lleva a VOX al destape

Cristina Seguí, una mujer de apariencia tenebrosa y fascinante, ha sido la protagonista de un destape sonado esta semana. La vi por primera vez en las
Foto: Cristina Seguí, miembro del Comité Ejecutivo Nacional de Vox (@Cris_Segui_)
Cristina Seguí, miembro del Comité Ejecutivo Nacional de Vox (@Cris_Segui_)

Cristina Seguí, una mujer de apariencia tenebrosa y fascinante, ha sido la protagonista de un destape sonado esta semana. La vi por primera vez en las fotos que le hizo Begoña Rivas para una entrevista en JotDown, y cuando leí algunas de sus respuestas me dije: Santa Materia, ¡si es una femme fatale de cine! Tiene Seguí ideas muy conservadoras, modales duros como el diamante, ojos claros, piel morena y una tendencia a salir bien parada en las fotos. Para desgracia de los ciudadanos, la política está recuperando algo de sex appeal que tuvo en el pasado, cosa que se ha comentado mucho en los burladeros a raíz de la elección de Pedro Sánchez, que ofrece, por lo pronto, más continente que contenido.

Todo empieza con una entrevista en Interviú. Si Seguí fue precisamente a que la entrevistasen allí es porque sabe que la forma vende en política tanto o más que el fondo. Dijo en su blog, a modo de explicación, que su intención era llevar VOX a los medios de gran tirada, quejándose del vacío mediático y del ninguneo después de la catástrofe de la formación en las europeas. Pero algunos de su sello se echaron las manos a la cabeza y bramaron, porque consideraban que Seguí no llevó a VOX a la primera línea mediática, sino al cuarto de baño de los pajilleros.

Más de una política ha confundido la transparencia con las transparencias y ha terminado jugando con lencería para dar una pátina sexy a su partido. Estoy pensando en aquellas fotos donde Sáenz de Santamaría se dejaba el rosario en casa y mostraba cachaza en posturas tórridas, y en esta sociedad superficial no me extrañaría que un día viéramos a Rajoy y a Pablo Iglesias haciendo lucha grecorromana en taparrabos.

En fin. Interviú logró de nuevo que una mujer conservadora se destapase una pequeña porción de seno, y en el seno de VOX temblaron de ira las papadas. Parece que le dedicaron a la señora diversos apelativos tabernarios y fue así, con la reacción, como Seguí sacó a VOX del retrete y lo llevó a los medios de primera línea con un posible caso de tráfico de influencias: viéndose atacada de forma tan poco caballerosa por su destape, se fue para El Mundo a destapar que José Luis González Quirós, presidente en funciones, habría facturado 58.000 euros en cinco meses con la empresa Mind & Matters, propiedad suya y de su hijo.

Si Humphrey Bogart fuera su interlocutor, le habría dedicado una cínica sonrisa, porque Seguí no usó la entrevista de 'Interviú' para ventear corrupciones, sino que se dedicó a hacer campaña, y ha hecho falta que la insulten para que le dé el arrebato justiciero

Hale. Ya está en nuestras cabezas la calumnia, flotando como un vientecillo, que cantaba el don Basilio de Rossini. Y nos entra la risa releyendo antiguas declaraciones de VOX en distintos medios. Para no acusar a nadie, iré a su manifiesto. Allí se puede leer que la formación propugna entre otras cosas “el altruismo, la búsqueda de la excelencia, el reconocimiento del mérito y la honradez”. Por otro lado, hay una firme “defensa de la familia” en la línea de la retórica contra el aborto y el matrimonio gay. Basta la sospecha de que en VOX haya quien factura más de once mil euros al mes en una empresa familiar, para que la defensa de la familia, la honradez y el reconocimiento al mérito conformen cómicas combinaciones.

Me da la risa, un momento.

Ya. Ahora me ha dado la melancolía. Sigamos.

El terremoto estaría servido si los medios tuvieran el más mínimo interés en VOX, pero la cosa se desinfló, porque esta formación quiso quitarle votos al PP apelando a la verdadera derecha sin contar con que la verdadera derecha, por conservadora, tiene grandes dificultades para dejar de votar a quien votaba.

La conducta malévola de Seguí es irresistible. La señora conocía desde hace un mes esos flujos feos de dinero, pero no ha delatado al compañero hasta que la han llamado “prostituta” por salir en una revista caliente. Ahora, se hace la mártir y dice que llevaba todo el mes queriendo destapar el caso. Si Humphrey Bogart fuera su interlocutor, le habría dedicado una cínica sonrisa, porque Seguí no usó la entrevista de Interviú para ventear corrupciones, sino que se dedicó a hacer campaña, y ha hecho falta que la insulten para que le dé el arrebato justiciero.

Desvistiendo a Seguí de sus muselinas, alejándonos de la tentación atrayente e incorrecta de estudiar este caso desde la perspectiva de la mujer bella y maligna del cine negro –haciendo de paso homenaje a Lauren Bacall–, vuelvo a la grisura y a la pena y digo que Seguí se ha comportado como una verdadera política española. Si VOX nació como una escisión del PP por la tibieza de Rajoy hacia los vascos y los catalanes, podríamos encontrarnos ahora con una escisión de Seguí en busca de un partido donde los dirigentes no pongan sueldos a su hijo con el primer dinero que les viene.

Seguí podría hacer campaña en solitario con una formación que persiguiera a los corruptos, pero nosotros enarcaríamos las cejas con incredulidad, porque la señora no delató al compañero hasta que no le dieron un motivo personal. Aun así, debemos dar las gracias a Seguí por su delación en diferido. Una historia de venganza tan propia de los cuentos misóginos de Patricia Highsmith es lo que necesitábamos para sazonar las vacaciones de agosto.

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