La Semana Grande de la Violación

Dante Alighieri fue ascendiendo desde los círculos luciferales hasta el techo del Parnaso. Un viaje largo porque no existían ascensores eléctricos, que en esa época no

Dante Alighieri fue ascendiendo desde los círculos luciferales hasta el techo del Parnaso. Un viaje largo porque no existían ascensores eléctricos, que en esa época no había más elevador que el de Dios cuando tiraba de los justos hacia arriba. Visto desde la perspectiva de Javier León de la Riva, una suerte para Dante, que se salvó de los riesgos de los ascensores.

Según el alcalde de Valladolid, “tú entras en un ascensor, hay una chica con ganas de buscarte las vueltas, se mete en el ascensor, se arranca el sujetador y sale dando gritos de que la han intentado agredir.” Nosotros, pobres gentes, empezamos inmediatamente a salivar por efecto de la envidia, puesto que si el alcalde dice eso por algo será. Desfila por nuestra mente sucia el carrusel de glándulas mamarias que debe de haber visto León de la Riva en los ascensores.

Esto fue ayer. Pero la semana ha sido toda igual. El sexo está trayendo de cabeza al país, ¿será el verano? De entrada, el escándalo de Málaga, al que voy a dedicar al final del artículo unas palabras más serias que el resto. Después, el tweet de una internauta, tan cafre que llegó a portada de Menéame, y que decía lo que sigue sin un ápice de ironía. Agárrese que viene curva:

“#machismopúblico He ido a la biblioteca a estudiar como todas las mañanas y el chico de enfrente me ha dicho que si quería tomar un café.”

Fin de la cita.

Desolado, preguntándome dónde queda el sentido común, me agarro a la mesa, me echo piedras en los bolsillos del abrigo y de las bermudas, trato de prensar el suelo con los dedos de los pies y, aun así, con todo este kárate, España me sigue pareciendo el invento de un chalado

A mí me gustaría que la tuitera y el alcalde se encontrasen en un ascensor, o mejor en un montacargas, no sea que el ascensor se hunda con dos pesados semejantes. Me parece que el infierno de Dante iba a ser poco dantesco al lado de la escena. Sería entretenido escucharlos discutir sobre los límites del abuso: a un lado, una mujer que considera que invitarla a un café es machismo público; al otro, un hombre que, además de lo citado, soltó también que “una mujer, a las seis de la mañana, tiene que cuidar por dónde va” y que “no se puede poner un policía en cada parque de la ciudad” para andar evitando violaciones.

–¡Señor, llévame pronto! (Pero no en un ascensor, no seas pillín.)

Hay dos formas en las que el sexo acaba en boca de todo el mundo: al modo Magaluf y cuando un número considerable de anormales se dedica a predicar sobre el tema. Creo haber aislado el germen primigenio de esa epidemia en la nota del ministerio de Interior. Me refiero a esos consejos de inspiración afgana que el Ministerio publicó en julio en su web, pensados (por decir algo) para evitar violaciones, entre los que encontré perlas como las que reproduzco a continuación:

- No pasee por descampados ni calles solitarias, ni sola ni acompañada.

- Evite entrar en el ascensor cuando esté ocupado por un extraño. De cualquier modo, sitúese lo más cerca posible del pulsador de alarma.

Y mi favorito:

- En otros países se utilizan silbatos para ahuyentar al delincuente. Considere la posibilidad de adquirir uno.

Que es como decir:

–Señora, si no quiere que la violen, ¡se compra usted un pito!

Y es un buen consejo porque a mí, que tengo siempre un pito, incluso cuando voy por calles oscuras, nunca me ha violado nadie.

Ahora llega un inglés, un francés y un alemán. Les leemos estas cosas que se dicen en España sobre las violaciones, y o bien se van corriendo o bien acaban todos en Magaluf. Y yo, desolado, preguntándome dónde queda el sentido común, me agarro a la mesa, me echo piedras en los bolsillos del abrigo y de las bermudas, trato de prensar el suelo con los dedos de los pies y, aun así, con todo este kárate, España me sigue pareciendo el invento de un chalado.

Donde uno ponía la vista, había gente convencida de que sí la violaron y otra gente convencida de que no, y cuando se abren estas discusiones lo que menos le importa al buen pueblo son esas personas, y lo que más le interesa a la horda es TENER RAZÓN

Pero no quiero irme por ahí a meter mano a las chicas en los ascensores sin imponer un poco de cordura a esta sucesión de sobresaltos reales. Lo haré volviendo al tema menos jocoso y más nauseabundo de cuantos nos ha traído esta especie de ‘Semana Grande de la Violación’.

Hace unos días nos echábamos las manos a la cabeza por el abuso sexual que varios malagueños cometieron contra una desdichada, porque así fue como nos dieron la noticia los medios. Luego, cuando la juez y el abogado de la presunta víctima vieron el vídeo que los presuntos agresores grabaron con el móvil, se archivó el caso y quedaron todos en libertad. Bien: la violación carnal fue falsa, pero no lo fue la violación mediática y de las redes sociales.

Donde uno ponía la vista, había gente convencida de que sí la violaron y otra gente convencida de que no, y todos discutían entre ellos, y todos argumentaban, y cada cual reforzaba sus posiciones y se encaramaba más alto a su rama, porque cuando se abren estas discusiones, sean sobre la malagueña salerosa o el pobre conductor del tren gallego, lo que menos le importa al buen pueblo son esas personas, y lo que más le interesa a la horda es TENER RAZÓN.

Y lo pongo así, en mayúsculas, no porque sea necesario ni porque sospeche que le ha reventado las retinas mi prosa atropellada. Lo pongo en mayúsculas porque así es como quiere tener razón todo Cristo en las redes sociales. Y nadie permite que la realidad le estropee un buen tweet.

Desde la feminazi más cortapichas hasta el campeón mundial de machismo ibérico: con sus diatribas y sus delirios, todos han hecho un poco más grave el grave asunto de la violación.

España is not Spain

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