Las víctimas estáis más guapas calladitas

Los militantes siempre necesitan víctimas con las que justificar sus cruzadas. Cuando todo el mundo da su opinión sobre lo que tienes que sentir, los que dicen defender tu dignidad te la arrebatan

Foto: Cristina Pedroche luce el vestido con el que dio las campanadas en Antena 3.
Cristina Pedroche luce el vestido con el que dio las campanadas en Antena 3.

Cuando Irene Villa dijo que no le molestan los chistes por los que se hizo famoso Guillermo Zapata, Jaime Peñafiel recriminó a la víctima del terrorismo sus palabras en un artículo en 'La Razón', “por dejarnos a tantos y tantos como sufrimos con ella, lo que vulgarmente se dice con el culo al aire, al declarar que los crueles tuits del impresentable Guillermo Zapata, por los que se sienta en el banquillo, no le afectaron. Quienes te queremos no entendemos tu actitud”. ¿Qué estaba diciendo Peñafiel?: que Irene Villa es un símbolo, un icono, y que como icono está más guapa callada, especialmente si sus pensamientos no concuerdan con los dogmas de la cruzada.

Peñafiel estaba muy molesto. Él y muchos otros se desgañitaban atacando a Zapata, finalmente inocente según la Audiencia Nacional, diciendo defender a Irene Villa y su honor mancillado. La cosa no es tan rara como pueda parecer. Peñafiel simplemente se atrevió a expresarlo, lo cual le agradezco, pero veremos este tratamiento de las víctimas en toda clase de cruzadas. Me voy a referir a un par de episodios recientes.

El último es la polémica por el vestido con que Cristina Pedroche salió a dar las campanadas, calco de la polémica del año anterior también a sazón de la indumentaria de Pedroche. Sus vestidos de cóctel no son del agrado de un sector pequeño pero ruidoso del feminismo patrio, que lanza alegatos contra Antena 3 y el machismo estructural con argumentos que a veces, como en el caso de Lucía Etxebarría, rozan el machismo. Etxebarría estaba muy molesta con lo visto en las campanadas. La primera parte de su alegato de defensa de la dignidad pedrochana y femenina hablaba de la cosificación de la mujer en los medios, cosa probada. Lo curioso es que, después de compadecerse del frío que había debido pasar Pedroche y el daño que debía hacerle ese vestido, Extebarría se preguntaba qué pensará el marido de Pedroche:

“No hablemos ya de los comentarios del señor (Chicote). (…) ¿Al marido de esta mujer, que tanto defiende en público la fidelidad, de verdad le hace gracia esta actitud? ¿Le gusta que le tiren los trastos a su mujer delante de media España, y de una forma tan zafia? Y sobre todo, más importante, ¿a ella le gusta?”. Preocuparse por un marido celoso en pleno alegato feminista es para empezar a reír y no parar hasta noviembre, pero lo interesante era lo siguiente: “¿Le gusta a ella?”. Y digo que es interesante porque Etxebarría podría haberle preguntado a Pedroche, pero no quiso hacerlo.

Preocuparse por un marido celoso en pleno alegato feminista es para empezar a reír y no parar hasta noviembre

La presentadora había anunciado en Instagram que iba a aparecer con una prenda que era “un sueño hecho vestido”, es decir: a ella le gusta ir así ataviada, por más que Chicote aparezca a su lado de traje y corbata. Sin embargo, la opinión de Pedroche sobre su vestido, como la de Irene Villa sobre los chistes de Zapata, es irrelevante. En la denuncia contra la cosificación de la mujer se da por hecho que Pedroche pasa frío, está incómoda y sufre. Se la victimiza, y por tanto se le arrebata la capacidad de ser ella misma.

Los militantes siempre necesitan víctimas con las que justificar sus cruzadas. Cuando todo el mundo está dando su opinión sobre lo que tú tienes que sentir, sobre lo que debes estar sintiendo, los que dicen defender tu dignidad te la están arrebatando.

En la denuncia contra la cosificación de la mujer, se da por hecho que Pedroche sufre. Se la victimiza, y por tanto se le arrebata la capacidad de ser ella misma

Otro ejemplo. Novedades Carminha, grupo de pop, lanzó un videoclip donde el actor porno Sylvan Gavroche y la actriz porno y escritora Amarna Miller pasaban el rato follisqueando. En el feminismo español tuitero hay una verdadera discusión en torno a Amarna Miller, muchacha tocada con el criterio propio. Por un lado, se dice de Miller que hace porno feminista, porque da la impresión de pasarlo bomba en sus películas; por otro, el sector de las feministas que podríamos llamar 'de hábito monacal', incómodas ante toda manifestación del deseo masculino, consideran que Miller es una muchachita ingenua y manipulada por el heteropatriarcado. ¡Fiesta!

Bien: cuando se estrenó el videoclip porno, Andrea Levy dijo en Twitter que la canción le gustaba. El actor Gavroche respondió con un tuit: “¿Repetimos vídeo pero con Andrea?”, y entonces las militantes acusaron al actor porno de acosador. Este, que se las da de feminista, no tardó ni un segundo en disculparse. “Fue una cagada machista”. Después, se dedicó a recorrer las radios y los periódicos lamentándose y dejando muy claro lo mucho que lamentaba sus palabras. Pidió perdón mil veces mientras se debatía en Twitter sobre este tipo de agresiones basadas en hacer una insinuación sexual en tono de broma.

Era curioso: se había elegido a Andrea Levy como víctima, y por tanto nadie le preguntaba a ella si le había molestado el tuit. Pese a su fama de soltar frescas, se la convirtió en icono de muchacha indefensa, y así Gavroche podía alardear de su sensibilidad disculpándose por su 'agresión', y un montón de gente podía teorizar sobre el acoso y el porno en las redes sociales. A mí me dio por preguntarle a Levy si aquel tuit le había molestado. Me respondió:

“Creo que Gavroche hizo un tuit de buen rollo sin pensar que otros puedan juzgarlo por su profesión. La verdad es que no vi ni machismo, ni lascivia. Y créeme que de este tipo recibo habitualmente. No le di importancia porque creo que todo iba en buen tono y no entendí ni mucho menos que fuera un ofrecimiento real”. Días después, Levy me dijo que empezaba a estar un poco harta de que Gavroche siguiera recorriendo medios de comunicación con su disculpa. Me dijo también que, aparte de mí, nadie le había preguntado a ella.

Recapitulemos: a Pedroche le gusta su vestido, a Villa no le molestan los chistes y a Levy nadie le pregunta si la insinuación le ha molestado. Una vez que convertimos a individuos en símbolo de nuestra cruzada, lo último que queremos es que abran la boca. ¡Que nos dejen defender sus dignidades en paz, hostias! Son las cosas de la militancia.

España is not Spain

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