Godwin en persona da permiso para comparar a Hitler y Trump

Si comparo lo que tú defiendes con los nazis, lo que quiero es que tú dejes de defenderlo para no convertirte, a ojos de los demás, en una especie de simpatizante de los camisas pardas

Foto: Un manifestante anti-Trump porta una bandera donde se compara al presidente de EEUU con Adolf Hitler. (EFE)
Un manifestante anti-Trump porta una bandera donde se compara al presidente de EEUU con Adolf Hitler. (EFE)

La ley de Godwin castiga las analogías tontas entre el nazismo y cualquier otro fenómeno político. La inventó Mike Godwin, director de innovación política y asesor general en el R Street Institute de Washington, quien se convirtió con su axioma en una especie de Newton de internet. Godwin se había dado cuenta de que en las redes sociales cualquier conversación sobre cualquier tema lleva ineludiblemente a Hitler. Con elegancia matemática, redactó la fórmula y se hizo mundialmente famoso: “A medida que la discusión 'online' continúa, la probabilidad de que aparezca una referencia o una comparación con Hitler o nazis se aproxima a 1”.

La ley de Godwin bebe de dos fuentes: de un lado, la ignorancia histórica y la tendencia a la banalización del discutidor medio. Del otro, la exageración argumentativa a la que parecen inducirnos las redes sociales. En las últimas semanas, he visto cómo se comparaba con Hitler y los nazis a un columnista, a los directivos de Uber, a un entrenador de gimnasia rítmica, a las tabacaleras, al inventor del sistema de atención al cliente de ONO y, por supuesto, a políticos de todos los partidos, incluido UPyD.

Pero Godwin, como explicó él mismo, no pretendía ridiculizar toda comparación con el nazismo, sino criticar la decadencia de la discusión racional en el ambiente hiperbólico de las redes sociales. Godwin señaló con acierto que la comparación con los nazis suele ser un superlativo que solo lleva a zanjar de mala manera una conversación. Si comparo lo que tú defiendes con los nazis, lo que quiero es que tú dejes de defenderlo para no convertirte, a ojos de los demás, en una especie de simpatizante de los camisas pardas.

No pretendía ridiculizar toda comparación con el nazismo, sino criticar la decadencia de la discusión racional en el ambiente hiperbólico de las redes

En el terreno de la ley de Godwin, la victoria de Trump ha sido como una perita en dulce. El presidente rubiales es arrogante, vitriólico, desabrido, ultranacionalista, vanidoso, radical, xenófobo, machista, intransigente y muy poco amigo de la libertad de prensa. Además, sus primeros pasos en el despacho oval amenazan, como los jóvenes americanos de 'Amanece que no es poco', con arrimarlo al poder omnímodo. Trump ha elegido a los miembros de su gabinete como quien monta una guardia pretoriana para protegerse. Por si fuera poco, dice y repite que hay que marginar a ciudadanos por su etnia y su religión, y no parece más pacifista que los enemigos de la libertad que dice ver por todas partes.

Así las cosas, ayer se jugaron los cuartos con la ley de Godwin Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid, y Antonio Maestre, articulista de La Marea. La primera dijo en el ayuntamiento que no quería participar de lo que considera un silencio irresponsable, en una referencia clarísima a lo que hizo la comunidad internacional después de la victoria de Hitler. El segundo escribió un artículo donde mostraba inquietantes analogías históricas entre los dos ascensos al poder y las declaraciones, mentiras y manipulaciones de las que se valieron ambos dirigentes.

Tanto a Manuela Carmena como a Antonio Maestre se les acusó inmediatamente en las redes de caer de bruces en la trampa de la ley de Godwin. Quienes los acusaban, quizás ignorasen que el propio Mike Godwin escribió un artículo para el 'Washington Post' (“Sí, llama nazi a Trump, pero asegúrate de qué estás hablando”) donde explicaba de qué manera puede ser pertinente la analogía.

“La mejor manera de evitar holocaustos no es dejar de lado las comparaciones, sino asegurarnos de que estas comparaciones son significativas”

Godwin asegura que “la mejor manera de evitar futuros holocaustos no es dejar de lado las comparaciones con el Holocausto, sino asegurarnos de que estas comparaciones son significativas y sustantivas”. Explica que su intención cuando lanzó su axioma no era invalidar toda analogía con el nazismo, sino solo las que son producto de la ignorancia histórica y la exageración.

La alcaldesa de Madrid hizo referencia a lo que Carlos Alsina también había advertido esa mañana en su monólogo de Onda Cero: mientras España calla, Reino Unido, Francia y Alemania han condenado la orden ejecutiva con la que Trump deniega el visado a los miembros de varios países. El silencio cómplice o atemorizado ante la acción inhumana de un presidente poderoso sí recuerda a otros silencios cómplices. La ley de Godwin no afecta, pues, a esta comparación.

Antonio Maestre comparaba la retórica racista de Trump con las declaraciones y tergiversaciones de las que se valió Hitler en su ascenso hacia el poder

En cuanto al artículo de Antonio Maestre, no sugería que Trump vaya a gasear musulmanes o a meterlos en campos de concentración mañana por la tarde, sino que estudiaba los métodos con los que el partido nazi sembró el odio contra los judíos en Alemania. Comparaba la retórica frentista, nacionalista y racista de Trump con las declaraciones, mentiras y tergiversaciones de las que se valió Adolf Hitler en su ascenso hacia el poder.

Desde que Trump se presentó a candidato, se acusó a comentaristas políticos de caer en la falacia de la ley de Godwin. Fue entonces cuando el autor del axioma, harto de alusiones, escribió en el 'Washington Post' que “un porcentaje agradablemente sorprendente de comentaristas” habían logrado la analogía sin caer en la falacia. “Me complace ver a tantas personas revisando los libros de historia”, señaló.

Creo que Trump todavía está muy lejos de convertirse un auténtico monstruo genocida, pero no me cabe duda de que quienes confían en que se rodeará de buenos asesores que le integrarán en el sistema están muy equivocados. En este sentido, Maquiavelo dejó escrito un axioma mejor que la ley de Godwin: “Un príncipe que no es sabio jamás acepta buenos consejos”.

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