Si Iglesias fuera escritor, lo sabríamos por el programa de Mercedes Milá

Iglesias lleva dos meses acaparando las puntas de audiencia con su pimpinélico rifirrafe, pero cada vez que lo lanzan al plató se dedica a decir que ya podían estar hablando de otra cosa

Foto: Fotografía de Pablo Iglesias y Ana Rosa Quintana en 'El programa de Ana Rosa'.
Fotografía de Pablo Iglesias y Ana Rosa Quintana en 'El programa de Ana Rosa'.

Fue una de esas carambolas de la tele en directo en las que la verdad más rancia y pura se filtra bajo el maquillaje semiderretido. Ocurrió durante la entrevista del jueves de Ana Rosa a Pablo Iglesias. El secretario general estaba metiéndole una pulla tremenda a Errejón, quizá demasiado sutil:

—Errejón es una figura muy valiosa —dijo—, y seguramente tiene una proyección de futuro político más larga que la mía. Yo sí me imagino a Errejón dentro de 20 años en política, y dentro de 20 años a mí me gustaría estar dedicándome a otras cosas.

Como todo lo que dice San Pablo, aquello tenía segunda lectura. Iglesias llamaba a Errejón casta y lo colocaba en la órbita PSOE, lejos de la de Podemos, encarnada en el pablismo siempre que habla Pablo. Estaba acusando a Errejón de ser demasiado político, de poco auténtico, de vendido al 'star system' de la política. Y lo estaba diciendo, sí, atención, en pie, en 'El programa de Ana Rosa'. Por supuesto, lo que llamó la atención de Ana Rosa fue la alusión a las 'otras cosas' que quería hacer Iglesias. Aquí se produjo el milagro. Hubo revuelo, se habló de travestismo y el sainete concluye con Ana Rosa colocando el tacón encima de la mesa y preguntándole a Iglesias si se ve con eso puesto.

Si Iglesias fuera escritor, lo sabríamos por el programa de Mercedes Milá

Entonces Iglesias, aparentemente harto, dice que ya está bien de debatir sobre ellos dos, y añade que hay problemas más importantes en España que la relación personal de dos viejos amigos metidos a políticos. Si yo hubiera sido Ana Rosa, le hubiera respondido:

—Por ejemplo, la salida del trullo de la Pantoja, su desplante a Jorge Javier, los cuernos que le puso con Pablo Motos.

Y después hubiera tenido a Iglesias allí de tertuliano, aportando su punto de vista sobre este gran drama nacional: ¿ha cumplido la Pantoja suficiente condena o merece otros cinco años por el desplante que le dio a Jorge Javier? Porque no nos engañemos: Iglesias lleva dos meses acaparando las puntas de audiencia con su pimpinélico rifirrafe, pero cada vez que lo cubren de maquillaje y lo lanzan al plató, se dedica a decir que ya podían estar hablando de otra cosa.

Si Iglesias fuera escritor, lo sabríamos por el programa de Mercedes Milá

—Hola, llamamos del programa 'El cotolengo de los corazones', queríamos invitar a Pablo e Íñigo en días separados.

—Miro en la agenda y os digo.

La cosa funciona así, como lo cuento. Esas llamadas se producen tal cual. Ni Iglesias ni Errejón pierden la ocasión de subirse al trapecio. Van a que les pregunten por su pelea y se dedican a repetir que ha sido un error ir a programas donde les iban a preguntar por su pelea. Esto lo dijo Iglesias de manera literal. Es un error hacer lo que he estado haciendo, dijo, ¡mientras lo hacía!

Van a que les pregunten por su pelea y se dedican a repetir que ha sido un error ir a programas donde les iban a preguntar por su pelea

Todavía me pregunto si la jugada es inteligente: si Iglesias y Errejón son más listos que la prensa, si escenifican la pelea y dejan que el partido se quiebre porque confían en la fuerza de una reconciliación final. Si así fuera, hay algo que ha escapado a su control: el partido que iba a colocar las ideas y las propuestas por encima de las caras se ha convertido en un cara a cara permanente. En el lenguaje de los golfos madrileños, lo que viene siendo un “sácamela más para adentro”.

Mientras tanto, algunos analistas serios, haciendo un gran trabajo de documentación, han comparado punto por punto las propuestas de Iglesias y Errejón y han concluido que, en el fondo, no son tan diferentes. Podríamos pensar entonces que el mal que les azota es el típico de la izquierda: el Frente Popular de Judea contra el Frente Judaico Popular. Pero estaríamos obviando esa verdad pura y rancia que se vio en el programa de Ana Rosa.

El partido que iba a colocar las ideas y las propuestas por encima de las caras se ha convertido en un cara a cara permanente

A Iglesias le encanta. Le puede el gusto de verse en la tele, sabiendo que hay niñatas encandiladas que lo escuchan y asienten. Mientras el Hombre repite que la verdad es la que él dice y no la que estamos viendo, que es de noche cara al sol, acusa a Ana Rosa, a Ferreras y a Pastor de hacer mal su trabajo después de aceptar la invitación. Él, puro y digno, preocupado solamente por los problemas de España, recorre los platós como la hija de un torero para decirle a España entera:

—¡La culpa es de los paparazis, yo lo que quiero es ser escritor!

España is not Spain

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