Así debería ser un referéndum pactado para Cataluña

La única salida de este cisco es un referéndum pactado entre el Gobierno y la Generalitat. Pero aquí viene otra evidencia: ni el PP ni los independentistas quieren esto

Foto: El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, durante su intervención en la conferencia 'Un referéndum para Cataluña. Invitación a un acuerdo democrático', el lunes en Madrid. (Reuters)
El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, durante su intervención en la conferencia 'Un referéndum para Cataluña. Invitación a un acuerdo democrático', el lunes en Madrid. (Reuters)

La diplomacia entre Cataluña y el Estado es un molino donde los burros muelen la paciencia del personal. En Madrid, burros. En Cataluña, burros. La falta de prudencia y la miopía de miras a largo plazo de los dos lados son asombrosas. Lo que debería ser una negociación adulta y complicada se convierte en el juego infantil de tensar la cuerda. Es evidente que este rifirrafe solo beneficia electoralmente al PP y a los independentistas. A lo mejor es eso lo que tienen pactado y no nos han dicho nada.

Yo, que tengo la mala fortuna de vivir en Barcelona sin ser independentista ni sufrir de alergia a las consultas democráticas, acabo siempre donde empecé: en el páramo de pereza que media entre centralistas numantinos e independentistas levantiscos. No pueden vivir los unos sin los otros, pero quiero creer que alguien más que yo empieza a sentir la misma necesidad de que a toda esta gente le den el relevo.

Este rifirrafe solo beneficia electoralmente al PP y a los independentistas. A lo mejor es eso lo que tienen pactado y no nos han dicho nada

Que no os asusten las bravuconerías de los últimos días. Recuerdan a este vídeo maravilloso de perros que se ladran hasta que la valla que los separa queda retirada. Esto es lo que va a pasar: los independentistas seguirán vociferando secesión, harán movimientos de sardana que no les llevarán a ninguna parte, posiblemente celebrarán un referéndum unilateral —y por tanto inútil—, tan estéril como la consulta del 9-N. El Estado moverá el alfil del TC y esa jauría de perritos ladradores de PDeCAT y ERC se arrugará en cuanto vea el palo, o se harán las víctimas ante su electorado cuando alguno más acabe, en el peor de los casos, inhabilitado.

Los centralistas del PP, entre tanto, seguirán haciendo lo único que saben hacer: girar castizamente sobre la misma losa. Golpe de Estado, agresión a la ley, ni un paso atrás, ¡todo eso son pasos de chotis! Es la retórica de quien se sabe ganador electoral de toda pelea con los nacionalismos de la periferia de España. Porque el PP en Cataluña es una nulidad, así que el PP utiliza las tensiones de Cataluña como gasolina para sacar votos en el resto de la Península. A Génova dejó de importarle la paz de los catalanes el mismo día en que pusieron de segurata a García Albiol.

El PP en Cataluña es una nulidad, así que el PP utiliza las tensiones de Cataluña como gasolina para sacar votos en el resto de la Península

El galimatías de los discursos cruzados solo resulta soportable a los que están sordos de una oreja, grupo de población masivo, por desgracia, según el CIS y cada una de las elecciones de los últimos tiempos. Para cualquiera que oiga con las dos orejas, es evidente que la única salida de este cisco es un referéndum pactado entre el Gobierno y la Generalitat. Pero aquí viene otra evidencia: ni el PP ni los independentistas quieren esto. El referéndum pactado sería catastrófico para los intereses de los tensadores profesionales de cuerda. Por eso a JxS le interesa mucho más una chorrada unilateral, sin garantías, sin información. Un referéndum unilateral es tan antidemocrático como vetar toda opción a un referéndum pactado.

Tres motivos por los que convendría el pactado: desde el punto de vista democrático, es insensato no celebrarlo, puesto que la inmensa mayoría de los catalanes quiere que se celebre. Desde el punto de vista pragmático, el Estado ganaría en legitimidad ante la población catalana, cosa que va haciéndonos mucha falta tras años de numantinismo. Desde el punto de vista egoísta, ¡qué buena tarde quedaría después de que se conozcan los resultados y ambas facciones, la independentista y la centralista, descubrieran que no existe una mayoría social suficiente para que la secesión empiece ya! Porque esto lo sabemos sin necesidad de referéndum: basta mirar la composición del Parlament. Está al 'fifty-fifty'.

Esto es lo que, en mi humilde opinión, hay que pactar: 1) Cuál es la pregunta. Lo ideal sería que ambas respuestas fueran positivas: sí a la independencia, sí a la unidad. 2) Qué porcentaje de voto por la independencia es necesario para que la secesión no se convierta en una fractura peligrosa. 3) Dado que Cataluña es parte de España y todos los españoles son iguales ante la ley, qué mecanismo se pondría en marcha en caso de voto independentista aplastante. 4) Qué supondría la secesión: qué tipo de alianza habría entre los dos estados, qué nacionalidad tendríamos los habitantes de Cataluña no independentistas, de quién es la deuda, cuánto se debe por las infraestructuras, etc. 5) Habría que pactar fechas. Por ejemplo, que no se pueda celebrar otro referéndum igual, al menos, hasta 20 años después, para que no pase como en Escocia o Quebec.

El problema legal es intrincado y requiere mucha mano izquierda. Hay que abrir la Constitución para introducir una desigualdad virtual en la soberanía del pueblo español, y hay que ser muy pedagógico con este asunto. Yo deseo que Cataluña siga siendo parte de España, creo que se debe promocionar mejor la catalanidad en el resto de España, y temo que una independencia sería absolutamente traumática para toda esa gente que, como yo, vive en Cataluña y se siente más bien española.

Pero de lo que no tengo duda es de que la única salida democrática a este embrollo es cambiar unas cuantas leyes para que los catalanes puedan votar sobre esta cuestión hinchada, reumática y aburridísima. De una vez por todas. Y con muchísima información veraz sobre las consecuencias reales, las buenas y las malas, que tendría una decisión de estas características.

Lo sé: estoy hablando en sueños.

España is not Spain

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