Orgullo Hetero

En España no admite su homofobia ni el presidente de HazteOír. Cada vez que habla Ignacio Arsuaga de “los homosexuales” yo escucho los crujidos cavernosos de su frágil masculinidad

Foto: Los semáforos de parejas del mismos sexo de Madrid. (Reuters)
Los semáforos de parejas del mismos sexo de Madrid. (Reuters)

Exclaman: ¡hace falta un día del orgullo hetero! Explican: un día en el que los heteros podamos manifestarnos públicamente, hablar de tetas, de gachises, ver el fútbol, leer a Hemingway a berridos, salir de juerga, rezar, tomar farlopa, alardear en voz alta de nuestra fantasía de meterla en adobo. Claman: a primera hora. Insisten: los heteros necesitamos un día para nosotros. Matizan: está muy bien que los gais tengan el suyo, nosotros no nos quejamos de eso, cada cual que haga lo que quiera con su picha. Bromean: a más tocamos, jajaja.

Total, que algunos dicen que necesitamos un día del Orgullo Hetero. Es la cosa más fabulosa del mundo, ¡orgullo hetero! ¡Como si no tuviéramos orgullo de sobra los heteros! A algunos nos hace falta, precisamente, ser un poquitín menos orgullosos.

Yo, sinceramente, creo que los defensores del hashtag quieren decir “Día del Orgullo Homófobo” pero no se atreven. Tal vez no lo admiten ni ante su confesor, porque ya no queda nada bien admitir que uno es homófobo ni en la iglesia, gracias a Dios. De manera que hay que disfrazar ese hierro candente con una buena cantidad de teoría de la conspiración, señalar nebulosas corporaciones gais y explicar a toda prisa que se tienen amigos gais.

En España no admite su homofobia ni el presidente de HazteOír. Esto, como español, me hace sentir bastante orgullo. Cada vez que habla Ignacio Arsuaga de “los homosesuales” yo escucho los crujidos cavernosos de su frágil masculinidad, y el prejuicio chillando como un gorrino debajo de su camisa. Por suerte sus pataletas son minoritarias. La prueba: cuando Zapatero trajo los derechos civiles de la mano de Zerolo, el PP protestó, sí, pero luego, en mayoría absoluta, no se atrevieron a tocar estos derechos.

Dos jóvenes se besan durante las fiestas del Orgullo Gay de Madrid en 2016. (EFE)
Dos jóvenes se besan durante las fiestas del Orgullo Gay de Madrid en 2016. (EFE)

Pero quería yo hablar de orgullo. Del orgullo que siento yo en el día del orgullo LGTB, sin ser nada de eso. A mí esa fiesta, si me preguntan, me parece una horterada y un sudor y una marca vendida al turismo, pero el orgullo que siento cuando se celebra no tiene nada que ver con mis preferencias estéticas o festivas.

Siento orgullo de pertenecer al primer país europeo que garantizó los mismos derechos derechos civiles. El orgullo, en mi caso, no tiene género definido. He sentido orgullo hoy por la calle, cuando iba pensando en las palabras de un cardenal rancio y me crucé con dos chicas enamoradas que iban de la mano tan campantes. Sentí orgullo cuando una de mis amigas dejó de ser mi amiga pero siguió siendo mi amigo, y recibió el tratamiento adecuado, y lo pagamos entre todos los españoles. Y por otra parte: siento orgullo de poder detestar a algunas personas LGTB como si fueran heterosexuales comunes. ¡Ahí va un buen rasgo de normalización total!

Hay quien dice que el Orgullo LGTB ya no tiene sentido en España porque, mal que bien, somos un país que no suele meterse demasiado en la cama de los demás. Tengo algunas salvedades. He conocido jóvenes acojonados porque estaban convencidos de que sus familias los iban a expulsar cuando confesasen sus preferencias. Me han contado casos de acoso escolar al grito de maricón o de bollera. He leído noticias preocupantes, como la canallada de Murcia el otro día, aunque intento minimizarlas como anecdóticas.

Pero bueno. Imaginemos que España fuera un país totalmente normalizado, un país sin padres retrasados que piden ayuda a curanderos para “librar” de la homosexualidad de su prole, o para quitarles de la cabeza esas tonterías de cambiar de sexo. Vamos a imaginar que viviéramos en un país libre por completo de homofobia.

¿No tendría sentido, aún así, anunciar llenos de orgullo en qué nos hemos convertido? Porque ahí fuera siguen colgándolos, pegándoles, torturándolos, encerrándolos, capándolos, denunciándolos. Ahí fuera siguen viviendo escondidos, atemorizados por sus propios deseos, invisibles, sin esperanza.

Así que me vais a permitir que el día del Madrid World Pride sienta ese orgullo ajeno como mío. El Madrid World Pride, aparte de juerga, gasto, turismo, sudor y carrozas, va a ser un mensaje de esperanza para todas las personas que ni siquiera se pueden permitir soñar con un país así. Así que el orgullo es nuestro. De todos. ¡Para una cosa de la que un español puede vanagloriarse!

España is not Spain

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