Toros de la Feria de San Isidro: el problema fueron los de La Quinta… la quinta columna

El joven Javier Jiménez ha saludado la única ovación del festejo inaugural de la feria, una tarde agria marcada por el áspero juego de los de La Quinta y por el percance sufrido por David Galván

Foto: El diestro David Galván, durante el primer festejo de la feria de San Isidro. (EFE)
El diestro David Galván, durante el primer festejo de la feria de San Isidro. (EFE)

Plaza de toros de Las Ventas, 11 de mayo de 2017
1ª de Feria. Alrededor de media plaza en tarde desapacible, con una fuerte tormenta justo al inicio del paseíllo. Mucho viento a partir del segundo toro y mucho frío a partir del cuarto. Seis toros de La Quinta (procedencia, Santa Coloma) de entre 481 y 539 kilos, todos de más de cinco años y medio. Bien presentados y muy serios por delante, casi todos cárdenos y bien hechos excepto el lidiado sexto, negro, de más pitones y peores hechuras.

Alberto Aguilar, de azul turquesa y oro. Silencio, silencio tras aviso y silencio tras aviso.

David Galván, de azul marino y oro, cogido en su primero. Sufre un fuerte puntazo corrido en la cara externa del muslo izquierdo, conmoción y traumatismo con posible fractura de codo que le impide continuar la lidia.

Javier Jiménez, de azul pavo y oro. Silencio tras aviso, fuerte ovación y silencio tras dos avisos.

Madrid, uno de toros de 2017. Fecha para la historia de Plaza Uno, el primero de este imaginario mes de 32 días que arranca hoy y cuya organización, después de 12 años, cambia de manos en busca de recuperar su esplendor, su arraigo y su por qué sí o su por qué no en este siglo y este mundo… que en esas parece andar la Fiesta.

¿Por qué no?, imagino que pensaría la empresa. ¿Por qué no arrancar con una ganadería tan del gusto de la afición de Madrid por su procedencia y sus toros de éxito? Y tras el rodaje que suponen los festejos previos a San Isidro y el buen comportamiento de todas las modernas piezas implantadas en la nueva maquinaria de Las Ventas, no dudaron en meter directamente La Quinta para empezar acelerando a fondo este su primer San Isidro.

Los diestros David Galván, Alberto Aguilar y Javier Jiménez salen al ruedo. (EFE)
Los diestros David Galván, Alberto Aguilar y Javier Jiménez salen al ruedo. (EFE)

No ha acompañado el tiempo en esta primera convocatoria. San Isidro ha parecido este jueves más preocupado por los campos que por los tendidos, y con puntualidad taurina y precisión milimétrica ha enviado un aguacero que ha hecho pensar a muchos que este mes de toros empezaría con un día de retraso. Pero igual que vino por influencia divina, paró a la órdenes mundanas del presidente: cesó el agua al sacar su pañuelo ordenando el paseíllo. Pudo ser al revés y que lo sacara nada más terminar la tromba de agua. No lo puedo confirmar, ya que en ese momento no había nadie en los tendidos, de tal 'calado' fue el chaparrón primaveral. Estábamos todos al refugio de pasillos, gradas y andanadas desde donde la visibilidad disponible no nos permite ser contundentes a la hora de ordenar los factores lluvia, pañuelo y paseíllo.

En cualquier caso, rompieron plaza y feria tres toreros prometedores, de éxito reciente los tres en esta plaza, de concepción variada y complementaria del toreo que conformaban un cartel más que atractivo, ilusionante. El problema fueron los de La Quinta… los de la quinta columna.

La quinta columna viene a ser el ejército infiltrado en la zona enemiga. Los nacionales del Madrid republicano o la resistencia francesa frente a los nazis en la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo. Ese grupo de desleales a su entorno y deseosos de colaborar de distintas formas con el enemigo que este jueves han conformado los bonitos toros de La Quinta.

El diestro David Galván es trasladado tras ser cogido. (EFE)
El diestro David Galván es trasladado tras ser cogido. (EFE)

Esos toros Santacolomeños tan diferentes y reconocibles, terciados en otras épocas y hoy crecidos aunque no exagerados, con sus hocicos de rata, su cabeza alargada y estrecha de sienes, degollados (sin papada) sin mucho morrillo y que en el caso de los de La Quinta han conseguido desarrollar además serias encornaduras de sobra suficientes para impresionar al público de Madrid, aunque eso les haya supuesto perder la precisión de antaño, que era lo que de verdad metía miedo a los toreros.

Esos toros que parecían, vistas sus hechuras, tan por la labor de colaborar en el éxito de la primera de la feria han resultado ser quintacolumnistas. Han dado al traste con cualquier posibilidad de éxito de los toreros, se han apuntado el primer herido del ciclo, y han hecho sonar hasta cinco avisos como para dar publicidad a su condición de no colaboradores con el 'statu quo' que este jueves debía haberse conseguido en proporción a la tremenda ilusión de la nueva empresa.

El diestro Alberto Aguilar, con su segundo. (EFE)
El diestro Alberto Aguilar, con su segundo. (EFE)

La lesión después de la impresionante voltereta sufrida por David Galván, al que se llevaron sin sentido a la enfermería, convirtió en un mano a mano peculiar el festejo, teniendo que matar los dos últimos toros seguidos Javier Jiménez.

Alberto Aguilar luchó contra los infiltrados con torería, valor y muy buena mano izquierda, dicho sea en el sentido literal del término, ya que consiguió excelentes naturales a toros, a ratos descastados, a ratos peligrosos y a ratos abstraídos de su misión de embestir entregados. Con aplomo asumió el percance de su compañero y pudo matar rápidamente al de peores intenciones de la corrida, que no se dejó pegar ni un solo pase, ni por David ni por Alberto.

Solo el quinto de La Quinta, valga la redundancia ordinal, pareció tener tentaciones de abandonar su poco disimulada traición de los primeros tercios embistiendo de repente a la muleta de Jiménez durante varias tandas que tuvieron transmisión, profundidad y ritmo, pero que se disiparon a pesar de la estocada por las últimas arrancadas típicamente despistadas del encaste Santa Coloma. El sexto fue un mal toro al que le costó matar, ya con la tarde gélida y cuesta abajo.

No sé si la certeza de mejor clima, la evidente disposición de los toreros o la esperanza de haber abatido este jueves a todos los enemigos internos explican el buen ambiente del final de este festejo, quizá fuera el esperado reencuentro de compañeros, pero la sensación que queda es que este mes, el de los toros, va a ser de los meses buenos…

Feria de San Isidro

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