Toros de la Feria de San Isidro: los sobreros

Ser sobrero debe ser una condición cotizada dependiendo de los sectores a los que te dediques

Foto: El diestro Alejandro Talavante en la faena a su primero durante la tradicional Corrida de la Prensa. (EFE)
El diestro Alejandro Talavante en la faena a su primero durante la tradicional Corrida de la Prensa. (EFE)

Plaza de toros de las Ventas, 19 de mayo de 2017.
9º de Feria. Corrida de la Prensa. Lleno de no hay billetes en tarde muy agradable de buena temperatura, aunque con viento molesto para la lidia.

Seis toros de el Puerto de San Lorenzo de entre 504 y 563 kilos. Bien presentados, en tipo, aunque con menos presencia que en otras ocasiones. Algunos ligeramente protestados. Lidiado en primer lugar un sobrero de Buenavista alto y serio y en quinto lugar uno de conde de Mayalde de 577 kilos después de la devolución del segundo sobrero de Torrealta.

Sebastián Castella de lila y oro. Ovación tras dos avisos y silencio con algunos aplausos.

Alejandro Talavante de negro y oro. Silencio y oreja.

Javier Jiménez de burdeos y oro. Silencio y cogido en el sexto. Sufre cornada en tercio superior de la cara interna del muslo derecho con dos trayectorias, hacia arriba de 20 centímetros y hacia abajo de 15 centímetros, produciendo destrozos en músculos vasto interno y aductor. Es intervenido quirúrgicamente en la enfermería y trasladado al Hospital San Francisco de Asís.

Seamos realistas, es un oficio al alza. Basta sufrir las noticias, aguantar los informativos radiofónicos o soportar el telediario. Parecen legiones los jóvenes y bien formados profesionales y los maduritos y hábilmente reciclados trabajadores que han llegado a vivir de llevar sobres. Ser sobrero debe ser una condición cotizada dependiendo de los sectores a los que te dediques. Especialmente valorados parecen haber resultados los relativos a la administración, la política, los sindicatos, el deporte, el urbanismo, las subvenciones, la ópera, el futbol, la formación… de hecho parece un oficio muy valorado en todos los sectores.

Si tuviera que nombrar un sector en el que no lo son tanto ese sería el taurino. Ser sobrero es condición de secundario. Se juntan por la mañana apoderados, veterinarios, banderilleros y presidente con la obligación de descartar por su apariencia física a dos de los ocho toros seleccionados para la corrida del día y, aunque a veces el debate resulta encendido, llegan sin piedad y siempre antes de las doce a la conclusión de excluir a los más feos. Que no se enteren los animalistas más radicales que empezaran por denunciar las discriminaciones que sufren los pobres toros por su apariencia, su color, su procedencia o la de sus padres…

El diestro Javier Jiménez brinda su primer toro al rey emérito Juan Carlos. (EFE)
El diestro Javier Jiménez brinda su primer toro al rey emérito Juan Carlos. (EFE)

No son valorados pero resultan reglamentarios y en tardes como las de hoy verdaderamente imprescindibles. También como los sobreros, de sobre, parece que nada se pudiera hacer sin su concurso… en los concursos…

Hoy han resultado especialmente importantes. Los toros del Puerto de San Lorenzo han resultado decepcionantes vistas las expectativas que habían despertado tras las corridas lidiadas la pasada temporada. Al rescate han tenido que venir sucesivamente un toro de Buenavista, un toro de Torrealta y otro más del Conde de Mayalde. El de Torrealta totalmente disconforme con su papel secundario se ha borrado del espectáculo nada más aparecer. Pareciera que hubiera estado tres días o más en huelga de hambre como señal de protesta y su manifiesta debilidad le ha hecho volver a los corrales sin contraprestación ni reconocimiento. De esos sobreros malos, arrepentidos o disconformes también hablan mucho en las noticias, me temo.

Sebastián Castella en la faena a su primero. (EFE)
Sebastián Castella en la faena a su primero. (EFE)

El primer sobrero de Buenavista, serio, alto y con trapío, embistió con alegría la muleta de Castella que lo toreó de mil maneras con gusto, ritmo y distancias. Todas las distancias. La larga primero para responder a la humillada embestida del toro y la muy corta al final para demostrar el dominio del torero. Buena faena con ese Castella ensimismado que tan bien y tan despreocupado del público torea. Faena larga que provoca dos avisos entrando una sola vez a matar y que tras un descabello es premiada con una sonora ovación que podía haber sido perfectamente una oreja.

En su segundo toro menú variado: voluntad con enganchones, valor a baja temperatura con guarnición de reducción de casta y salsa espesa de demasiados pases. Solo los más 'foodies' aplaudieron al francés. El segundo sobrero, sin vocación como dije, no merece más comentario que el de que haya colaborado, por comparación, a poner en valor la presencia del tercer sobrero. Un toro hondo, ancho, serio y cuajado que destacó sobremanera tras el de Torrealta.

Salió el de Conde de Mayalde serio en su comportamiento desde el principio. Como Talavante, al que se le ha visto centrado, tranquilo, responsabilizado y consciente de su entrega toda la tarde. Alejandro vio rápido que el sobrero era de izquierdas en este caso y, tras el primer muletazo de tanteo, le puso la muleta al natural con tanto desparpajo como poco temple. Fue lo único feo de una gran faena de menos a más, como piden los triunfos de Madrid. Se acopló en la siguiente y remató unos extraordinarios naturales en las dos posteriores dejando una sensación en los tendidos de ese toreo del bueno que empezaba a necesitarse. Buena y ligada tanda con la mano derecha, abriendo el compás y rematando con garbo. Una gran estocada, algo baja por ponerle algún pero, precedió y consolidó una oreja ganada con fuerza y premiada con gusto por toda la afición de Madrid. Ver al maestro Curro Vázquez aplaudiendo a Talavante en la jaleada vuelta al ruedo alejó de mí las dudas de que se hubiera podido escapar la primera puerta grande.

El diestro Javier Jiménez es cogido por su segundo. (EFE)
El diestro Javier Jiménez es cogido por su segundo. (EFE)

Javier Jiménez afrontaba un serio compromiso y no tuvo la suerte de disfrutar de un sobrero. Lo que si sobró fue la cornada. Una cornada fuerte, seca y que pudo resultar mucho más trágica si liga alguna vena. Torear entregado y con ansia de triunfo es lo que tiene. Ojalá reciba durante su convalecencia un sobre que contenga un buen contrato para su reaparición en las Ventas, como aficionado que se queda con ganas de verle sería un honor hacerle de sobrero.

Feria de San Isidro

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